Abriendo la puerta a un nuevo mundo
Desde pequeña supe que era diferente. Ese pensamiento recurrente de no sentirme a gusto con personas de mi edad, una curiosidad altamente activa, siempre preguntándome por qué, para qué, puedo, lo quiero, lo deseo... la respuesta era siempre "si" a esa última pregunta.
De todos modos, nunca imaginé que todo eso me llevaría al lugar que hoy estoy.
Si debo contarles lo mejor de mi, tengan por seguro que es mi presente. Actualmente soy dueña de mi propia compañía, con una proyección a futuro que solo garantiza éxitos.
Lovely Birds es la compañía a la cual contratan para que cada momento sea especial, desde la propuesta de matrimonio hasta la tan deseada noche de bodas, desde el festejo de un aniversario de bodas hasta las reconciliaciones de esas parejas que ya todos dan por perdidas. Algunos dicen que sólo tuve suerte al iniciar este tipo de negocio, yo sé que es fruto de mi esfuerzo y dedicación... y de esa curiosidad que se apodera de mi.
Siempre sentí que era sapo de otro pozo en cuanto a amistades, compañeros de clase, familia, trabajo. Parecía que no encajaba en ningún lugar hasta que conocí a Abel, y él me brindó un mundo nuevo dónde todo cabía perfectamente en su lugar.
Abel Martínez se cargaba una facha tremenda, 1.90 de alto, voz tremendamente sensual, sonrisa pícara, cuerpo esbelto y bien trabajado, casi en sus 40, trabajador incansable, perfeccionista, y amante con una energía y vigorodidad sin igual. Aunque el día que lo conocí estaba muy lejos de estos cumplidos.
Mariah POV
Mi mejor amiga me había pedido que vaya a buscar unos libros que había comprado a la hermana de un compañero de clase. Llegué a la dirección que me había dicho. Llamé a la puerta, unos minutos después abre la puerta un hombre joven vestido con un pantalón de jeans gastado y manchado, sucio como si recién llegara de trabajar, estaba sin zapatillas, en medias, sin remera, cabello recogido en un Man Bun, barba de tres días, transpirado y una voz que me hizo temblar mi intimidad. Me quedé atónita ante él y tratando de ordenar mis ideas saludé tímidamente.
- Ho- hola... los... los libros...
- Hola - dijo casi cantando - libros?
- eh... si si - sacudí mi cabeza - estoy buscando a Angela Koch, de parte de Susan.... ella le compró unos libros.
Sin soltar la puerta, poniéndose de costado, dejando muy poco espacio entre el umbral y la puerta, hizo un gesto con la mano para que pasara.
- ya la llamo... tu nombre? - preguntó con curiosidad.
- Mariah... - respondí con demasiada dulzura y sensualidad que hasta yo me sorprendí.
Inmediatamente después de un escaneo completo de su abdomen y espalda, una sola pregunta se cruzó por mi mente... ¿lo deseo?... ya saben la respuesta.
Mientras esperaba por Angela, él se sentó en un sillón frente a mí. Dejó caer su espalda sobre el respaldo, dejando ver que estaba cansado, puso una pierna sobre la otra y me preguntó...
- puedo tener tu número?
Me quedé en silencio unos segundos mirándolo con intriga y sonriendo, le respondí
- mi dirección, también la querés?
- Quiero todo- dijo guiñándome un ojo y esbozando una sonrisa jodidamente sensual mientras me pasaba su celular para que agendara mi número.
Con manos temblorosas por el fuego que sentía en mi interior, tomé el celular, agendé mi número y desafiantemente pregunté
-¿Tienes algo que hacer esta noche? ¿Tomamos algo?
Con aire de logro dijo
- Así me gusta, paso a buscarte a las 23?
Solo asentí con mi cabeza y apreté mis piernas, sentía que podía hacerlo mío ahí mismo en ese sillón.
Luego que Angela me diera los libros, y se los llevara a Susan. Fui a casa y tomé un baño, elegí con cuidado mi diminuta ropa interior, un pantalón suelto de lino rojo, zapatillas blancas y una blusa color hueso. Me maquillé con un delineado suave, tonos rosas en mis ojos y gloss. Me puse mi perfume favorito, cargué mi celular y una cartera pequeña y bajé de mi departamento para esperarlo a él.
Mientras esperaba me llega un mensaje de texto
AUTO CON VIDRIOS POLARIZADOS EN 5 MINUTOS.
Me entusiasmaba su seguridad y actitud decidida.
