—Estaba sentada en la oficina, intentando procesar todo lo que había pasado en las últimas horas, cuando Sofía entró con una sonrisa en los labios, que no llegaba a sus ojos. En su mano, sostenía un vaso de vidrio, con un líquido de color claro, casi incoloro. —Aquí tienes, Ada— dijo, con una dulzura que no cuadraba con la tensión en su mirada. —Es una vitamina. Sé que no te sientes bien, y esto te hará sentir mejor. Es para tu cuerpo, algo ligero, pero efectivo. Al principio, me detuve, dudando por un momento. Algo en su actitud me hizo sentir incómoda, pero la idea de sentirme mejor, de que quizás eso aliviara el mareo que aún rondaba mi cabeza, me hizo aceptar. —Gracias, Sofía— le respondí, tratando de sonar convincente, aunque una sensación de desconfianza me carcomía por dentro. T

