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3964 Words
—Así se agarra a una mujer Yosem. —Si profesora. La cintura de Indira era suave y cálida, y el vestido era tan fino que podía dejar sentirla a la perfección. Indira ahora puso sus manos en su nuca, mientras le miraba fijamente a los ojos. —Mueve tus pies con suavidad y sigue mi ritmo.—Ordeno ella con gran concentración. Cada suspiro cálido hacia que Indira se volviera una hiena hambrienta de sexo, o no. Una hiena hambrienta de él. La vista de Yosem era perfecta, los hombros pálidos de Indira brillaban con la luz, sus ojos también brillaban, eran miel avellana que podía poner loco a cualquiera, no quería ver ojos grises, ni verdes, ni menos azules, eran esos ojos los que lo volvían loco. Ella puso sus piernas un poco más cerca de las de Yosem, pudiendo sentir aquel fémur tan poderoso, esas piernas la volvían loca, ¿Cómo sería tenerlas en medio de las suyas o aferrabas? Se sonrojaba con solo pensarlo. Rápidamente pudo sentir aquella espalda que seguramente cargaban cosas muy pesadas, porque estaban como las de Kratos, era imposible que alguna mujer que tuviera vista se pudiera contener a aquello que tenía enfrente. El único problema era su edad, pero al final que importaba, la edad  solo era un número. Claro y la cárcel solo una habitación. Pero era mayor eso ya no influía. ¿Se quedaba con la moral o desvirgaba a un chico que estaba como el queso? ¿La moral o el deseo? Ella empezó a mover su cintura de manera sensual. Intentaba arregostar sus pechos contra los de él, quería sentirlo, si no podía tenerlo en la cama. Entonces le haría el amor con ropa. Yosem no podía procesar todo lo que le estaba pasando, una bella profesora que era una de las mentes más brillantes de su época estaba bailando con él. Pero la vida también tenía su pisca de incierta, tal vez eran las cervezas que le habían afectado un poco. Pero prefería disfrutar con aquel momento, disfrutar de aquel aroma embriagador que desprendía su cabello y cada parte de su cuerpo. Quería bajar un poco sus manos y llegar a su trasero quería sentirlo un poco, pero también en su cintura estaba bien, el calor era agradable. Pero tampoco controlaba al lobo que tenía dentro, quería arrancarle el vestido y besar aquellos pechos grandes, saber el color de sus pezones y ver como seria aquella piel más íntima, deseaba verla mientras la penetraba y se llenaba de gozo al sentir su humedad estrecha y calorosa. Mordía su lengua para no perder más el control ya estaba loco. Indira movía más suavemente sus caderas y la hacía chocar con sus piernas, sintiendo aquel m*****o tan duro y de buen tamaño. Se despegaban solamente para ir dar alguna vuelta, Yosem no aguanto más y bajo con su boca hasta su cuello y le brindo un mordisco en aquella suave y aterciopelada piel que casi pudo saborear, succiono y lamio a placer hasta que quedo sin aire. Ella le miro con los ojos entre lágrimas. —Tenía ganas de comerte. Lo siento pro… Indira. —Sabes que Yosem, para que mentirte a ti y a mí, también quiero comerte. Esas palabras hicieron que se retorciera hasta la última célula de su cuerpo. Ella ladeo la cabeza y le susurro unas palabras al oído. El sudor en su cara hacia verla más apetecible que cualquiera, quería comérsela allí mismo, y montárselo en alguna mesa del bar. Pero ella era una señorita decente, no podía hacer eso. —¿Sabes besar? —Ni que fuera tan santurrón.