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2141 Words
Al día siguiente, Hilary se despertó sintiendo un rayo de sol en la cara. Abrió los ojos y se enfrentó a un día glorioso. Giró la cabeza y descubrió que estaba sola en la cama. Por lo visto Andrey, se había levantado ya pasó la mano por el colchón y descubrió que ni siquiera estaba caliente. Llevaba rato levantado. Entonces sus dedos rozaron algo suave, se incorporó y bajó la mirada. Había una rosa a su lado. La agarró y se la llevó a la nariz. Era deliciosa. Toda la noche había sido increíble. Hilary sentía que le dolía algunas partes del cuerpo. Recordando como había sido se ruborizo siempre había sentido desde el primer momento atracción hacia Andrey. Le había preocupado que se repitiera la historia de Richard. Pero no podría haber estado más equivocada, y eso le había excitado muchísimo. La primera vez nunca se olvidaba, y quería ser esa mujer para Andrey. Pero también quería hacerle el amor porque era una forma de compensarlo. No podía liberarlo de su presión. Tal vez no pudiera convertirlo en una persona más abierta y feliz, pero podía darle su cuerpo. Hilary volvió a oler la rosa que le dejó caer en la almohada. Le dolían los músculos y apenas había dormido cinco horas, pero le daba igual. Se sentía demasiado feliz y satisfecha. La primera vez que habían hecho el amor, Hilary había querido dedicársela porque muy amor especial hacia Andrey. Para cuando por fin se habían dormido ella, no había un centímetro de su piel que él no hubiera adorado y satisfecho. Hasta que el la despertó para decirle que el condón se había roto. Una semana antes nadie la habría convencido de que estaría donde se encontraba ese momento. Su irritable y misterioso jefe ocultaba más sorpresas de las que había podido imaginar la primera vez que vio las cámaras de vigilancia.   ¿Hilary? ¿Estás despierta? Antes de que pudiera contestar, Príncipe saltó sobre la cama y le lamió la cara. Andrey lo regañó y lo obligó a bajar de la cama. Sí se sentó, agarrando las sábanas contra el pecho, con cierto pudor. ¿Estabas despierta antes entrar Príncipe? Andrey sonrió.  Si dijo ella. Gracias por la rosa. De nada. Hilary no pudo evitar darse cuenta de lo guapo que estaba Andrey esa mañana. Llevaba un pantalón blanco suelto y una camisa blanca remangada. Ella, en cambio, debía de estar hecha un desastre. Se pasó la mano por los rizos revueltos, aunque sabía que eso no los doblegaría. Por suerte, tenía un cepillo de dientes en el bolso. Siempre llevaba uno. He dejado tu ropa en la silla dijo Andrey señaló una silla tapizada. Toda su ropa estaba allí, perfectamente doblada, con los zapatos debajo. Pensó ella en lo ordenado que era el y como ella había dejado la habitación mientras ayer decía que iba a ponerse. Gracias. Si quieres ducharte, he dejado toallas limpias en el taburete que hay al lado. Estaré abajo. Estaba pensando en preparar el desayuno. ¿Desayuno? si seguro se sonrió. Panecillos tostados dijo él, sonriente. Esa es mi especialidad, llevo al perro dejándola sola. Se levantó y agarró su ropa. La ducha era más grande que todo su cuarto de baño, con azulejos de cristal y brillantes dispositivos cromados. Tardó cinco minutos en descubrir qué controlaba cada uno, pero fue recompensada con un espray de agua caliente que provenía de tres boquillas distintas. Media hora después, bajó la escalera. Limpia pero demasiado elegante para la hora que era. Encontró a Andrey en la cocina, sirviendo dos tazas de café. Lo vio añadir crema y una cucharada de azúcar a su taza antes de dársela. ¿En Internet también pone cómo me gusta el café y él té? le preguntó.             No que yo sepa Andrey se rio. Pero el de la cafetería lo escribe en tu taza cuando la trae. ¡Ah! Hilary tomó un sorbo. ¿No habías dicho algo de unos panecillos? Sí. Hay pan integral, con pasas y canela. Hilary se fijó más en la casa. Un retrato que había en la pared llamó su atención y se detuvo a mirarlo. Había cuatro personas, tres hombres y una mujer. Todos se encontraban en una granja se veía que eran felices, quienes son.  