Al día siguiente, los primeros rayos del sol comenzaron a pasar a través de mi ventana “cosa que de verdad me impacientó bastante”. Me levanto de mi cama con bastante cansancio y arrastro la cortina para tapar toda iluminación existente, dejando mi habitación en absoluta oscuridad.
Sí, sin querer he desarrollado un indiscutible odio a la luz solar y un amor por la oscuridad. Oh, qué extrañeza, quizás sea mañas de vampiro.
Suspiré desganado.
No me sentía cansado ni nada a pesar de que no pude dormir casi nada. Salgo de mi habitación y me dirijo directo al baño, me doy una rápida ducha y me lavo los dientes. Por último, quizás por m********o, me vi en el espejo.
Oh, qué sorpresa, mi reflejo en el espejo no existe. ¿Cosas de vampiro? Seguramente.
Rayos, si sigo así tengo posibilidades de volverme un sarcástico compulsivo.
Sin más qué hacer me metí en mi habitación y ahí me terminé de vestir. Me puse un suéter n***o de tela, pantalones plomos y zapatos negros.
Por desgracia no sabía cómo carajos me veía, así que tuve que imaginar mi físico.
Bajé al comedor en dónde ya estaban mis padres desayunando, ambos tenían una cara seria. Eso es malo.
— Buenos días. — saludé con mi mejor sonrisa, aunque obligada.
— Buenos días, hijo. — me saluda mi mamá sonriéndome, se notaba su inquietud por mí.
¿Y cómo no estarlo? Si me escapé de casa ayer como un neurótico.
Papá me sonríe saludándome con la mirada.
Me siento en la mesa mientras mamá se levanta para servir mi comida, mientras lo hacía comencé a pensar en todo lo que me había pasado últimamente.
Vampiros, cazadores, mis ataques de beber sangre, todo esto parecía sacado de una película.
Ella sonríe confianzudamente caminando hasta mí. Me toma de la mejilla con sutileza. — Me llamo Romina Drack, la hija de Drácula. — se presentaba coquetamente acercándose a mi oído, causando escalofríos en mi dorso. — Soy la mujer que te convirtió en un vampiro. — me susurra, causando una impresión enorme que hasta abrí los ojos hasta más no poder.
Retrocedí con temor. — ¿La hija de Drácula? ¿Y fuiste tú la que me convirtió en esto?
Ella seguía sonriéndome. — No te ves muy contento con eso.
— ¡No lo estoy! — grité molesto apartando de un manotazo su mano en mi mejilla. — ¡Yo no pedí convertirme en un monstruo!
Romina Drack se sorprende ante mis palabras, pero seguía tranquila. Alicia se levanta de su lugar mirándome fijamente. — Liam, todo tiene una razón. La Reina te convirtió en vampiro porque…
— Alicia. — habló Romina con tranquilidad, pero el tono de voz era amenazando. La nombrada quedó en silencio. — Liam. — me llama con suavidad volviendo a tocar mi mejilla y acariciarla. — Por favor, no me odies, yo no soy tu enemiga.
Su voz, su mirada, su olor, toda ella calmaba mi ser. La furia que sentía comenzó a desaparecer de a poco.
— Como dice mi subordinada, todo tiene una explicación. — seguía hablando la peli plateada mientras acariciaba mi mejilla con suavidad, yo me estremecía ante su frío y, a la vez, cálido tacto. — Pero eso lo sabrás a su tiempo. Por ahora solo diré que estamos enlazados…
— ¿Enlazados? — pregunté completamente ido ante sus caricias. Ella afirma.
— Quizás no lo recuerdes, pero nos conocemos desde hace mucho, mucho tiempo. — me respondía sonriéndome apartando su mano. — Mi querido Liam.
Un ruido causó que me desconectase de mis recuerdos, había sido mamá la que me había puesto el desayuno en la mesa. Era cereal con yogurt.
— Gracias mamá. — le sonreí desganado, mamá buscaba mi mirada para sacarme temas de conversación, pero yo simplemente la ignoraba. Era mejor poner distancia entre nosotros, no quisiera que pasara lo mismo que ayer.
Gracias a la sangre que me bebí de Tom mis instintos asesinos y mi sed de sangre habían desaparecido casi por completo.
Obviamente el olor de mis padres me parecía el manjar más exquisito y prohibido que podría probar en mi vida. Pero al menos podría tolerarlo y no caer en la tentación.
