Elara Montesinos Desperté sola en la inmensa cama, dormir en esta habitación era extraño. Recordé lo sucedido anoche, el mundo corporativo me había visto, no podía creer que estaba viviendo esto, que iba a esos lugares y que no estaba recibiendo humillaciones, recibía halago y no por mí cuerpo si no por mí inteligencia. Estaba trabajando duro para que eso siguiera así Me dirigí al baño el brazalete de oro en mi muñeca ya no se sentía como una novedad, sino como la prueba de mi esclavitud de élite era un recordatorio de que mi destino no era mío, sino una extensión de la voluntad de Alexander. La mañana con Lía fue una delicada coreografía ella estaba en la cocina, admirando la vista la señora Elena preparaba un desayuno que parecía sacado de una revista. —Elara —dijo Lía, m