—Indira rio malévolamente. Enseguida Yosem acaricio los labios tan bellos de su profesora reclinándose un poco, ellos rebotaban con cualquier movimiento y quería dejarlos aún más hinchados de mordisquearlos y besarlos. Quería que sintiera dolor y también placer. Dejando de lado sus manos utilizo la lengua para pedir permiso y entrar en su boca. Tomo posesión de ella desde el paladar hasta sus labios, que no los quería compartir con nadie. Al apartarse de sus labios cogió una gran bocanada de aire, tan grande que se confundió con un gemido. Estaba al borde ambos no podían contenerse. El dolor emergía desde su entre pierna. —Sí que besas bien. Estoy complacida. —Me alegra profesora. Inmediatamente Yosem con ayuda de la música hizo girar el cuerpo de Indira y recostó su espalda contra su pecho, pego sus caderas a su pelvis y sus piernas con las de ella, mientras que paso sus manos desde sus pechos hasta sus muslos, frotándolos lentamente. Eso encendió la lujuria de la chica. Ya no aguantaba más esas manos las quería tener en su sexo, dándola placer. —Yosem parece muy experto para ser virgen. —Ser virgen no significa que no sepas cosas.—El mordió su clavícula. Rápidamente ambos volvieron a la posición inicial porque solo Dios sabe en qué iba a parar, Yosem ahora respiraba más trabajosamente y los besos se podían intercambiar a cada rato, la música cambiaba y ellos cambiaban de ritmo, sintiéndose, amándose, conociéndose, trascendiendo. —Yosem cuéntame de tu vida. ¿Cómo llegaste a trabajar aquí? —Asuntos familiares. —¿Importantes? —Algo. —Eso no es una respuesta solida—Ella resoplo. —Lo sé, pero creo que mejor solucionemos aquello que sienten nuestros cuerpos primeramente, porque no creo que sea capaz de aguantar oliendo tú aroma. Ella se puso roja y fue la primera vez que lo hizo en toda la noche. —¿Cómo vamos a solucionarlo? —Solo tú sabes —¿Por qué no has tenido una novia de tu edad? —No lo sé… —Tampoco era una respuesta solida.—ella rio. Yosem se debatía entre inefables sentimientos, pero… todos indicaban lo mismo. —Indira, como profesora hágame un favor.—El cogió su mandíbula delicadamente y subió su rostro hasta que sus miradas se conectaron— hazme el amor. Las palabras que utilizo Yosem le partieron el corazón a Indira, ¿Cómo se podía evitar a esa petición? Le estaba rogando básicamente, le estaba yendo mal, sus ojos brillosos y dilatados, tan profundos y oscuros, decían a gritos que lo hicieran, estaban a punto de llorar. Su cuerpo tampoco podía negarse, ni el de ella, ni el de él. —Si Yosem. Te hare el amor. Pero no aquí, no.—Indira cerro los ojos y beso apasionadamente a Yosem. —Obviamente profesora. Ambos rieron y terminaron de bailar aunque eso significaba sacrilegio, nadie podía cansarse de bailar, con una mujer tan sensual y hermosa como lo era Indira. Yosem Maldijo el día en que nació. ¿Porque no era unos años más viejo? serian la pareja perfecta.                               Yacían acostados en la cama, aún tenían ropa, los sentimientos recíprocos aumentaban su deleite con cada beso que proporcionaban sus incansables bocas. Yosem aún no podía creer que estaba sintiendo el cuerpo de su bella profesora que apenas la conoció esta mañana. Pero era una de las cosas más hermosas que había vivido en toda su vida, el acariciaba el abdomen de Indira, podía escabullirse por su espalda, la ropa ya estaba siendo algo incómoda para la ocasión, solo quería sentir aquel cuerpo encima del suyo o debajo. Yosem no encontraba por donde devorarla, solo el deseo lo consumía, quería subir hasta aquellos pechos generosos, aunque nunca había tenido un acto s****l tan como el que estaba presenciando ahora, siempre soñaba con las sabanas entre sus piernas y la ropa tirada en el piso. Una chica de veintiocho años, casi diez años mayor que él, lo estaba desvirgando, y lo estaba haciendo con tanta pasión y placer, que en su momento pensó que la edad no era una barrera, se sentía como un chico de veintiocho, Yosem la beso apasionadamente mientras bajaba un poco más sus manos hasta llegar a su cintura. Cuando estuvo más debajo de su vientre