¿Vamos a una gran ciudad? Una vez más pregunto Hilary, ella intentaba descubrir su destino.
No, Andrey ni la miró al contestar. ¿Vamos a la playa? Déjalo suspiró Andrey. No voy a decírtelo. Sí, vamos a la playa. O habrías dicho que no.
Andrey detuvo el coche ante el hangar, puso la mano en el claxon y emitió dos bocinazos cortos y uno largo. Un momento después, una puerta metálica se alzó, descubriendo un resplandeciente jet blanco. Andrey entró en el hangar y aparcó el coche al fondo. Apagó el motor del carro, pero dejó la llave puesta en el contacto.
Vamos dijo con una sonrisa traviesa. Estaba disfrutando torturándola con la sorpresa. Salieron del coche y Andrey abrió el maletero. En vez de sacar las maletas, la agarró del brazo y la condujo hacia el jet.
¿Dónde están todos los empleados?
Escondiéndose hasta que subamos al avión.
¿Por qué?
Porque les pago para que lo hagan, por supuesto dijo Andrey con expresión divertida. Tenía sentido. Teniendo el dinero que tenía, Andrey podía hacer lo que le diera la gana. A ella le resultaba muy fácil mirarlo y no ver las cicatrices, pero el resto del mundo las veía. Andrey seguía viviendo su vida a la sombra. Subieron la escalerilla y entraron al avión.
El cartel no había mentido. Era un jet de lujo. Ella nunca había visto nada igual. Tenía moqueta gris y sillones enfrentados con mesitas de caoba entre medias. En una pared había una enorme televisión. Había minibar, un sofá, una mesa de comedor y una cama enorme en una habitación situada tras la televisión. En la mesa esperaba una botella de champán dentro de un cubilete lleno de hielo.
Esto sí que es una sorpresa dijo Hilary no tengo palabras. Para ella, volar en primera clase era el colmo del lujo.
Andrey cerró una cortina que los aisló de la parte delantera del avión. Hilary se acomodó en uno de los asientos de cuero cuando los motores del avión empezaron a rugir.
Aquí tienes Andrey se sentó a su lado con dos copas de champán y le ofreció una.
Hilary aceptó la suya y tomó un sorbo. Las burbujas doradas explotaron en su lengua con un sabor seco y seductor. Era champán del bueno. Nada que ver con el vino espumoso que ella compraba en el supermercado para Nochevieja.
Hora de abrocharse el cinturón dijo Andrey. El avión empezó a moverse por el diminuto aeropuerto. Hilary estaba atónita.
Buenos días, señor Vianna, dijo una voz masculina por el altavoz. Quiero darles la bienvenida a usted y a la señorita Rossy. Soy su piloto, Anthony Biondy, y mi copiloto es Laureano D’Angelo en la lista de despegue. Nuestro vuelo de hoy tendrá cuatro horas de duración, con cielo despejado. Un desayuno almuerzo les espera en la zona comedor. Cuando alcancemos la altura de crucero, la señal de precaución se apagará y podrán moverse por la cabina. Disfruten del vuelo.
Hilary tomó otro sorbo de champán y parpadeó.
¿Es así como sueles viajar? Ni siquiera me imagino esto como opción de vida.
Si está demasiado lejos para ir en coche, sí. Tengo un contrato con esta empresa y saben cómo me gustan las cosas.
Esto es fantástico dijo, minutos después, cuando miró por la ventanilla y solo vio el mar.
Me alegra que te lo parezca. Pero aún no has visto nada. Hilary sonrió y se hundió en el cómodo asiento de cuero, pensando que podría quedarse dormida allí mismo. Para cuando se apagó la luz que exigía llevar puesto el cinturón de seguridad, había terminado su copa de champán y pensaba que la vida no podía ser mejor.
Vas a echarme a perder con tanto lujo.
Espero que no hayas desayunado, comentó Andrey, llevando un par de bandejas a
la mesa.
Creo que comeré hasta entrar en coma y luego me tiraré en la cama dijo Hilary,
agarrando la bandeja de panecillos y siguiéndolo.
Me parece un plan excelente–dijo Brody, ofreciéndole una fresa. Sam la mordió
con gusto.
Varias horas después, cerca de la isla Borromeas, Andrey observó a Hilary mirar por la ventanilla mientras llegaban al hangar. Cuando llegaron Hilary se sentía muy emocionada y cada vez le daba la gracias a Andrey un beso muy efusivo.
¿Qué es este sitio?
Es mi refugio. El único lugar del mundo en el que puedo pasear por la playa y nadar en el océano sin que nadie me mire.
¿Eres dueño de esta parte de la isla?
Sí. Me pareció una buena inversión, dado que no puedo ir a ningún otro sitio de
vacaciones. Valla contesto Hilary, Andrey soltó una carcajada y la condujo por un sendero de conchas y piedrecitas.
Abrió la puerta y le hizo un gesto para que entrara. Estaba sobre un acantilado rocoso que subía desde la playa. La pared que daba al océano era de cristal del suelo al techo. Permitía admirar la puesta del sol a diario. Era un paraíso para amantes o para millonarios en busca de soledad.
Ven arriba y te enseñaré lo mejor. Hilary lo siguió por una escalera circular al dormitorio. Sobre la cama había una enorme claraboya cuadrada para dormir bajo las estrellas. Él había pasado muchas noches allí, contándolas en busca del sueño. Después, Andrey la llevó a la terraza, que rodeaba tres partes de la casa. La brisa era fresca allí, sobre todo en invierno, pero la vista era exquisita.
Salió, seguida por Andrey, y se apoyó en la barandilla. Él la rodeó con sus brazos y la
apretó contra él. Contemplaron juntos el océano que se extendía ante ellos.