La paz que Astrid y Elijah habían construido durante su retiro estrellado fue sacudida a la mañana siguiente por un estruendo de elegancia artificial y perfumes caros. No había pasado ni un día desde que el celo terminó, y la mansión Blackwood ya recibía a su primera gran amenaza externa. Bianca entró en el salón principal como si el mármol le perteneciera. Era una loba de una belleza seductora, con un cabello rubio platino perfectamente peinado y unos ojos grises que destellaban con una ambición peligrosa. Vestía un traje de seda roja que gritaba atención, y cada uno de sus movimientos estaba calculado para recordar a los presentes que ella, en algún momento, fue la favorita del Rey. Lady Valerius la recibió con una sonrisa triunfal desde lo alto de la escalera. Finalmente, su pieza