— Hijo. — papá habla, lo miro callado comenzando a comer mis cereales. — Tú anoche…ehmm…— se queda pensativo, yo me remuevo de mi asiento incomodo. — ¿Te sentías bien?
— Sí papá, solo que tuve un problema en la universidad y me frustré. Lo siento. — respondí en una pobre excusa, ambos no me creyeron, pero al menos no siguieron con el tema.
— Como sea, es bueno verte mejor. — me responde terminando su comida.
— Haah. — respondí comiendo mi comida rápido.
Papá se ofreció llevarme a la universidad en su auto, cosa que acepté. Mi hermano se había ido unos 20 minutos antes, así que por eso no pude verlo “cosa que en el fondo me alegró”.
Una vez que papá me dejó en la entrada de mi facultad, me bajé del auto y me despedí con la mano.
Entré a mi salón y me senté en mi lugar a esperar que comenzaran las clases. Recargué mi cabeza con la mano mientras veía como entraban mis compañeros de clase, todos se me quedaban viendo con mucha curiosidad.
Quizás se regó el chisme de mi accidente.
Pero lo que sí sería bastante tedioso son los innumerables olores a mi alrededor, un impulso demente quería desgarrar la garganta de todos y gozar en su deliciosa sangre.
Me muerdo el labio.
No Liam, cálmate.
¿Por qué siento ansiedad si recién ayer en la noche bebí sangre?
No quiero matar…
— ¿Liam? — me llama Jesse, mi mejor amigo, con preocupación sacándome de mis raros pensamientos. — ¿Te encuentras bien?
Oh Dios, ¿qué hago? ¿Le confieso mi secreto? Pero si lo hago tendrá el riesgo de estar en constante peligro conmigo “no solo por mí, sino por Romina y los demás vampiros”. Aparte su olor era bastante tentador para mis instintos animales.
Desvío la mirada, tengo que alejarlo de mí.
— No es asunto tuyo. — mi voz sale con frialdad, tal y como quería.
— Ah, ¿qué? — mi amigo me veía sin entender, notablemente ofendido. — Oye, ¿qué te pasa?
— Ocúpate de tus asuntos, ¿quieres? — contesté sin dirigirle la mirada, la frialdad me salía tan natural.
De reojo noto que Jesse frunció el ceño. — Estuve preocupado por ti desde que estuviste en el hospital y cuando por fin apareces, ¿así me vas a tratar?
El olor de mi amigo se estaba volviendo bastante tentador, sentía la garganta seca. Rayos, olía demasiado bien. Tengo que alejarlo…
— ¡Solo piérdete y no me fastidies! No tengo humor para tolerar a un nerd asqueroso como tú. — escupí mirándolo por fin demostrándole un falso desprecio con la intención de alejarlo. Ok, sé que me pasé, pero en su presencia no me sentía bien.
Quizás en el fondo, muy en el fondo, esperé que mi amigo entendiera que algo estaba mal en mí. Quizás muy en el fondo quería que él me sonriese como siempre y me comenzase a contar alguna estúpida anécdota de sus videojuegos o de sus citas fallidas.
Pero no, la realidad era otra. Jesse estaba completamente molesto y dolido ante mis palabras, eso me terminó por destrozar. Él se da media vuelta y se sienta muy lejos de mí.
Me sentía una porquería.
Todos nuestros compañeros, incluida Yaque, presenciaron nuestra pequeña pelea y se quedaron en silencio hasta que llegó el profesor, dando comienzo la clase.
Jamás imaginé que una clase sin hablar con mi amigo hubiera sido taaaan larga, pero por fin llegó el tiempo del almuerzo en el que todos salimos a comer.
La universidad era enorme, así que había una zona en donde se podía comprar su almuerzo en una tienda y sentarse en una de las tantas mesas que había en el lugar ante los brillantes rayos del sol.
Pero yo, como todo vampiro que se respeta, me alejé por completo del lugar y de todas esas personas que, a mi pesar, olían muy bien.
Comencé a dar vueltas por toda la universidad a esperar que pase la hora del almuerzo, no tenía ni hambre. A estas horas los pasillos estaban vacíos, así que pasar por aquí sin tener que contener mis impulsos era un lujo que estaba dispuesto a darme.
