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3884 Words
Tendría que haberle dicho que no. ¿En qué había estado pensando?             Hilary iba un poco murmurando para sí, en el asiento trasero del coche que Andrey había enviado para que la recogiera. El chófer no le prestaba la menor atención. Lo malo era que ya no podía cambiar de opinión. Si le entraba el pánico antes de entrar, le esperaba un largo paseo de vuelta a casa. Por tentador que fuera su guapo, inteligente y rico jefe, era su jefe. Eso no podía acabar bien.             Aun así, Andrey y no se parecía en nada a Richard, Hilary llevaba librando una batalla consigo misma desde que había dejado la oficina el viernes por la noche. Aunque fuera la decisión equivocada, quería la cita.             Quería ver a Andrey lejos de la oficina y sus barreras. Saber cómo era en realidad. Había tardado toda la tarde en que decidir para vestirse. La mitad de su ropa estaba tirada por la cama y el suelo del dormitorio.             Al final, se había decidido por una falda estrecha, color n***o, y un top igualmente n***o. Se había recogido el pelo en la nuca para lucir mejor los brillantes pendientes de oro.             Todo su cuerpo resplandecía. Llevaba su perfume más caro y ropa interior de seda negra. Esa no era la actitud de una mujer que no estuviera interesada en la cita. Había pensado en uno rojo, pero pensó que era demasiado seductor.             El coche entró en una calle residencial, Hilary miró las enormes casas. Eran casi fincas, con suficiente terreno para incluir cincuenta apartamentos como el suyo. Tras una larga hilera de casas, entraron en un largo camino de acceso circular.             Hemos llegado, señora, dijo el chofer.             Ese era el momento que había anhelado y temido todo el día. El corazón sentía que se le salía del pecho, pero tuvo que bajar del automóvil cuando el chófer le abrió la puerta.             Tomó aire, agarró el bolsito y se despidió.             Se paro frente a la residencia de Andrey, admirando los jardines y las luces que rodeaban la casa. No era en absoluto como había esperado, excepto por las diminutas cámaras de seguridad dirigidas hacia la puerta de entrada.             Nada más había dado un paso cuando la puerta se abrió y un enorme perro Golden corrió hacía ella. Hola príncipe dijo Hilary, como a veces lo cuidada su madrina Daniela, el perro la reconoció empezó a ladrar y intento a lamerle la cara, fue porque Andrey, lo llamo ¡Príncipe!             Andrey sonrió y Hilary no pudo evitar sonreír también. Era asombroso lo pronto que había olvidado sus cicatrices. La encantadora sonrisa y los ojos verdes hacían que se volvieran invisibles.             Vamos adentro dijo él.             Hilary aceptó su mano y subieron juntos la escalera que llevaba a la puerta. Se quedó atónita en cuanto entró. El exterior de la casa no era tan sorprendente como el interior. La casa era luminosa y amplia, con suelos de madera claro y con las paredes blancas. En el salón había muebles crema, alfombras mullidas y ventanales de suelo a techo.             ¿Ocurre algo Hilary? Dijo Andrey cuando ella se quedó parada y liberó su mano.             No, es solo que no esperaba esto comento Hilary se sintió culpable por haber pensado que vivía en algún lugar oscuro. Quiero decir que es muy distinto de tu despacho.             Le ayudó a quitarse el abrigo y lo colgó de un perchero de bronce que había a la entrada.             Vamos a la cocina. La cena está casi lista dijo. Me siento más cómodo aquí que en la ciudad. Nadie puede mirar dentro de la casa.             Tampoco pueden ver tu despacho. Podrías pintarlo de color morado con lunares rosas y nadie lo vería. ¿Entra alguien a limpiar alguna vez?             Lo hago yo. No confío en que nadie entre allí.             