entonces dio un apretón a aquellas piernas tonificadas, su cuerpo ardía de deseo, Indira no podía resistir el tacto de aquellos dedos tan rígidos y templados, quería tenerlos en su entrepierna dándole calor, porque la noche estaba siendo muy fría. Ella apoyo sus dedos en el pecho duro de Yosem y lo acaricio un poco para reconfortarlo. Las manos de Yosem estaban un poco dudosas, aunque no podía permitirse hacerlo mal, estaba complaciendo a una profesional como lo era Indira. Por suerte ella no se dio cuenta,  disfrutaba mucho, la bella cara desfigurada por cada jadeo le pareció tan preciosa que lo hacía poner duro como una roca, tan duro que estaba por explotar, la única mujer que lo ponía así era esa infame profesora. —Yosem hay velas en un cajón si quieras prende algunas.—Espeto ella. —¿Velas? —¿No querías que fuera especial? —Ya es muy especial con solo tenerte, para que voy a pedir más.  A Indira le fascinaron aquellas palabras, tenía que admitir que el muchacho sabía  tratar a una mujer, casi sonrojándose, Indira volvió a besarlo ardientemente, hasta que cada célula de su cuerpo despertara, y hasta el animal más licántropo dentro de su cuerpo despertó. —¿Yosem porque eres virgen? —¿Es impórtate para ti saberlo? Indira sabía que era una pregunta muy profunda y que conllevaba tiempo para conocer la respuesta, y hoy no tenía nada de tiempo, solo quería hacerle el amor una mil veces antes de que llegara la mañana y tuvieran que encontrarse otra vez en la escuela. —No importa hazme el amor. Soy toda tuya. —Y yo todo tuyo. Yosem le planto otro beso, no se cansaba de sentir a esos labios húmedos y suaves en su boca, y ahora moría por sentir aquellos pechos tan esponjosos y generosos,  quería consumirla toda como si fuera un cigarrillo de aquellos que sabían a menta, refrescantes pero cálidos. Desde luego el estudiante tomo su espalda y empujo el cuerpo de Indira hacia el suyo, dejándola tan cerca que pudo sentir aquellas gran erección, Indira al sentirla con sus piernas desnudas, respingo y casi gimió, ese chico no tenía nada que envidiarle a nadie. Hoy sería un día para guardar en el jardín de los secretos. Era una noche perfecta, el brillo de los ojos de su bella profesora, recuerdos de un baile que le hizo arder hasta la última parte de su cuerpo. Las estrellas como perfecta luminiscencia en el cielo nocturno, y un viaje a la luna sin cohete alguno. Iba a las nubes solo con placer puro. Yosem se hartó de esperar tanto, el dolor que desprendía su entre pierna no lo dejaba actuar con cordura, ¿pero quién lo haría en ese punto? Bajo los pequeños tirantes del vestido, ella rio un poco, entonces al ver que no traía un brasiers quedo con la boca en blanco. —¿Siempre vas así?  —¡Vamos Yosem! Estaba apurada esta mañana.—Ella gimió al sentir las manos de Yosem acariciando sus pechos. Los pezones duros y rígidos ya se dejaban ver, Yosem quería lamerlos, había visto muchas películas en donde el protagonista hacia que la chica tuviera un orgasmo solo con lamer sus pezones, pero, no sabía su chuparlos un poco o hacer círculos con la lengua. Aunque solo harían lo que sus intentos animales sacaran de sí. Indira gimió un poco, estaba caliente con aquellas manos acariciando su piel aterciopelada y desnuda. Posiblemente era lo mejor que había sentido en su vida, porque ningún chico del campus podía igualarse a Yosem. ¿Qué tenía ese chico? Que tenía ese hombre que la sacaba de sus cabales hasta el punto de tener que llevárselo a la cama. Ósea él era virgen, y ella una mujer que ya estaba muy hecha y derecha, esta saldría mal, pero tampoco quería apartarse de Yosem, quería sentirlo debajo de ella, y también quería sentirlo escabullirse por su cuerpo con aquellos dedos de motorista. —Libérate más, tranquilo—Indira