Con veintidós años y sin ningún tipo de compromiso con nadie, sin prejuicios sobre la diferencia de edad e incluso, puedo decir que hasta con una gran irresponsabilidad, sólo vivía el momento aunque, ahora que los años han pasado, creo que debería haber analizado un poco la situación antes de darle libertad a mis deseos.
No sabía nada de este hombre más que su nombre y que por alguna razón vivía en la casa de los Koch. Apartando obviedades como su apariencia sensual no podía descifrar nada más, me intrigaba su mirada, sus gestos. La forma en que me tocaba haciendo uso de esa seguridad de saber muy bien lo que quería y como lo obtendría sin forzar nada me llenaba de confianza, así fue como experimenté y recorrí nuevos caminos del deseo. No sabía nada de este hombre, algún día llegaría a saberlo o seguiría siendo una incógnita. Este continuo pensamiento azotaba mi curiosidad.
ABEL POV
Desde el momento en que abrí la puerta y la ví solo una idea se hizo presente ante mi, si... hacerla mía de todas las formas conocidas e, incluso, inventaría formas desconocidas solo por el placer de tenerla.
No sé si fue su belleza, su voz, su cara de inocente o ese tremendo culo que tiene, pero estoy cien por ciento seguro que esa jovencita encendió todas las alarmas en mi sistema.
Cuando preguntó por Angela imaginé que eran amigas por eso la hice pasar, esa fue la primer excusa para tenerla más tiempo cerca de mi y poder saber más de ella.
Al verla sentada y ver que su mirada se encendía, solo imaginé como podría darle toda la noche y tuve que buscar esa oportunidad. Su cara de inocente era una máscara que se cayó cuando fue ella la que primero me invitó a salir. Al instante supe que hablábamos el mismo idioma y si no lo hacíamos supe que podría enseñarle sin mayores problemas, el deseo estaba en sus ojos y en mi virilidad encendida dentro de los apretados pantalones.
La puntualidad es mi lema y mas en esta oportunidad. Le envié un SMS así no sería tan larga mi espera, la quería sentir lo más pronto posible.
Grande fue mi sorpresa cuando la ví esperándome al pie del edificio ya lista y con un look muy relajado. La soltura de su pantalón delineaba sus glúteos grandes y redondos, su cintura pequeña y el toque de las zapatillas le daba frescura a su atuendo, era una inyección de juventud. Últimamente mis amantes eran más de mi edad con un estilo de vestimenta más formal, falda, tacones y camisa. Mariah venía a romper esquemas.
Me presenté y nos dirigimos a la playa, quería verla en un lugar tranquilo y así fue, solo estábamos nosotros. Pudimos hablar de muchas cosas, la conversación fluía, me sentía cómodo con ella, su risa era paz, su forma de pensar bastante madura para su edad.
Aunque disfrutaba cada palabra suya solo quería sentir su piel.
- Ya que diste el primer paso y me invitaste a salir, yo voy a dar el próximo...
- ¿si? ¿y cual sería el próximo paso? ¿pasar la noche juntos?
-¿ me estas leyendo la mente? ¿es muy loco pedírtelo?
- creo que estamos en sintonía... me agrada mucho como me siento con vos. aunque nunca estuve con nadie en la primer cita.
- siempre hay una primera vez - le dije mientras extendía mi mano y la ayudaba a bajar de la roca en que estaba.
Si bien ya sabía que iba a ser mía, ya no aguantaba más y quería sentirla, al menos sus labios. Me sentí como un adolescentes que estaba besando por primera vez, si... a los 38 años volví a sentir ese nerviosismo, esto no me lo esperaba. Tuve que respirar profundo para contenerme y no comérmela ahi mismo en el auto. No era mala idea tampoco...
Luego de retirar la llave de nuestra habitación me dirigí al estacionamiento y la vi con su carita de inocente, el pensamiento de verme ingenuo al creer que era así provocó una sonrisa en mi a la cual ella me respondió con el mismo gesto. Diablos... estoy perdido, esta pendeja me ha enloquecido los sentidos en menos de veinticuatro horas.
Al entrar a la habitación me di cuenta que era su primera vez allí, debía hacer que fuese lo mejor de lo mejor para ella... pero luego sabría que fue lo mejor para mí.
La besé, recorrí su cuerpo con mis manos, la desnudé. Me ratoneaba con su boca, quería saber que podía hacer, cuando sentí mi pene rozar su cara y vi su boca abierta no pude contenerme más y pedí que siguiera, no queria que se detuviera, necesitaba llenar su boca. Sin mentirles fue la mejor mamada que me han hecho en mi vida. Quiero todo, todo...