La reina Serafina reposaba en la oscuridad de la mazmorra, con su mente llena de pensamientos turbios. Mientras el frío tallaba en sus huesos, comenzó a reflexionar sobre las verdaderas intenciones de la Condesa Bertilia. Recordó las palabras cargadas de falsedad que la condesa había pronunciado en la corte, prometiendo lealtad y amor al reino. Sin embargo, ahora, en la soledad de su encierro, Serafina empezaba a ver a través de la máscara de la condesa. Sus acciones, aparentemente benevolentes, parecían estar manchadas de malicia y ambición desmedida. La reina comprendió que su captura no había sido un acto impulsivo, sino el resultado de una maquinación cuidadosamente planificada por Bertilia. Ahora, su misión era clara: escapar y salvar su reino de las garras de la traición. Pero,