como adivinando el nerviosismo de Yosem tomo su rostros con las manos y conectaron sus miradas— no importa si fallas, lo intentaras de nuevo, tenemos toda la noche para intentarlo… La voz tan adictiva de su profesora lo hacía trasportarse a un lugar en donde solo existían ellos dos, sin importar nada más, la amaba fervientemente, su cara, su tez pálida y roja, aquellos ojos claros y brillantes, su ternura, todo aquellos contagiaba el espíritu de Yosem, una mujer tan excepcional que se le estaba entregando, ¿Por qué? Nadie en su vida quería siquiera hablarle, entonces ¿ella porque quería hacerle el amor? Solo era un mal estudiante de clases, para una de las mentes más ilustres del país. Yosem sentía inseguridad. Pero sus encantos, eran devastadores y no le dejaban pensar bien, y en su estado, pensar tampoco es que pudiera. Cogió una de sus piernas y la puso encima de la suya, aquellas tonificadas piernas estaban más que suaves, eran tan cálidas y perfectamente cilíndricas con las que podía jugar eternamente sin cansarse, la acaricio tan rápido que pensó que era una eternidad. Indira sabía que Yosem estaba haciendo las cosas con apuros, y alguien que le hiciera el amor rápidamente, no le gustaba para nada. Tenía que enseñarlo a hacerlo también, era su profesora tenía que enseñarlo. Tenía que poner toda la paciencia del mundo para tratarlo, aun podía ver el brillo de sus ojos, la ilusión estaba dentro de él, eso hacia retorcer el corazón blindado de la chica. —Yosem déjame enseñarte. Indira tomo la contra parte de la mano del chico. —A una mujer se le acaricia así… La maestra con avidez deslizo su manos por las piernas, desde sus rodillas hasta descansar en su trasero, lo hacía lentamente disfrutando de las manos cálidas del chico, unas manos de un hombre romántico como él.  Su respiración se volvió más compleja, trabajosa, dificultosa. Cual ninfa con algún guerrero valiente, ella se sentía protegida, quería, deseada y femenina. Yosem se excito al ver la vena que brotaba del cuello de su profesora e inevitablemente fue a morderlo con un apetito voraz, ferozmente no dejo no un lugar sin morder y lamer. Esa mujer lo estaba volviendo  loco, ella dejo de enseñarle a tocar, ya lo había aprendido bien, brazadas largas, lentas y suaves sobre sus piernas hasta llegar  a su trasero. Lo había dominado perfectamente.  No buscaban una salida, solo querían estar así por el resto de la noche. —Yosem no hay pasión sin un coito. —Profesora quiero tenerla un poco más, no cree que es algo apresurado para un coito. —Vale, hazme entonces lo que quieras. Yosem aún estaba vestido, entonces para ayudarlo un poco Indira desabrocho los botones de su pantalón y saco aquella correa tan voluminosa, con dedos agiles se la quitó en menos de un segundo, Yosem sabía que Indira era una mejer conocedora de mundo, hasta cierto punto se sintió opacado, el apenas estaba… sacudió su cabeza y siguió besándola sin cesar, ella pudo bajar los pantalones del chico para encontrarse con unos bóxer de color naranja que le quedaban horrorosos, pero lo que estaba debajo de esos bóxer no le pareció nada desagradable. Rápidamente le dio una caricia rápida al m*****o de Yosem, el sufrió en respingo y arqueo la cintura, esa descarga de placer no se la esperaba. Indira rio maliciosamente. —No es justo—Espeto Yosem. —Vale me contengo. Ella bajo las manos en ofrende de paz y volvió a acostarse de costado, dejando su rostro enfrente de los de Yosem. Pudo admirarlo. —Eres muy guapo Yosem… Esas palabras traspasaron el corazón de Yosem como una daga lo haría en guerra. Y por el brillo de los ojos de Indira, sabía que le estaba contando toda la verdad, no lo estaba tratando de animar, ni de excitar, le estaban diciendo la verdad, le estaba contando las cosas que sus ojos podían percibir, la belleza que nadie había considerado anteriormente, probablemente quedaría en su corazón por el resto de su vida. ¿Cuántos sentimientos estaba sintiendo?  Muchos para contarlos, solo sabía que se sentía amado y querido con aquella profesora delante de él. Sin precedente alguno Yosem bajo hasta sus pechos y los beso tiernamente antes de meterlos en su boca y posteriormente empezar a hacer círculos, Indira gimió de placer, y se arqueo descontroladamente, Indira paso sus manos por encima de la cabeza de Yosem y las aferro a su cabellera, acariciando su pelo oscuro, su melena de pelo que caía hasta más debajo de sus orejas. Que hombre tenía haciéndole el amor. Aun no podía creer que era virgen, aun no podía creer que alguna chica no se enamoraría de alguien tan atractivo, tan bien parecido, y tan viril. Cada succión de sus pechos hacían que sus deseos aumentaran, Indira podía sentir el m*****o tan portentoso de Yosem, rebotando contra su pelvis con cada movimiento, eso la fue excitando más, quería tenerlo adentro, sentirlo, con poder y dureza en su calor y humedad. Yosem siguió haciendo su trabajo sin dejar de tocar como le había enseñado Indira, mientras se concentraba para hacer círculos perfectos podía oler aquel aroma que lo descontrolaba fieramente, su clavícula dejaba caer dos grandes pechos generosos, era un escenario excitante y hermoso, cautivador y furtivo, pero ella aún tenía la mitad del vestido enrollado a su espalda baja, Yosem inmediatamente con sus brazos hizo elevar las piernas de Indira y tiro del vestido, despojándola de toda la ropa. Dejando ver aquellos tangas eróticos que descendían hasta su entre pierna, eran de color rojo intenso, era incitador, y también trasformador, quería quitárselo pero con la boca, el siguió besando los pechos de la chica, sin dejar lugar para la paciencia, la estaba devorando poco a poco, y en cambio, a ella le gustaba como se la estaban comiendo, siendo un figura ilustre y casta, un ejemplo a seguir, no sabía cómo miraría a Yosem en la mañana cuando estuvieran en clase, pero si sabía que lo haría con ternura, y si este encontronazo acababa en algo más que solo una atracción s****l, seguramente estarían en problemas. Los directivos, los padres, la academia, su carrera y honor, todo podía irse a la basura por estar con ese chico, pero haciendo de lado los pensamientos tan inseguros, solo disfruto el momento, pensó que nadie la había devorado, como él quería hacerlo. Y ni siquiera habían comenzado. Rápidamente Yosem mordisqueo el ombligo delicado y bien definido de su profesora, era delicioso y cautivador, era pequeñamente seductor y tierno. Rápidamente siguió colaborando con el placer de la profesora, enseguida se quitó la franela pequeña que aún conservaba, quería sentir el roce de su cuerpo desnudo para ella. cuando Yosem se quitó lo último que los separaba de las desnudez Indira tomo una larga bocanada de aire al contemplar aquel cuerpo que era digno de un soldado romano, estaba tan delicioso como una paleta de chocolate, lo complementaban no seis ni ocho, Diez abdominales que los acompañaban unos oblicuos que cualquier gimnasta envidiaría. ¿Qué hacía para tener aquel cuerpo tan marcado? En el campus nunca vio a nadie que tuviera tanta masculinidad. Tanto poder, tanto sexappel, tanta pasión. Ella estaba al límite, su entre pierna estaba completamente mojada, estaba al límite. Como podía parar de hacer aquellas cosas tan placenteras con un hombre tan bestia como lo era Yosem. Rápidamente ella abrió las piernas, era una señal, que aunque Yosem no entendía ella indicaba. —Yosem ya… es hora de lo demás.