Ya no soy un cazador

1162 Words
ABEL POV Desperté y ahí estaba ella, en mis brazos, con su cuerpo pequeño refugiado en el mío. Hundí mi cabeza en su cuello, enredado en su pelo, inhalé y sentí como su aroma me encendía, era como una inyección de energía, la besé. Después de observarla unos minutos comencé a recordar lo que había pasado. Ambos entregados al placer de una forma única. Por un instante se me cruzó la loca idea de creer que me había enamorado, sonreí ante tan absurdo pensamiento. Ya estoy grande para andar con tonterías así y además, ya dije que nunca me volvería a enamorar... Ella fue la única, no va a venir una pendeja a quitarle su lugar. Cuando tenía 18 años, la conocí. Ella, una mujer casada de 35 años, fue mi maestra, ella mi único amor. Ella me enseñó todo lo que sé y si falta algo ya no lo aprenderé. Estaba en mi último año de secundaria cuando conocí a mi maestra particular, me ayudaría a obtener mejores calificaciones en matemáticas y física. En el momento en que la ví entrar todos mis sentidos se encendieron, al principio pensé que era la reacción normal de un adolescente en la mejor etapa de su vida. De una le miré las tetas que buscaban salirse de la camisa rosada que le acentuaba sus curvas. Luego, recorrí con mi mirada su cuerpo hasta llegar a esas piernas largas que lucían una hermosa minifalda negra. Sentí como mi mástil se erguía en búsqueda de la libertad. Mientras me explicaba cada punto del manual yo no podía dejar de mirarla. Sus labios me invitaban a comerla a besos, necesitaba sentirla. Como quien no quiere la cosa pase mi mano cerca de la suya, sentir la calidez de su piel me hizo estremecer, ella notó mi reacción y me sonrió. Green Flag para mi.... unos minutos más tarde, volví a rozar su mano pero esta vez me quede mirándola para saber como reaccionaba. Se sonrió nuevamente y así sin pensarlo la besé en su mejilla. Se dio vuelta para verme e instantáneamente besé sus labios, un beso rápido, robado, expectante a su aceptación. Se quedó mirándome a los ojos. Esta vez, lentamente acerque mi cara a la suya y la besé. Entreabrió su boca dando lugar a mi lengua que buscaba paso demostrando que me consumía la lujuria. Sentí sus manos en mis piernas, luego acarició mi m*****o como queriendo inspeccionar con lo que me cargaba. Sin dejar de besarme, me acarició, me apretó y me hizo gemir de ganas de sentirla. No sé cómo fue pero en un momento después la tenía sobre mi escritorio con su camisa desprendida, sus tetas al aire, su pollera levantada y mi mástil todo mojado entrando y saliendo de ella. Casi acabo cuando me dijo "espera, descansa, agunta la respiración así duras más y me seguís dando duro". En qué momento la clase de matemáticas se transformó en una clase de sexo, no lo sé. Solo se que conocí un mundo único... Estábamos solos en la casa y nuestros gemidos musicalizaban la habitación. "Espera", me dijo nuevamente," tocame acá así me haces explotar", mientras llevaba mi mano a su c******s. Hizo que las yemas de mis dedos jugarán en circulo mientras se contorsionaba sobre el escritorio. Ya no sabía lo que me pasaba, las emociones me sobrepasaban, sentir tanto al mismo tiempo fue una explosión a mis sentidos. La escuché gemir y me enloqueció, sentí como mi mástil se mojaba, sus fluidos corriendo por mis piernas, mis testículo mojados sentían una refrescante brisa. Sentí como me ponía duro como una piedra, contuve el aire, mi cuerpo se tensó, llevé mi cabeza hacia atrás y la llené con mi simiente al mismo tiempo que dejaba escapar un suspiró de alivio y placer. Desde ese día, asistí regularmente todas las semanas a clases particulares. En ocasiones estudiaba matemáticas o física, pero la mayoría de las veces nos perdíamos en el placer de descubrirnos, ella enseñándome como hacerla sentir más placer, y yo, como un alumno bien aplicado, aprendiendo todo de ella. Durante cinco años fue mi todo, mi primer amor, mis ganas de aprender y sentir, mi maestra; hasta que un día ya no estuvo más. Mi mundo colapso y juré que no volvería a amar a nadie como la amé a ella. Con veinticuatro años había experimentado y vivido mucho más que cualquier otro hombre de mi edad. Ahora estaba solo, extrañando algo que no iba a volver por más que lo buscara. Viví todos estos años buscando sentir ese fuego que solo sentía con ella pero nunca lo encontré. Cada una de las mujeres con las que he estado me han llenado de elogios e incluso se han enamorado al punto de tener que ser cortante y frontal y dejarles saber que no sentía lo mismo. Así fue que entendí que nunca me volvería a enamorar... bueno, eso pensaba hasta que esta loca idea de creerme enamorado se ha cruzado en mi mente. Enamorado?... No puede ser, es solo placer. Es justo reconocer que me enciende como ninguna lo ha hecho después de mi maestra pero de ahí a decirme enamorado es demasiado. Mientas volvía de mis pensamientos me dí cuenta que tenía una sonrisa dibujada en mi rostro, mi mástil durisimo y una mujer hermosa en mis brazos... diablos, estoy más que jodido. Volví a abrazarla y oler su cabello. Ella comenzó a moverse contra mi cuerpo, su lenguaje corporal me decía que venía en búsqueda de más acción. Presionó su culo contra mi mástil, se sonrió mientras dejó escapar un gemido. Volvió a frotarse contra mi, la abracé y besé su cuello. Sentí su mano en mis piernas, subió buscando acariciar mi m*****o. Arqueo su espalda dejando todo su culo a mi disposición. Abrí sus glúteos, mi glande se apoyo en su portal hinchado, se quejó pero siguió buscándome. Luego de que mi mente se llenará de ideas, sentí como su mano tomó firme mi tronco y lo llevó a su v****a, estaba caliente y mojada. Entré sin mayor esfuerzo. Cerré mis ojos y me deje llevar. Comencé con un bombeo suave mientras apretaba sus caderas. De a poco se fue moviendo hasta que quedó en cuatro con su culo hacia arriba, me puse de rodillas y comencé lo que sería un baile de caderas, entradas y salidas sincronizadas, todo mojado, más duro que nunca, con ganas de no dejarla más. La tomé del cabello y seguí moviéndome hasta que saqué bruscamente mi m*****o mientras hacía un movimiento de cadera como pez que nada en huida y dejé todo mi semen sobre su espalda. Rendido con el corazón saliéndose de mi pecho, me acosté sobre ella, la abracé y dejé escapar un "me gustas demasiado". Un segundo alcanzó para darme cuenta que no debería haber dicho eso. Como pudo logró escabullirse de mis brazos y comenzó a vestirse mientras me decía que tenía que irse. Si, estoy jodido.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD