La noche pasó tranquila y serena, aquellas sábanas resguardaban un acto más allá del simple sexo y una promesa olvidada. La mañana iniciaba con un brillante amanecer, como si el sol supiera que un idilio comenzaba a escribirse. Hank abrió suavemente los ojos sintiendo el calor en su rostro, la ventana estaba con las cortinas corridas mientras el astro rey se colaba por los vidrios. El pelinegro recordó entonces que se encontraba en la habitación de James, miró su mano viendo el brazalete, sonrió. Se movió despacio sintiendo el peso de James encima suyo, el brazo del mayor lo rodeaba en un fuerte abrazo. —¿Ya estás despierto?— preguntó James con una suave voz. Hank dibujó una sonrisa al sentir el suave beso en su hombro, el mayor apretó más el agarre y deslizó su mano hacia el brazalete