Andrey dijo son mis padres y mis hermanos adoptivos. En el fondo se veía la casa y arboles bajo un cielo azul. Andrey parecía muy cómodo, como si no le importara que le sacaran una foto. Eso le hizo recordar que en ese momento su rostro no era igual, pero igual ella lo quería con o sin cicatrices. Andrey ¿Estás ocupada esta noche? ¿Qué vas a hacer esta noche? No. ¿Por qué? Hilary ya había pasado gran parte del fin de semana con él. No le importaba verlo de nuevo, pero había supuesto que él preferiría algo de tiempo solo.  ¿Piensas cocinar? .Hilary arrugó la nariz.             Oh, no dijo él. Quiero consentirte te lo mereces y necesitamos hablar. Andrey marcó el número de Hilary a las ocho en punto. Le habría gustado recogerla en la puerta de su apartamento, se conformó con esperarla en carro. Hilary llevaba un vestido rosa pálido. Que tenía un solo hombro, era corto. Cuando se sentó, la falda se le subió hasta los muslos, dejando a la vista sus largas piernas.  Hilary, te dije que iba a llevarte a cenar y apareces con un vestido que me hace desear llevarte a casa para desnudarte ahora mismo dijo él con una sonrisa pícara. ¿Te gusta?   Dijo Hilary y sonrió. Es uno de mis favoritos.             Me gusta mucho, pero me gusta más quien lo tiene puesto, comentó él.             Andrey, dijiste que ibas a llevarme a cenar y no vas a echar para atrás además me muero de hambre. Si insistes dijo Andrey, con desgana, arrancó el coche y salió del estacionamiento. ¿Adónde vamos? Dijiste que no salías a cenar por ahí. Y no lo hago él ignoró la primera pregunta. Quería darle una sorpresa. ¿Qué sitio es este?  Le preguntó Hilary. ¿No hay carta ni camareros? Este restaurante es el Panzarotti hace degustaciones privadas. Pequeños grupos vienen aquí a probar la mejor comida de la ciudad. Solo aceptan una reserva por noche. Creo que te gustará. ¿No entrará nadie en la sala? No si quieren recibir mi generosa propina. Solo veremos al chef. Él presenta la comida e informa a los invitados de lo que ha preparado. Me preguntaba cómo ibas a hacer esto.  Hilary sonrió y tomó un sorbo de vino. Pensé en reservar un restaurante entero, pero esto es más íntimo. Andrey le besó el cuello a Hilary. Sin duda, tiene sus ventajas ,suspiró ella. Tardaron casi dos horas en completar la degustación, que fue ensalada caprese, lasaña a la boloñesa, ñoquis, de postre tiramisú. Andrey disfrutó de cada minuto. Le gustaba ver cómo se iluminaba el rostro de Hilary ante cada nuevo plato. Ella había hecho todo lo posible para que la noche fuera especial y nunca podría pagárselo. Pero lo intentaría. Si todo iba bien, tenía una sorpresa muy especial preparada para ella, le preocupaba también si había quedado embarazada, pero era muy pronto para saberlo. Hilary se inclinó para besarlo. Andrey dejó la cuchara de postre y tomó su rostro entre las manos. Le gustaba mucho besar a Hilary. Lo habría hecho durante horas. No sabía si era por la suavidad de sus labios, su dulce sabor o sus gemidos de placer, pero no se cansaba de besarla. ¿Qué pasa? ¿No vas a terminarte el postre? Andrey comentó. Hilary dijo no llevármelo a casa. Hilary no se arrepentía de un solo momento del fin de semana, pero al mismo tiempo, le asustaba el primer día de vuelta en la oficina. Se preguntaba si Andrey se comportaría de forma distinta con ella o, peor aún, si encontraría una razón para reemplazarla ya que había obtenido lo que quería. Seguramente se preocupaba sin razón. El domingo por la mañana habían estado bien. La cena había sido fantástica y el postre aún más. Pero eso no significaba que no fuera a ocurrir algo que lo arruinara todo. Entró en la oficina sin hacer ruido. Las luces estaban encendidas, así que Andrey y estaba allí, pero su puerta estaba cerrada. No tenía sentido andar con cuidado, si Andrey quería saber si había llegado, solo tenía que mirar la pantalla. Fue a su escritorio y encontró una nueva rosa en el jarrón dorado. A pesar de su ansiedad, la rosa le hizo sonreír. Era un