—Gimoteo débilmente. Indira bajo el bóxer de Yosem hasta quitarlo completamente y luego apretó una de las dos nalgas morenas que tenía allí, clavo sus uñas hasta complacerse  y tomo su m*****o. Yosem gruño y jadeo. —¿te lastime?—Ella se sentía preocupada por su interlocutor, tenía que ser bonito para los dos, no solo para ella. Tenía que tener consideración de que Yosem aún no había tenido nunca un coito. —No sigue. Los dientes apretados y la vena marcada en el cuello de Yosem indicaban lo contrario, entonces ella hizo lo suyo más suavemente. Cuando vio que estaba completamente mojado. Entonces ella paro y se dirigió a Yosem. —¿Cómo quieres que sea? —Como tú quieras.—Respondió el sudado. Ella si sintió satisfacción. Entonces se acostó de espaldas a la cama, y dejo que él se quedara encima de ella, era la posición más básica, era la posición más frecuente, pero también la más seductora, desde allí podía ver todo su cuerpo, desde sus ojos hasta sus piernas. Ella rápidamente se quitó su tanga y la arrojo a una esquina del cuarto, ahora nada más que el hombre que tenía en frente le importaba. —Yosem no te apures, lo harás lentamente a tu ritmo, recuerda que tenemos toda la noche sí. —Si profesora me puede enseñar lo que quiera. —Yes… Acto seguido Yosem tomo a su m*****o entre sus manos para deslizarlo un poco entre la entrepierna de la profesora, ella gimió un poco. Aunque quería tocarla más, ella también necesitaba satisfacción, debía estar al borde, el ya había tenido mucho de ella y estaría agradecido por el resto de su vida, era su deber devolverle todo lo que le había hecho sentir, era la única forma de pagárselo. Tras tomar una bocanada de aire, miro a Indira directamente a los ojos, se veía tan satisfecha, tan contenta, tan bella, que se le tenso a un más. —¿No cerraras los ojos? —¿Para qué? No quiero perderme, tu expresión al estar dentro de mí. El corazón de Yosem latió aún más descontroladamente, y se hundió sin más palabreo. Al sentirlo dentro, Indira se arqueo, de cintura, y Yosem tomo sus pechos entre sus manos, nunca separaron sus miradas, estaban conectados en cuerpo y alma, creando un ambiente íntimo y excitante. Indira gomia descontroladamente, casi gritaba cada vez que el daba una envestida, Yosem no había sentido nada parecido a ella en el mundo. Caliente, húmedo, estrecho, pero deleitante, ¿por eso era que la gente mataba? Ahora nunca se le olvidaría cual era la primera mujer que estaba en su vida. Y mucho menos aquella ninfa tan sensual que lo había desvirgado, aun sentía un chisporroteo en su corazón. Ella era la más bella de todas. Su cara desfigurada de placer y sus gemidos eran casi música para los oídos de Yosem. Así siguieron hasta que llegaron al clímax, el primer orgasmo de su vida, no supo que hacer, solo retorcerse de placer, y tratar de respirar. Ella también tuvo un orgasmo. Acto seguido Yosem se corrió dentro de Indira, y ella se llenó de felicidad, dos embestidas más tarde, ella también se corrió, y se derrumbaron sobre la cama, ella movía sus caderas para terminar la descarga de felicidad contenida. Se abrazaron apasionadamente sin querer separarse, era tan conmovedor y seductor que Indira dejo caer una lágrima de gozo desde sus ojos. —¡Fue increíble!—Gimoteo Yosem. —Para ser primerizo no eres tan malo. —Usted es toda una profesional.—Ella rio. —Durmamos un poco. —Si estoy cansado. —¿No tienes que volver a casa? —Vivo solo. —¿Qué? —Sí. —¿Cómo? —Podemos hablar mañana de eso. —Vale. Brindándole una sonrisa ella puso sus caderas sobre la piernas de Yosem y paso una sábana por encima de sus cuerpos, le beso tiernamente en la frente y entrelazaron los dedos, ninguno decía nada, solo se miraban, se contemplaban, se deleitaban con la presencia del contrario. Paso lo peor del mundo. Se amaban recíprocamente.        
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