Capítulo 4

3730 Words
— No seas presuntuoso por ser la reencarnación de mi padre, mocoso. — habló aquel hombre con frialdad mirando con superioridad al chico ante él. — Incluso te imaginaba más alto.   Esas palabras dejaron helado al chico herido, olvidando momentáneamente su desgarrante dolor. Lucca, padre, reencarnación, vampiro. Oh, por Dios… Sus ojos se abrieron hasta más no poder por el impacto de la situación. Ahora todo cobrara sentido, ahora entendía porque los demás estaban tan interesado en él. Dirigió su mirada hacia Romina, la cual desvió la mirada con culpa. Alicia veía la escena inmovilizada y Ramón sonreía ante lo que veía. Mientras tanto Tom se comía las uñas completamente embargado de emoción. El segundo hijo de Drácula, Lucca Drack, se encontraba delante de la reencarnación actual del anterior Rey de los vampiros, Liam Cobe. Pero qué reunión tan conmovedora, pensó el sombrerero con una sonrisa llena de emoción. Abrí los ojos con suavidad, me encontraba en un espacio en blanco. Era casi como una habitación, pero blanca. Sentí un escalofrío en todo mi cuerpo cuando noté algo rojo a mis pies. Era sangre. Retrocedí unos cuantos pasos con temor hasta que mis pies se topan con algo, cuando giro mi vista, empalidecí. Eran las personas que yo había asesinado. Sentí unas inmensas ganas de vomitar. — ¡No! — grité comenzando a correr, las lágrimas comenzaron a atacar por mis ojos. Tenía miedo. Estaba tan concentrado en escapar que no noté que había algo en mi camino, lo cual me hizo tropezar. Al caer me mancho mi ropa de… ¿sangre? Me reincorporo para ver con lo que tropecé y lo que vi me dejará marcado de por vida. Era la cabeza de mi madre. ¡De mi mamá! Con desesperación noté que no solo esta eso, sino que ante mí estaban los c*******s de mi papá y de mi hermano menor… Me sujeto la cabeza con fuerza, ¡voy a volverme loco! ¡¿Qué mierda significa esto?! — ¿Entonces esto es tu mayor temor? — escucho una gruesa voz a mis espaldas, causando que me sobresaltase. Cuando me giro para ver el dueño de esa fría voz me congelo. Es… ¿Soy yo…? No… — ¿Quién eres? — pregunté con cierto temor a la persona que estaba delante de mí, nuestro alrededor comenzó a cambiar nuevamente quedando todo en blanco. Pero siento que, en el fondo, yo ya sé la respuesta. El hombre con la misma apariencia que yo me sonríe con una extraña confianza. — No es necesario que responda tu pregunta, ¿verdad, pequeño? — responde con una serenidad inmutable. El hombre delante de mí tenía mí misma apariencia, con la anormalidad de su cabellera plateada y su gran estatura, pero sin duda él debía ser el padre de Romina y Lucca. — Vlad Drack…— musité para mí mismo, él continuaba sonriéndome. Su sonrisa juguetona me recordaba a Romina. Me señala con el dedo. — A partir de este punto, estás destinado a caminar por un destino bastante difícil. — ¿De qué hablas? — pregunté sin entender aun despavorido. — Los humanos y los vampiros. — me responde con calma bajando su mano y dirigir su mirada a otro lado. — Hace siglos, yo tuve el poder en mis manos para ser un juez… — ¿Un juez…? — él asiente. — El Dios que podrá salvar y proteger el mundo o en el Demonio en el que lo destruya. — responde bajando la mirada. — Un juez que decidirá si proteger a los humanos y exterminar a los vampiros, o guiar a los vampiros o extinguir a los humanos. Tragué saliva. — ¿Y qué decidiste?   Él vuelve a mirarme aun sonriendo. — Nada, yo quise ser el puente para la humanidad y los vampiros. Quería que todos tuviésemos paz. — frunce el ceño. — Sin embargo, los humanos siempre han odiado todo lo que es diferente. Así que fui traicionado y asesinado.   — ¿Qu…? Él ríe ante mi expresión. — Así es la vida. Así que dime, Liam Cobe…— mi mirada fija en mí me hacía pensar que podía ver a través de mi alma. — ¿Qué decides tú? ¿Estarás con los humanos o con los vampiros? Su pregunta me hizo temblar, bajé la mirada. — Yo… Él ríe distinguidamente. — No tienes que responderme ahora. — dice de pronto. — Pero cuidado, no confíes en los humanos. Yo traté de contestarle, pero de mi boca no salía una sola palabra. Vlad “o Drácula” seguía hablándome con una sonrisa, sin embargo, su voz se oía cada vez más y más lejos, hasta que llegué al punto de no escuchar nada. Desperté abrupto y sin perder el tiempo me levando de mi cama. Gruesas gotas de sudor recorrían mi frente y se deslizaban hasta mi barbilla para luego caer. Tomé mi cabeza con agitación. Tuve una pesadilla extraña. Los sucesos de ayer, aquellas personas tratando de cazarme y yo… Asesinándolos… Los c*******s de mi familia… Me levanté de mi cama y fui directo al baño, abrí la llave del lavamanos y me comencé a lavar las manos sintiéndome sucio. Me restregaba las manos con jabón con fuerza mientras las lágrimas se asomaban por mis ojos. Nada…no se quita… Me metí a bañar sin perder el tiempo y me lavaba todo el cuerpo con repugnancia. La sensación que cargo de ser un asesino no se va. La sensación de sentirme tan asqueado de mí mismo. No quiero, no quiero ser como ellos. No quiero ser un monstruo… Aprieto los dientes mientras cierro los ojos con fuerza, en plena ducha me apoyo en la pared y abrazo mis piernas. Mis lágrimas no cesaron. Después de un rato salí del