— ¿Y tú no almuerzas como alguien normal? — me pregunta una voz desconocida a mis espaldas asustándome por completo. Me giré hacía atrás para notar que una extraña chica me veía con cierta curiosidad.
Me descoloré, su olor no era humano.
¿Cómo lo sé? Pues ni la menor idea. El olor de la sangre humana era dulce, tentadora, exquisita. Pero el olor de los vampiros era…diferente.
La chica delante de mí parecía ser un poco mayor que yo, era bastante bonita y de hermosa cabellera “con un cuerpo de ensueños”. Usaba una camisa gris y encima de ella una chamarra de piel negra, unos pantalones mezclilla y unas botas negras.
Es bella…
— Oh, gracias por el halago. — dice la chica de la nada con una sonrisa.
¿Halago? ¿Qué v***a?
¿Me leyó la mente o son ideas mías?
— Sí, claro, puedo hacerlo. — vuelve a decir de la nada, causando que un escalofrío me recorriese por completo.
Puede leer la mente, qué escalofriante y genial.
Oh, vamos Liam, no pienses tonterías. Lo va a leer.
— ¿Quién eres? — pregunté con seriedad mientras ella se acercaba a mí con tranquilidad.
— Me llamo Benny Scott. — se presentaba sonriéndome. — Tenía muchos deseos de conocerte, Liam Cobe.
— ¿Conocerme? ¿Por qué? — retrocedí, aún seguía intimidándome aquel mundo sobrenatural que hasta hace unos días lo creía de una historia de leyenda o ficción.
— Pues eres bastante conocido por ser el nuevo juguete de Romina. — me responde como si nada sorprendiéndome.
— ¿Nuevo juguete? — pregunté ofendido.
Benny afirma. — Muchos vampiros, los aún “rebeldes”, quieren conocer al niño que consiguió que la suprema reina vampiro lo haya convertido al ser un simple humano. — explicaba mirándome de arriba abajo, incomodándome. — Y ciertamente, has llamado mi curiosidad.
— ¿No sabes que la curiosidad mató al gato? — le pregunto en tono de broma.
— Pues el gato murió sabiendo, ¿no? — me sonríe burlona también. — Aunque si soy sincera te imaginé más alto.
Auch.
— Lamento haberte decepcionado. — digo cruzándome de brazos ofendido.
Ella ríe, su sonrisa es contagiosa así que me reí junto a ella. — No me has decepcionado, aún.
— No tengas muchas ilusiones de todas maneras. — digo para luego suspirar comenzando a caminar, ella me sigue. — No soy para nada especial.
— Oh, sí lo eres. — me contradice Benny. — Tu vida pasada es la razón por la que hoy eres un vampiro.
Sus palabras hacen que me detenga por la impresión, la miré con una mezcla de confusión y angustia. — ¿De qué hablas?
— Ups, hablé de más. — dice con falsa ingenuidad sin borrar su tranquilidad y deteniéndose también, estando delante de mí. Solo estoy repitiendo algo que escuché hace poco, no me prestes atención.
— ¿Por qué me dices todo esto? — pregunté con seriedad, todo esto me iba a producir un dolor de cabeza.
— Tú, al estar enlazado con Romina Drack, te pone en grave peligro. — me responde borrando su sonrisa. — Y para bien o para mal, estamos vinculados también.
— ¡Deja de dar tantos rodeos y dime lo que sabes! — exclamé harto tomándola del brazo con fuerza.
El timbre suena, dando a entender que la hora del almuerzo se acabó.
— Oh, mira, salvada por la campana. — dice juguetonamente Benny que se suelta de mi agarre al verme inadvertido. — Y no te preocupes por mis palabras, como te dije, solo estoy repitiendo lo que escuché hace poco.
— Benny…— fui interrumpido.
— No te preocupes, pequeño. — dice colocando su mano en mi cabeza como si fuese un niño. — Nos volveremos muy pronto.
De un momento a otro el cuerpo de la vampira desapareció en un pestañeo, momentos después los alumnos del edificio comenzaron a pasar por los pasillos rumbo a sus propias clases.
Benny, qué mujer tan interesante.
El resto del día la pasé pensativo y solitario. Jesse no se me volvió acercar y Yaque seguía en lo suyo.
Estar solo me dejaba tranquilo, así no podría embestir a nadie.
Mientras el profesor daba su clave yo me tapaba la boca con disimulo, los fuertes olores de mis compañeros se estaban volviendo bastante constantes. ¿O era yo el que volvía a tener sed?