Mi ama de llaves Saraí se ofreció a hacer la cena, pero le dije que no yo era quien guisara para ti. ¿Guisas a menudo?             La verdad casi nunca dijo Andrey. Saraí me deja la cena hecha a diario.             Pero quería impresionarte y pensé que sería fácil seguir una receta. No puedo llevarte a un restaurante, así que me pareció un detalle bonito. Ahora tendremos que pedir una pizza. No tengo suficientes ingredientes para empezar de nuevo.             Déjame ver en que puedo ayudarte, se quitó el chal y se fue directo al refrigerador donde empezó a sacar cosas y las que no conseguía le preguntaban donde las guardaban se había hecho cargo de la situación. No podía negar que observarla era de lo más excitante.             Andrey le apetecía interrumpir su trabajo y apretarla contra el acero del refrigerador. Quería descubrir qué sentiría al deslizar las manos por las medias de seda que desaparecían bajo su falda.             Pero antes de que pudiera dar ese paso, Hilary se volvió hacia él triunfal, con la cena preparada. Llevó dos platos a la mesa. Había hecho gordon blue y ravioles con una salsa de durazno.             Andrey observó a la Hilary la única mujer que hasta ahora había permitido invadir su santuario. De momento, la cita iba bien. Estaba descubriendo cosas de ella y compartiendo las suyas, Andrey la felicito por haber preparado la comida comentándole que le había gustado mucho.             Vamos a la biblioteca le dijo Andrey a Hilary se sentó en un banco frente a la chimenea con el postre. Andrey se sentó a su lado parecía satisfecho con disfrutar de la tarta y de su compañía.             Dime, Hilary. ¿He hecho algo mal? preguntó Andrey cuando ella tomó el último bocado. ¿Qué te hace pensar que has hecho algo mal? Esto es un territorio nuevo para mi comento Andrey, dejó su cuenco en la mesa y se volvió para mirarla. ¿Es que nunca has seducido a una de tus empleadas? era una pregunta inquisitiva, pero Hilary necesitaba saberlo. Si le hubiera hecho esa pregunta a Richard se habría ahorrado dolor de corazón y muchas horas en la oficina del paro.             Andrey soltó una carcajada. Rio tanto tiempo que Hilary empezó a sentirse irritada. ¡Eh! Te lo pregunto en serio.             Perdóname lo sé, y lo siento. Pero ¿no sabes que desde que creé la empresa solo había visto en persona a Ronaldo, el jefe de seguridad, y a Daniela?             Al oír eso, Hilary tuvo que contener la risa. Ronaldo tenía sesenta años, barba gris y una enorme tripa cervecera. Y su madrina, Daniela, tenía cincuenta y muchos, llevaba casada una eternidad y parecía más una maestra de escuela que el sueño romántico de Andrey.             Ok, te he entendido aceptó ella. Se sentía mejor al saberlo, pero eso no cambiaba las cosas.             ¿Te has acostado alguna vez con tu jefe?  Dijo Andrey le devolvió la pregunta. Hilary se puso seria.             No dijo Hilary el dijo que yo lo había acosado pero la verdad que no tuve relaciones y me arruino la vida y mi carrera.             Andrey suspiró y se recostó en el sofá. Era obvio que no había esperado esa respuesta. Al menos eso no lo había leído al investigarla. Todo el mundo en su oficina sabía la verdad, pero se había mantenido el secreto, seguramente por el bien de Richard. Cuéntame qué ocurrió, pidió él. Era nueva en la empresa. Me contrataron como ayudante del jefe de marketing,             Richard, al comienzo era muy atento y trabajábamos de maravilla. Pero todo bajo un término profesional. Cuando me pidió que lo acompañara en un viaje de negocios, me puse como loca de alegría pensé que iba ser un paso más para mi entrenamiento profesional. No esperaba que ocurriera nada entre nosotros, pero cuando el intento y yo me negué, él me dijo que yo era una mojigata que si decía algo me iba arruinar mi carrera.           