Elara Montesinos A las 6:00 p.m. el pánico me había pasado la rabia se había convertido en una resignación fría fui a mi nuevo y enorme vestidor, la ropa que Alexander había puesto allí para la cena. Me puse un vestido de seda azul marino, sencillo pero costoso que se ajustaba a mi cuerpo no era mi estilo pero era la armadura que necesitaba. Lía entró al cuarto mientras yo me ponía unos pendientes discretos. —¡Mamá, te ves hermosa! —dijo, sus ojos brillando con honestidad—. Pareces una princesa.—El halago me dolió Si supieras cariño que esta princesa es solo una propiedad. Me arrodillé para hablarle a su nivel. —Gracias mi amor hoy tengo que ir a una cena muy importante con mi jefe hablarán de negocios y todo eso. —¿No puedes quedarte? —preguntó con un puchero de niña de n

