9 meses después. Abrí lentamente mis ojos, con ganas de que mis bebés nacieran ¡Ya!. Me di cuenta que la madrugada aún no había comenzado, pero el aire en la habitación del hospital era denso, lleno de anticipación. El sonido del monitor que marcaba el ritmo de mi corazón era un recordatorio constante de que, finalmente, el momento había llegado. Los gemelos ya estaban listos para nacer, y aunque el miedo y la emoción se entremezclaban en mi pecho, sabía que no había vuelta atrás. Eduardo estaba a mi lado, como siempre, con su mano apretando la mía con fuerza, dándome la calma que tanto necesitaba. Su rostro estaba iluminado por una mezcla de ternura y ansiedad. El momento más esperado, por fin, estaba aquí. —Ada, estás increíble —susurró, su voz temblando ligeramente—. Lo estás hacien
Download by scanning the QR code to get countless free stories and daily updated books


