Elara Montesinos Me desperté a las 6:00 a.m el silencio en el penthouse de Riverwood no era el silencio roto de las calles de nuestro antiguo barrio; era un silencio espeso, filtrado por cristales insonorizados, un lujo que me hacía sentir como una impostora. El olor del café recién hecho cortesía de la máquina de alta tecnología, era el único aroma familiar en esa cocina de mármol frío me dirigí primero a la habitación de Lía ya que se había pasado cuando me había despertado, un cuarto amplio con vistas a la ciudad, entré en puntillas Lía dormía envuelta en las sábanas de algodón. Me senté suavemente en el borde de la cama y acaricié su cabello. —Mi amor, es hora hoy es un día importante —susurré. Lía abrió los ojos y sonrió al verme era una sonrisa de paz libre de la tensión de