Cuando regresamos seguimos trabajando yo desconfiaba de él en unos de esos intentos que estaba por tomarme a la fuerza llego su esposa embarazada que ni yo sabía que tenía y empezó a decirle que yo lo acosaba, empecé a decirle que era un mentiroso, vi como ella se estremecía de dolor, salí corriendo y no regrese más a oficina, esa es toda la verdad. ¿Nadie se dio cuenta de la verdad? Si lo hicieron, les dio igual. Yo era la destroza hogares y acabé en paro y sin cartas de recomendación. Este trabajo es el primero que he podido conseguir. Y estoy segura de que fue gracias a Daniela.             Lo que te ocurrió es terrible. Ese Richard se merecería que lo metiera a la silla eléctrica, o que alguien le diera su merecido.             Deja que te pregunte algo, ¿de verdad crees que me acostaría contigo y te echaría a la calle?             No se dijo Hilary se sonrojó.  Fue una experiencia muy fuerte, Andrey. Soy empleada temporal y es fácil deshacerse de mí. Andrey apoyó la mano en su hombro y lo masajeó suavemente.             Hilary, te juro que no estoy casado. Tampoco tengo novias escondidas por ahí. Estoy más que soltero, no soy un desalmado. Por favor, no pienses ni un segundo que intento utilizar mi posición para presionarte con el fin de que hagas algo que no deseas. No quiero que te sientas incómoda. Ni aquí ni en el trabajo.             Gracias, Hilary sabía que decía la verdad. Lo había sabido desde el principio. Pero temía volver a salir trasquilada.             Por último, quiero que entiendas que no soy la clase de hombre que se acuesta con mujeres sin más. Me gustas, Hilary. Eres guapa, lista y divertida le acarició la mejilla.             Desde el incendio nadie me mira como antes. Fue muy duro acostumbrarme a las miradas y reacciones de la gente.  Cuando murió mi esposa ya nos sentíamos nada y ella estaba enamorada de otro yo estaba a punto de divorciarme, por eso me decidí a crear mi propia empresa y me escondí porque no quería enfrentarme más a eso. Ahora soy yo quien elige apartar a la gente. Pero al cerrar la puerta a lo malo también se la cerré a lo bueno. Me ha costado gran parte de mi vida personal, pero lo hice para protegerme.             Todo lo que estaba sintiendo era completamente nuevo para ella. Le parecía maravilloso y milagroso que Andrey estuviera tan interesado en ella como ella lo estaba en él. Intentó recobrar su estado normal, que era mucho más distante, pero no lo consiguió.             Podrías besarme dijo Andrey, antes de perder el coraje. Ella lo consideraba resuelto y atrevido. Tenía que serlo esa noche, si quería conseguir lo que quería. Y, fuera bueno o no, la quería a ella. Nunca había deseado tanto a una mujer.             Le agarró la mano, la apartó de su pecho y le rodeó la cintura para atraerla hacia él. Hilary lo miró con sorpresa, y una sonrisa traviesa le curvó los labios. Se apretó contra él y le colocó la mano en la nuca.             Creo que eso puedo hacerlo dijo, poniéndose de puntillas.             Andrey bajó la cabeza por diferencia de altura. Sin tacones era más baja de lo que había creído. Sus labios se encontraron en un beso suave y tierno. Le encantaba sentir sus dedos acariciarle el mentón y la lengua de ella deslizarse por la suya.             Los besos de Andrey se sentían como en las nubes. Había oído a otras mujeres decir que había ciertos hombres que eran irresistibles, pero ella había pensado que jamás encontraría a uno que tuviera un efecto tan intenso en ella.             Lo cierto era que se moría por encontrarlo y, cuando Andrey la había besado, todas las células de su piel habían respondido con entusiasmo.             Estaba mirándolo cuando él, como si se hubiera dado cuenta por un sexto sentido. Entonces, Hilary sintió fuegos artificiales en el vientre y el corazón comenzó a latirle acelerada mente, como si hubiera corrido una maratón.             