No puedo más, quiero que esto pare.
Necesito sangre.
Me recuesto en mi mesa con molestia, sentía mi garganta seca…
Mierda, estoy demasiado tentado. No quiero matar, pero, ¿de verdad tengo que hacerlo?
Horas de tortura después me encontraba saliendo de la universidad con dificultad, me tuve que poner la capucha del suéter para ocultar mis ojos y me tapaba la boca para tapar mis colmillos. Tuve que recargarme de una pared ya que el dolor en mi pecho era grande, mi cuerpo exigía a gritos sangre.
Tuve que quedarme en esa pared un rato a esperar que todos se alejen de mí.
Me siento tan demente con estas sensaciones. Pero no, yo no soy ni un sanguinario ni un asesino.
Yo soy…
— ¿Liam? — escuché aquella dulce voz sacándome de mis pensamientos, era Yaque, la que me miraba con preocupación. — ¿Te encuentras bien?
Tragué grueso, el aroma de la sangre de Yaque estaba causando un caos en mi cabeza sobre qué es lo moral y lo insano “y ojalá fuese por algo s****l”.
Desvié la mirada. — Estoy bien Yaque, no te preocupes.
— Pero…— la chica me toma de la mano y se sobresalta al sentir nuestros contactos. — Estas muy frío.
— Debo tener frío. — contesto como si nada tratando de zafar su agarre, pero ella no lo permite.
— Te he visto todo el día algo mal, dime Liam, ¿te sucede algo? — insistió la rubia acercándose más, mi piel se erizó al olfatear su dulce aroma de cerca. Me saboreo los labios.
Tengo que alejarla o perderé la cabeza.
Bajé más la capucha para ocultar más mi rostro. — Estoy bien Yaque, solo he tenido un día difícil.
— Déjame ayudarte Liam, por favor. — me pidió tomando mi mano entre las suyas, por un momento mi mente se desconectó de mi conciencia.
— ¿Quieres ayudarme, Yaque? — sonreí acercándome a ella poco a poco, ella se ruboriza.
— ¿Eh? Sí, dime qué puedo hac…— se queda callada al momento que la abracé, la sentí tensa. — ¿Liam?
Esto es malo, mi cuerpo…
— Shh, tranquila…— le pedí con suavidad, ante eso ella se relajó y correspondió el abrazo rodeando sus brazos en mi cuello. Pasé mi nariz por su tan deseado y jugoso cuello y lo olfateé con deseo, sentí como la piel de la rubia se erizo ante eso.
Mi fuerte sed de sangre tomó el mando de mis instintos, ya no podía detenerme. Pasé mi lengua por su cuello con suavidad mientras Yaque gimió de sorpresa, su pequeño cuerpo en mis brazos se estremecía.
Solo con una mordida.
Una pequeña mordida sería suficiente.
— A— Liam… ¿qu— qué ha…ces? — me pregunta Yaque con leves jadeos, su voz fue más que suficiente para despertar mi racionalidad y detener mis colmillos que estaban por desgarrar su delicado cuello.
Su cuello…
O no…
¡¿Qué demonios estuve por hacer?!
Estoy mal, ¡estoy muy mal!
Me separo de ella poco a poco y le sonrío falsamente, ella me miraba con temor. Eso me hizo sentir fatal. — Olvida lo que estuve haciendo, estoy bien.
No le di tiempo para responder porque corrí rápidamente para alejarme de ahí.
Tengo que escapar.
Corrí sin parar y no detallé que corría milagrosamente rápido. En cuestión de minutos ya estaba bastante lejos de la universidad y también de mi casa. Me detuve en un pequeño parque abandonado el cual se encontraba vacío, me siento en un banquito y me agarro la cabeza con ambas manos por la desesperación.
Soy un monstruo.
No puedo más…
Tengo que desaparecer.
Otro desgarrador dolor en mi pecho causó que gimiese.
¡TENGO SED j***r!
Pero no…cálmate…
Yo no beberé sangre humana.
Apreté mis colmillos con furia, mi mal humor aumentaba por cada dolor que me daba por mi fuerte sed.
De un momento a otro escuché un disparo y luego caí al suelo.
Yo palidecí al sentir una fuerte punzada en mi hombro izquierdo.
Trato de reincorporarme, pero al hacerlo el dolor en mi hombro hace que caiga al suelo otra vez.