Luego de cinco minutos frena un VW n***o con vidrios polarizados, baja el vidrio del lado del acompañante. Me inclino para mirar hacia el lado del conductor y veo este hombre impecablemente vestido con suéter celeste, pantalón de jeans n***o, con un ManBun prolijamente armado para lucir desprolijo y un perfume que invade y ataca mis sentidos.
- Vamos? - preguntó con total soltura y confianza.
Sin decir palabras subí y emprendió la marcha hacia la playa.
- Soy Abel, creo que no me había presentado, o si?
- Es un gusto conocerte - dije mientras extendía mi mano en gesto cordial.
Llegamos a la playa, me senté sobre una gran roca mientras él se quedó parado frente a mí exhibiendo su belleza mientras hacía dibujos en la arena con su pie derecho.
Hablamos de nuestras vidas, nos observamos, nos reímos, y decidimos irnos juntos a un hotel. Subimos al auto, le dio arranque, me miró a los ojos y dijo
- y si primero me das a probar tus lindos labios?
Enredó su mano derecha en mi cabello buscando mi nuca, con firmeza llevó mi cara hacía la suya, respiró profundamente anticipando lo que se vendría. Con sus labios tibios entreabiertos proclamó como suya toda mi voluntad. Me besó suavemente introduciendo su lengua dentro de mí boca jugando lentamente con la mía. Sus labios eran suaves pero decididos, firmes, apretó mi cuerpo contra el suyo y la fuerza de su ataque me hizo gemir. Cesó su beso, se alejó un poquito solo para observar mi boca y arremeter con más pasión mientras susurraba unas palabras que apenas lograba distinguir - Quiero todo, todo...
Le dio arranque a su auto, y nos dirigimos al hotel. Si bien tenía veintidós años recién cumplidos, no era mi primera vez teniendo sexo tampoco era una santa, al contrario, sabía que era buena en la intimidad pero jamás imaginé que me faltaba aprender tanto, ni que mi maestro iba a ser mi perdición. Aunque si era mi primera vez en un hotel de este estilo y luego descubriría que experimentaría muchas otras cosas por primera vez.
Bajó del auto y se dirigió a la recepción, con total naturalidad volvió haciendo jueguitos con la llave mientras me miraba fijamente y sonreía. No podía creer que ese hombre, mayor que yo, exageradamente sensual me estaba deseando tanto como yo aunque no llevábamos ni veinticuatro horas de conocernos.
Rodeó el auto y sin apartar su mirada abrió mi puerta, me tomó de la mano, me ayudó a salir y me guió el camino. Evidentemente no era su primera vez allí, sus movimientos naturales y seguros eran indicadores de que sabía muy bien lo que hacía y lo que lograba con ello.
Abrió una puerta en el largo pasillo, introdujo la tarjeta y se encendieron las luces. La habitación tenía paredes de color arena, cortinas en tonos marrones y vual blanco, una alfombra color marfil y una cama King size con edredón blanco y sábanas de lino haciendo juego con detalles en marrón claro. Almohadas y almohadones mullidos completaban la decoración pero lo que daba el toque final era la presencia de Abel.
Soltó mi mano para tomar mi cartera y dejarla sobre una mesita de madera clara que estaba a un costado. Volvió su mirada a mi y suavemente me tiró de la manga de mi blusa llevándome hacia su lado, me besó, metió su mano debajo de mi blusa acariciando mi espalda, y con un movimiento experimentado desabrocho mi sostén haciendo que me sorprenda y respondió con una sonrisa hacía un costado, ese gesto sería su sello en nuestra relación.
Me sacó la ropa mientras yo también hacía lo mío, quería ver sus atributos pero antes pasé mi mano por su entrepierna y gemí nuevamente al sentir que estaba totalmente duro, grande y latente. Me sentó sobre la cama y mientras estaba frente a mí aproveche para liberar su virilidad, lo acaricié y él llevó su cabeza hacía atrás mientras se quejaba. Seguí acariciandolo y comencé a besar su abdomen, cada vez más abajo, dejé que su hombría rozara mi cara, abrí mi boca y al mirarlo vi que me miraba pidiendo que por favor lo comiera. Con la lengua toqué su punta, lo saboreaba de a poco hasta que me introduje todo y exclamó - ay! seguí así! mientras con sus manos presionaba mi cabeza contra él.
En ese momento por mi mente solo pasaba la idea de sentirme bien, disfrutar, llegar al clímax y estallar. No me detuve a pensar en nada ni tampoco imaginaba lo que vendría después.