La experta boca de Andrey se apoderó de sus labios. Hilary tuvo que aferrarse a él para no perder el equilibrio. Andrey la tomó en brazos. ¿Pesó demasiado? murmuró.             Hilary estaba convencida de que Andrey era el hombre que había estado esperando toda su vida. Era el hombre del que se iba a enamorar perdidamente y que se iba a enamorar perdidamente de ella. Bueno, con que se enamoran un poquito de ella era suficiente.             Eres ligera como una muñeca, le aseguró llevándola al dormitorio.             Una vez allí, Hilary se quitó los zapatos mientras Andrey se desabrochaba la camisa. Hilary observó con la boca abierta aquel torso bronceado y musculoso.             Sintió que el estómago le daba un vuelco y se dio cuenta de que estaba muy excitada. Dio un par de pasos atrás, hasta que se encontró con la cama, y se sentó. ¿Qué? Sonrió Andrey con sensualidad. ¿Me querías quitar tú la camisa?             No... Eh... no suelo hacerlo contestó Hilary muy seria, pues había decidido que maravillarse por la apariencia de aquel hombre no quedaba bien.             Siempre puedes practicar con la corbata bromeó Andrey, que se había dado cuenta de su falta de experiencia con aquel detalle. ¿De verdad? bromeó también Hilary. Siempre que quieras... contestó Andrey con voz ronca acercándose a ella como un tigre al acecho.             La tomó de las manos y la puso en pie.             Vaya, has encogido un poco, bromeó al verla sin tacones. Prométeme que siempre que estés conmigo vas a llevar tacones. Me encanta verte puesto los zapatos me excita... ¿De verdad? Sí. Parecías una reina contestó Andrey desabrochándole el vestido la falda y el top con calma. ¿Te importa que apaguemos la luz? Pregunto él o la dejamos encendida, dime ¿no?  me es indiferente quiero verte dijo Hilary y sonrió Andrey. Claro...contestó Hilary nerviosa. Andrey le bajó la ropa interior, que cayó al suelo. Eres impresionante...             Hilary había cerrado los ojos pues no quería ver la decepción en los de Andrey cuando la  viera desnuda. Se estremeció y Andrey la tomó en brazos y la depositó en la cama, donde la besó durante un buen rato. Sexy... le dijo acariciando su delicada piel. Jamás nadie le había dicho aquello. ¿Sexy? Mucho...             Era cierto que a Andrey aquella mujer le parecía sexy. Todo en ella se lo parecía. Su pelo, sus ojos, su altura, su sonrisa y su fragilidad. ¿De verdad?  insistió Hilary tan excitada. Cuando notó sus pequeños y firmes pechos en las palmas de las manos, se le cortó la respiración.             Me encanta tu cuerpo le aseguró Andrey. Completamente ruborizada, Hilary se apresuró a taparse hasta las orejas. Andrey enarcó las cejas y la miró con el ceño fruncido.             Te tengo que decir una cosa... dijo Hilary Andrey se tensó, pensó que era por lo de la cicatriz. Aquello iba a ser muy molesto.              Debo advertirte que no tengo mucha experiencia dijo Hilary.             Aquello le llegó a Andrey al alma. Él ya se había dado cuenta, pero no le pareció bien decírselo y pensaba que era también por lo de la cicatriz. Al fin y al cabo, a él le daba igual.             En realidad... mordiéndose el labio inferior. Para ser completamente sincera, no tengo ninguna experiencia...             ¿Cómo? dijo Andrey con las cejas enarcadas.             Es la primera vez concluyó Hilary. No soy una mujer promiscua...             Jamás he dicho que lo fueras la interrumpió Andrey.             El caso es qué... bueno, nunca me he acostado con un hombre y soy, ya sabes... dijo Hilary mirándolo con intensidad, para que lo entendiera cuanto antes. Soy virgen concluyó viendo que Andrey no comprendía.             ¿Qué? dijo Andrey estupefacto. ¿He oído bien?             