Me… ¿han disparado?
— Oh, pero mira qué tenemos aquí. — se escuchaba una voz irónica a mis espaldas, traté de voltear, pero en mi posición era bastante complicado. — Un pequeño vampiro.
Sentía cuatro olores diferentes pero bastantes dulces y llamativos, eran olores humanos.
Entonces… ¿me disparó un humano? ¿Y el humano sabe sobre los vampiros?
Oh, no…
Detrás de Alicia aparece un chico “aparentemente” de la misma edad de mi hermano, usaba un pantalón beige ajustado lleno de figuras con formas de estrellas y colmillos, una playera negra ajustada a su buen físico y encima portaba un chaleco gris; me ve con seriedad. — Debes controlar tus instintos asesinos, muchacho. — dice aquel chico con seriedad, ¿me está tratando como un mocoso? — Tuviste suerte que los cazadores de vampiros no te hayan descubierto.
— ¿Cazadores de vampiros? ¿Eso también existe? — pregunté temeroso viendo que el desconocido me veía graciosamente.
— Si existen los vampiros, ¿piensas que es descabellado que existan cazadores de ellos? — me pregunta aquél detestable chico sin quitar su sonrisa burlona.
— Oye Ramón, no seas así con él. — le reclama Alicia defendiéndome.
— Tú no te metas, mocosa. — contesta el tal Ramón mirándola con una sonrisa, eso molestó a la pelirroja.
— Vamos, vamos, dejen de pelear. — el sombrerero aplaudía con una sonrisa llamando la atención de ambos vampiros, ellos lo fulminan con la mirada “quizás el tal Tom no era muy querido”. — Y respondiendo a tu pregunta, pequeño. — se gira hacía mí. — Sí, existen cazadores de vampiros que obviamente cazan vampiros, sin importar si estos son buenos o malos. Es una organización secreta no reconocida por el mundo, hacen experimentos con cada vampiro que capturan y los torturan. — explicaba sin borrar su sonrisa.
Ahora lo recuerdo…
Ramón y Tom me lo advirtieron ayer.
Comencé a sudar frío y me volteó con desesperación.
Delante de mí estaban cuatro hombres vestidos con abrigos blancos con una mirada de completa superioridad, el más alto de ellos alza una pistola y me apunta con ella.
¿Estos eran los temibles cazadores de vampiros? ¿Cómo me hallaron tan rápido? Todo esto es tan sospechoso.
Ante la amenaza que se avecinaba olvidé todo pensamiento y alcé las manos con pavor. Estos tipos me quieren matar…
— ¡Esperen, por favor! — pedí con ojos llorosos lleno de desesperación y pánico. — ¡Esto es una equivocación!
— ¿Equivocación, dices? ¿Me crees estúpido? — el hombre que me apuntaba sonreía con satisfacción, como si fuese un depredador apunto de tomar como premio a su presa. — Tus ojos rojos, tus colmillos, la velocidad con la que corriste, esa fuerte sed de sangre que tenías hace un momento. Sabemos que eres un asqueroso vampiro.
— ¡Escúchame, te lo ruego! — pedí sosteniendo mi herida, la cual se derramaba por mi ropa y creaba un charco en el suelo con mi propia sangre. — ¡Me convertí hace poco y aún no lo controlo! ¡Pero de verdad no soy malvado! ¡No me maten, por favor!
Los cuatro sonríen sombríos, ante eso me da un escalofrío. — Me encanta cuando mis victimas ruegan por sus vidas. — decía el hombre que me apuntaba preparándose para disparar. — ¡Me hace sentir tan bien!
Dispara en mi pierna derecha, mi desgarrador grito de dolor se hace escuchar en todo el parque. Las risas de los tres ante mi sufrimiento hicieron un vacío en mi corazón.
— Ay, pobrecito. Eso duele, ¿verdad? — hablaba uno de los cuatro con burla. — Nuestras balas están bañadas con agua bendita, con ellas podremos herirte sin darte oportunidad a regenerarte.
Me quedé acostado en el suelo mirando el cielo aguantando el dolor, ya el sol estaba casi oculto y la luna estaba asomándose por los cielos.
¿Qué les pasa a estos tipos? ¿Qué pasa con los deseos de vivir?
Claro, ahora entendía a los animales. Los cerdos, las vacas, todo.