gesto dulce y romántico, y saber que Andrey cultivaba las rosas él mismo lo hacía aún más especial. Hilary se sentó tras el escritorio y se puso a trabajar. Cuando pasó una hora sin noticias de Andrey empezó a preocuparse. Había creído que saldría a saludarla. O que le pediría algo. Solía llamarla o enviarle un mensaje. Por fin, sonó un pitido en el ordenador. Era un correo electrónico de Andrey. Le pedía que imprimiera los archivos adjuntos en la impresora de color y se los llevara. Hilary echó un vistazo al mensaje. Era de un tal Paul, que trabajaba en Investigadores Privados Top Secret. La nota era breve. Hola, Andrey. Aquí tienes lo que pediste. Nada que merezca la pena destacar de esta. ¿No me pediste que mirara los antecedentes de una secretaria hace unas semanas? Te duran bien poco, amigo. Espero que esta te vaya mejor. Si necesitas algo más, ponte en contacto conmigo. A Hilary se le encogió el estómago. Adjunto al correo había un informe de antecedentes de una mujer llamada Angelica Bertuchi. A juzgar por el mensaje, esa mujer era su sustituta. A pesar de todo lo que había pasado se sentía que Andrey era igual que Richard un embustero.  Imprimió la información de su sustituta. ¡Ni siquiera se había atrevido a decírselo cara a cara! Fue hacia su despacho, abrió la pesada puerta con tanta fuerza que chocó contra la pared. Andrey se puso en pie, sobresaltado por el ruido. Su sonrisa de bienvenida se transformó en un gesto de preocupación cuando vio la expresión rabia de Hilary. ¿Así pensabas librarte de mí? Andrey vio los documentos y vio la foto de Angelica Bertuchi. No es lo que tú crees dijo Andrey. Te he enviado el mensaje equivocado, explicó Andrey, mirando el monitor. Quería que imprimieras el informe financiero trimestral. Así que vas a reemplazarme, pero no querías que lo supiera aún. Muy bien, me voy renuncio, me utilizaste.  No voy a despedirte ni a reemplazarte. No quiero que te vayas, Hilary. ¿Por qué crees que iba a hacer eso después de lo que ha ocurrido entre nosotros? Hilary le entregó el papel que tenía en la mano: Te duran bien poco, amigo. Espero que esta te vaya mejor». Paul es el tipo que utilizo para investigar antecedentes. Lo contraté para que comprobara los tuyos. Necesitaba información de otra persona y le dije que era otra secretaria. No podía decirle la verdad. ¿Por qué no? Andrey frunció el ceño e inspiró profundamente antes de contestar. Tenía que proteger a mi hermano. ¿Uno de los hermanos que aparecía en esa foto? preguntó ella. Sí. Joseph es congresista. Lleva unas semanas viendo a esa mujer. Empieza a ir en serio con ella. Quería asegurarme de que no había nada en su pasado que pudiera dañar su reputación y sus posibilidades de reelección el año que viene. ¿Solo estabas investigando a la novia de tu hermano?  Hilary se sintió avergonzada. La ira y el dolor que la habían asolado un momento antes desaparecieron, dejándole un vacío en el pecho. Le había montado una escena por nada. Sí. ¿Y no vas a sustituirme? Andrey salió de detrás del escritorio, le quitó los papeles de la mano y la rodeó con los brazos. ¿Cómo iba a hacer eso? –preguntó. Lo siento Hilary suspiró y se acurrucó contra su pecho. Me equivoqué. Bien.   Como esta mi agenda después del miércoles, Hilary contesto hasta el momento nada. Andrey dijo ¿Y qué me dices de ti? ¿Tienes planes, digamos, del miércoles al domingo? Hilary no tenía muchos planes. Los últimos meses en paro habían afectado a su vida social. Incluso a Caroline le costaba hacerla salir de casa. Nada que yo sepa. Perfecto. Quiero que hoy te dediques a despejar mi agenda del miércoles en adelante. Y el miércoles por la mañana quiero que tengas preparada una maleta para pasar fuera un fin de semana largo. Iré a recogerte a tu casa a las ocho. Lleva ropa para tiempo cálido, muy informal, un bañador o dos. Será cuanto necesites. Si depende de mí, estarás desnuda la mayor parte del tiempo. Se inclinó para besarla y regreso al despacho.                    
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