Hilary asintió ruborizándose de pies a cabeza. Andrey parecía realmente sorprendido, lo último que ella se había esperado. Pero si no eres una adolescente, comentó Andrey sorprendido por momentos.             ¿Y?             Virgen. Aquella mujer era virgen y él no se estaba comportando como un caballero. En lugar de aceptar su confesión con calma, se había quedado mirándola fijamente como si acabara de salir de un cuadro medieval.             Andrey se sentó a su lado.             No pasa nada, le aseguró abrazándola con mucha más cautela de lo que lo había hecho antes.             Claro que no pasa nada. ¿Por qué iba a pasar?, se dijo.             ¿De verdad? insistió Hilary.             El deseo y la decencia estaban librando una dura lucha en el interior de Andrey y, por fin, salió a la superficie el buen hombre que llevaba dentro.             Deberías pensártelo                 No, dijo Hilary abrazándolo con fuerza.             Estuvo a punto de gritar que llevaba muchos años limitándose a pensar, sin hacer nada, pero sentirlo tan cerca hizo que se quedara sin palabras.             Se miró en sus ojos verdes y se le entrecortó la respiración. Sentía mariposas en el estómago y enseguida sintió una sensación cálida e intensa en lo más profundo dé su cuerpo que la hizo estremecerse. ¿Por qué yo? preguntó Andrey besándole el cuello y deseándola cada vez más. Hilary sentía el cuerpo incandescente y su corazón rugiendo como un coche de carreras. No lo sé... Sí, sí lo sabes...             Tenía razón. Tenía que ser Andrey porque lo deseaba como nunca jamás había deseado a ningún hombre. Así de básico y primitivo. Eres exquisita... dijo Andrey admirando sus senos.             Acto seguido, jugueteó con sus pezones y siguió la estela de sus dedos con la lengua. Hilary arqueó la espalda y gritó de placer ante la intensidad de la sensación. Lo agarró del pelo y echó la cabeza hacia atrás.             Andrey siguió jugueteando con sus pezones mientras la besaba con fuerza. Hilary lo abrazó y se deleitó en acariciar los potentes músculos de sus hombros y de su espalda.             Te prometo que va a ser una buena experiencia, dijo Andrey poniéndose en pie y quitándose los pantalones.             Hilary lo miró fijamente. Aquel hombre era un Dios. Se dio cuenta de que los calzoncillos que llevaba apenas escondían su erección. Haciendo gala de un valor que jamás había conocido, Hilary lo vio cuando se quitó aquella última prenda y se quedó mirando con los ojos muy abiertos. ¡Cielo santo! ¿Cómo...? Andrey la miró a los ojos y Hilary se volvió a sentir tan excitada como hacía unos segundos. ¿Eres virgen? quiso saber Andrey. En una escala del uno al diez... diez ,contestó Hilary con la voz entrecortada.             Tienes la piel tan blanca como la porcelana dijo Andrey explorando sus pechos. Eres delicada y sensible. Me encanta. Hilary no se podía estar quieta bajo aquellas caricias. Arqueó la espalda pues quería más.             Bésame...             Andrey obedeció y sus lenguas se encontraron. Andrey sonrió al darse cuenta del deseo de Hilary de sentirlo sobre ella, pero se frenó. Hace nada has dicho que jamás habías deseado a una mujer como me deseas a mí, protestó. ¿Era mentira? En absoluto le aseguró Andrey tenemos toda la noche, bella mía. No hay prisa. Quiero que sea especial.             Hilary estaba fuera de control. Se moría por tocarlo y, si no lo hacía, era por temor a hacerlo mal. Le besó el hombro y deslizó su boca por su pecho. Una vez allí, tomó aire y siguió bajando hasta su vientre. Se deleitó acariciando sus curvas y haciéndola gemir de placer. Hilary no podía pensar, tan sólo sentir y lo que estaba sintiendo era extraordinaria mente intenso. Andrey le estaba acariciando la entrepierna y Hilary no pudo evitar que sus caderas se movieran solas en un balanceo tan antiguo como la propia historia de la humanidad. ¡Oh, por favor!             Por fin, Andrey la tocó en el centro de su feminidad, allí donde necesitaba que la acariciaran, allí donde el calor era un intenso tormento. El calor y el deseo se apoderaron de ella cuando Andrey la penetró con un dedo, pero aquello no había hecho más empezar. Cuando Hilary se sentía como la miel a punto de entrar en ebullición, Andrey le demostró que todavía había más placer por experimentar. Me vuelves loco jadeó colocándose entre sus piernas.             Hilary sintió cómo la penetraba suavemente y el dolor se apoderó de su cerebro haciéndola abrir los ojos sorprendida. ¿Quieres que pare? No... contestó Hilary ni se te ocurra le dijo a Andrey. Sabía que el dolor terminaría y daría paso al más increíble de los placeres. No me parece bien pasármelo bien cuando tú estás sufriendo murmuró dijo Andrey a modo de disculpa. Hilary estuvo a punto de reírse entonces y supo que, si no se había enamorado ya de aquel hombre, se iba sin duda a enamorar de él.             No pasa nada... le aseguró. Besando ella  por diferentes áreas de la cara y por el cuello no le importaba las cicatrices y Andrey se sentía un amor especial por ella. Amore, dijo Andrey besándola. Eres muy valiente... No, lo que pasa es que te deseo con todo mi cuerpo, confesó Hilary arqueando las caderas e invitándolo a que entrara en ella por completo.             Andrey así lo hizo, haciéndola enloquecer. Prolongó su placer con todas las artes que sabía y Hilary sucumbió a su ritmo con total abandono. Le latía el corazón aceleradamente y sentía que la sangre se le había agolpado en las sienes. Pronto sintió oleadas de placer y, al cabo de unos instantes, Andrey la siguió en el orgasmo. Hilary lo abrazó con fuerza y se dijo, muy feliz, que no se arrepentiría de lo que acababa de ocurrir entre ellos.             Se quedó dormida sin darse cuenta y Andrey la despertó. Son sólo las doce de la noche, le dijo. ¿Cómo puedes estar tan cansada?             Hilary pensó que debía de ser por el alcohol y por ser su primera vez. Perdón...             Andrey colocó bien las almohadas para que se apoyara y le apartó el pelo de la cara.              Lo que acabamos de compartir ha sido fantástico, pero tengo que decirte una cosa... preguntó Hilary con el corazón en un puño. ¿tienes novia? Si la tuviera, no estaría aquí. contestó Andrey. ¿Entonces? El preservativo se ha roto. Supongo que debido al entusiasmo. No creo que vaya a haber ninguna repercusión, pero me he creído en el deber de advertírtelo. ¿Se ha roto? No tengo ningún problema de salud, te lo aseguró. Siempre tomo precauciones. Sin embargo, siempre existe la posibilidad de que te hayas que dado embarazada. Al oír aquello, Hilary se quedó de piedra y se río nerviosa.             Seguro que no... No es tan fácil quedarse embarazada. De hecho, en mi edificio hay dos mujeres que están en una clínica de fertilidad. Parece ser que es muy común que hoy en día sea difícil concebir un hijo. ¿A ti te gustan los niños? Tengo dos hermanos, así que... Era obvio que estaba evitando el tema y Hilary no tenía ganas de seguir con aquel asunto. Andrey la miró con curiosidad, pues por primera vez en su vida le interesaba la opinión de una mujer sobre un tema del que normalmente huía como de la peste. Sin embargo, Hilary no dijo nada más. Se había vuelto a quedar dormida. En cualquier caso, si ella estaba tan tranquila como para haberse quedado dormida después, de haberle dicho que el preservativo se había roto, y él se quedó mirándola por todo lo que paso con su anterior jefe era mentira ella era virgen, quedando demostrado que él fue el primer hombre con quien estuvo y no sitió horror cuando le besaba la cicatriz de la cara y el cuello, dio un suspiro abrazándola se quedó dormido.
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