Los humanos siempre nos alimentábamos del sufrimiento ajeno sin importar lo demás. Y para estas personas, yo valgo igual que un animal.
La r**a humana es tan egoísta, y es irónico eso porque yo también era uno.
Sonreí.
“La supervivencia del más fuerte”, ¿no?
Si voy a morir, de nada sirve seguir conteniendo la bestia en mi interior.
Mi sed de sangre consumió mi conciencia, ya todo daba igual.
Solo había algo que mi mente y mi corazón estaban de acuerdo…
Voy regocijarme en la sangre de todos.
Los cuatro cazadores seguían hablando entre ellos y burlándose del joven vampiro sin tomar en cuenta que un aura roja comenzaba a rodearlo. Su alto ego, su sed e instinto asesino, ya había tomado el control.
Todo ese poder lo estaba embriagando, se sentía tan…
— Humanos…— decía el chico levantándose del suelo, su voz era grave y fría a la vez. — Solo les daré una oportunidad.
— ¿Eh? — los cuatro miraron al vampiro con sorpresa, no esperaban que pudiese levantarse. Parecía otra persona.
— Váyanse. — ordenó con una tranquilidad intimidante el vampiro caminando hacia ellos, los cuales retrocedieron. Los ojos rojos del chico brillaban intensamente.
— ¿A qué se debe ese cambio de actitud? Asqueroso vampiro, ¡muer…! — el humano que lo había disparado dos veces estaba por dispararle una tercera vez, sin embargo, para sorpresa de todo, su cabeza fue arrancada de su cuerpo de forma grotesca con una velocidad impresionante.
— ¡…! — los tres cazadores restantes vieron la escena horrorizados y retrocedieron con temor. Aquel vampiro suelta la cabeza de su compañero y caminó hacía el cuerpo decapitado, como si su mano fuese una estaca la entierra en el pecho del c*****r, justo donde estaba el corazón, y de un jalón lo saca…chorreando sangre por todo el lugar.
El chico muerde el corazón arrancado de su víctima y comienza a succionar la sangre en su interior, al hacerlo las heridas que tenía tanto en su hombro como en su pierna comenzaron a sanar. Después de un rato suelta el órgano vital y se relame los labios con malicia. — Delicioso.
— ¡Hijo de puta! — exclama uno de los cazadores disparando a lo desquiciado mientras que Liam desaparece de su vista con gran velocidad. De un momento a otro el vampiro lo toma de la garganta y lo alza con demasiada habilidad. — ¡Argh!
Como si fuese un muñeco, el joven vampiro ahorca su víctima con una mano “partiéndole el cuello en el proceso” y lo asesina. Se relame los labios con lujuria y muerde el cuello de su c*****r, comienza a succionar con bastante placer su sangre. Cuando el cuerpo asesinado del cazador estuvo completamente seco, lo suelta y se relame sus dedos con delicia.
Oficialmente era un adicto a la sangre humana.
— ¿Qué pasa, basuras? ¿No seguirán burlándose? — preguntaba Liam con una sonrisa maquiavélica mirando a los otros dos humanos que miraban todo aterrados.
Los dos llenos de temor comenzaron a huir despavoridos, eso causó una excitación demencial en el joven vampiro. Cuando estuvo a punto de seguirlos dos sombras cayeron ante ellos, acto que lo sorprendió.
Liam con frialdad observó a los recién aparecidos que habían capturado a sus presas, los reconoció al instante. Eran Ramón y Alicia, los vampiros que conoció ayer, lo miraban con cierta cautela.
Ramón sin perder tiempo asesina al cazador que tenía ante él perforando su pecho con su mano, causando una agónica muerte a su víctima. Alicia chasqueó los dientes al ver dicha escena y a su víctima la noquea con un certero golpe en la nuca, dejándolo inconsciente.
La mirada de Liam se fue intensificando esperando una explicación. No solo se encargaron de sus presas, sino que la desconfianza hacia ellos ahora era grande.
Un aplauso captó la atención del Cobe, el cual se giró al ver quién hacía semejante escándalo.
— Interesante espectáculo, mi estimado Liam. — saludaba el sombrerero con una sonrisa dejando de aplaudir.
— Tú, otra vez. — dice el nombrado frunciendo el ceño.
— Vaya indiferencia, partes mi corazón. — hablaba Tom tocando su pecho con exageración.
— Guiaron a los cazadores ante mí. — habló frunciendo su ceño hasta más no poder. — ¿Qué pretendes?
