Ambos no se detienen hasta alcanzar aquella gran vivienda de los Cobe. A Yaque le estaba costando respirar mientas bajaba la colina, pero su fatiga desapareció para cuando llegó a la intersección. — Ha, ha, ha. — la chica respiraba agitadamente, deteniéndose en la puerta de aquella casa casi mansión. Sebastián se detiene a su lado, no tan cansado gracias a su muy bien entrenado físico. El cazador tomó palabra al haber recuperado el aliento. — Oye, ¿qué hacemos aquí? La rubia se dirigió a la entrada sin responder. El chico suspira cansado y la sigue. Ambos tocaron la puerta y fueron recibidos por una criada, la cual los llevó a la gran y elegante sala de estar. Ahí se encontraba el Cobe mayor, sentado en un mueble. Parece que los estaba esperando… — Buen día, capitán. — saluda Seba