— Oh, oh. — alzaba sus manos indicando rendición el sombrerero. — Solo sigo ordenes, pequeño, no tienes que tomártelo tan personal.
— Liam...— Alicia solo murmuraba su nombre, se sentía culpable por el chico.
— ¿Dónde está esa mujer? — preguntó de pronto sorprendiendo a los vampiros. — ¿Dónde está Romina?
— Eeee…pues ella…— Tom desviaba la mirada sin borrar su sonrisa.
— Aquí estoy, Liam…— la suave voz de la reina retumbó el lugar y llamó por completo la atención, ella estaba sentada en el techo de un auto.
¿Desde cuándo estuvo ahí?, pensó el vampiro novato.
La ira comenzó a ofuscar su mente así que tomó la pistola de uno de los cazadores que se encontraba en el suelo y caminó hacia ella con intenciones asesinas, alertando a los presentes. Ramón y Alicia se colocaron rápidamente delante de Romina al sentir esa amenaza.
— No solo me convertiste en un monstruo, ¡también te diviertes mandando asesinos tras de mí! — exclamaba furioso el universitario mientras apretaba los puños. Su rojiza mirada intimidaba tanto a Ramón como Alicia.
— ¡Niño! Será mejor que no te acerques más. — soltó Ramón frunciendo el ceño, preparándose para asesinar al chico si hacía una tontería.
Romina sonríe ante la escena sin perder su serenidad, cosa que molesto mucho más al mencionado. — Las cosas no son así.
— ¿Ah, ¿no? ¡Entonces explícame! — grita con ira apuntándola con el arma. — ¡Dime cómo puedo volver a ser humano!
— Ow, ¿acaso no te gusta ser vampiro? Eso me hiere. — comenta Tom fingiendo indignación en su mirada burlona. Liam perdió la paciencia, se giró y le disparó al sombrerero; pero al ser inexperto en dicha arma falló lamentablemente. — ¡Oye!
— Te prometo que la próxima vez no fallaré. — decía el joven vampiro, causando otra risa en el sombrerero.
— Me recuerdas tanto a él…— murmuro Tom con una mirada nostálgica. El chico decidió ignorar su comentario.
— Ahora, Romina. — dice apuntando a la nombrada, alertando a los dos guardianes que la protegían. — Dime como volver a ser humano y acabemos con esto.
La mujer de cabellera plateada se levanta de su lugar. — No hay manera para dejar de ser vampiro.
— No seas estúpida. Si hay una forma en dejar de ser humano, entonces debe haber una manera para volver a serlo. — contestaba alzando la ceja.
— Ciertamente lógico, solo que no tengo idea de cómo hacer eso. — la mujer camina hacia el chico, sorprendiendo a Ramón. Estás destinado a ser un vampiro por toda la eternidad al igual que yo, estamos conectados.
— Reina…— murmuro con cautela Alicia observando como la líder de su r**a estaba cerca del chico que la apuntaba con un arma de fuego.
Romina le sonríe confiada y vuelve a dirigir su mirada hacía Liam. — ¿Entonces, ¿qué harás?
¡Esto se está poniendo bueno!, pensaba emocionado el sombrerero con una sonrisa de emoción mirando el ambiente de ambos vampiros.
— Ya no hay nada más qué hablar. — habló resentido el vampiro apunto de apretar el gatillo de la pistola, al tenerla tan cerca no podía fallar.
Todo pasó en cuestión de segundos. Sorpresivamente para los presentes el brazo derecho de Liam “la cual sostenía la pistola” fue arrancado de su cuerpo por una sombra, causando que la sangre del vampiro se esparciera por los suelos.
Su grito de dolor se escuchó por toda la calle.
Alicia fue la primera en detallar la sombra recién aparecida y abrió los ojos con sorpresa, ella reconoció al instante al hombre delante de Liam. — ¿Lucca…? —
Aquellas palabras fueron escuchadas por el joven universitario que miraba con verdadera sorpresa y dolor al suelo.
Mientras que Liam se arrodilla al suelo sosteniendo con dolor su brazo emputado en un vano intento de detener la hemorragia, con dificultad subió la mirada. Delante de Romina estaba un hombre de cabellera plateada y ojos rojos como ella, con un abrigo n***o que cubría casi todo su cuerpo.
Su presencia fue intimidante.