baño y volví a entrar a mi habitación, dirigí mi mirada hacía mi ventana. Era muy temprano, quizás nadie de mi familia se ha levantado aún. Me vestí con lo primero que vi, unos pantalones negros y una camisa gris, encima de la misma usaba una chaqueta roja. Bajé a la cocina para agarrar una mandarina e irme a la universidad. Sin embargo, me llevé una sorpresa al ver a mi hermano menor desayunando cereal. Nuestras miradas se encontraron y él forzó una sonrisa. — Ho— hola, buenos días hermano. — me saluda con nerviosismo, yo desvíe mi mirada. — Hola. — le pasé por al lado, agarré mi mandarina y me dirigí a la salida de nuestro hogar. Ayer bebí una gran cantidad de sangre humana, así que no sentía absolutamente nada al estar con él, por ahora. No merezco estar con él ni con nadie de mi familia. No después de todo lo que hice ayer. Incluso intenté asesinar a Romina… — ¿Hermano? — la voz de Matteo me hace detener. — ¿Ya te vas? Es muy temprano. — Me iré caminando, así hago tiempo hasta llegar. — respondí seco, sin intención de continuar con la conversación. — Déjame ir contigo. — me dice de pronto. Iba a negarme, pero apresuradamente devoró su desayuno, se levantó de la mesa, tomó su mochila y caminó hasta mí. — Vámonos. Ambos salimos de casa en un silencio algo incómodo, era raro que Matt quisiese caminar conmigo. Mientras caminábamos mi hermanito me ve con timidez, se veía nervioso. — Oye. — me llamó, atrayendo mi atención. — Lo siento.   Alcé una ceja por la confusión. — ¿Por qué te disculpas?   — Por todo. — responde desanimado. — Cuando te vi en ese hospital yo…pensé que nunca más volvería a verte. Sentí miedo…— hablaba apretando los puños, sus ojos se cristalizaron. Tuve que respirar profundamente para no entristecerme también. — Recordé todas las veces que fui un mal hermano contigo y sentí mucha culpa. Incluso tuviste el accidente por ir a buscarme.   Ahora lo entiendo… Él se sentía responsable por mi accidente. Sonreí nostálgico al ver lo mucho que ha crecido, el tiempo ha pasado volando. Le acaricio su cabeza con cariño como en los viejos tiempos. — Ya no pienses en eso.   Él se ruboriza de la vergüenza por mi acto de afecto, ha pasado años desde que hice algo así por él. Teníamos la segunda oportunidad de arreglar nuestra relación fraternal, pero mi realidad era otra. Yo ya no soy humano. Y peor aún, ahora soy un s*****a. Solté su cabeza lentamente y desvié la mirada con desgano, él se queda en silencio nuevamente. Seguimos caminando hasta llegar a su secundaria, él me ve con una sonrisa. — Nos vemos más tarde, hermano.   — Sí, sí, cómo digas. — le pasé por al lado con sequedad comenzando a comer mi mandarina. Noté como su sonrisa desaparecía y su mirada entristecía. Así debía ser… Seguí mi camino hasta la universidad siguiendo comiendo mi mandarina, entré al enorme edificio y me dirigí a mi salón. En el camino me encuentro a Yaque con una amiga, ella al verme se sonroja. Los recuerdos del día anterior comenzaron a bombardear mi mente, sudé frío. — Yaque…yo…— murmuré con nerviosismo. Ella simplemente decidió ignorarme y entró a nuestro salón confundiendo a su amiga, la cual me observó extrañada y entró con ella. Suspiré frustrado. Quería buscarla, explicarle, hablarle. Pero lastimosamente era mejor así. Entré al salón “boté lo que quedó de mi mandarina en el basurero” y me senté en mi lugar de siempre. Después de un rato los demás alumnos entraron con el profesor y así comenzó la primera clase del día. Sobrecargué mi cabeza con mi mano mientras el día continuó con su curso natural. El profesor explicaba algo para un futuro examen mientras yo pensaba los sucesos de ayer, incluso habían mandado tarea y yo ni la hice. Después de no sé cuántas horas más tarde, llegó la hora del almuerzo. Todos mis compañeros salieron del salón, dejándome solo. Al ver el lugar vacío no pude evitar entristecerme. Ni Jesse o Yaque me dirigieron la mirada. ¡Bueno! Dejemos el drama para después. Me levanto de mi lugar y camino por los vacíos pasillos de la universidad, qué diferente se veía cuando no había nadie. Compré mi almuerzo y comí apartado de los demás, una hora después tuvimos que entrar nuevamente al salón por otra clase. Y horas más tarde, ya me encontraba saliendo de la universidad con cansancio. Sentía que ahora presenciar a clases era una pérdida de tiempo. — No sabía que fueras tan solitario, ¿no sueles tener amigos? — escuché una voz conocida detrás de mí, sonreí al reconocer un olor. Me giré hacía atrás para ver a la vampiresa que conocí ayer, Benny, la cual estaba bebiendo un jugo de tomate. — ¿Y tú no te cansas de aparecer detrás de mí? — pregunto con fastidio. — Solo quería sorprenderte, pero veo que te has acostumbrado a tener sentidos sobrenaturales. — me responde sonriéndome. — No solo notaste mi olor, sino que también lo reconociste.   — ¿Y? ¿Qué es lo que quieres? — pregunté cambiando de tema, ella camina hacia mí con una confianza extraña. — Uhh, alguien está de mal humor.   — Un poco. Digamos que no he tenido una semana agradable. — contesto desviando la mirada. Los recuerdos del día anterior vuelven a materializarse por mi cabeza sin querer. Ella borra su sonrisa. — Ya veo, Romina tiene algo que ver. Cierto, se me olvidaba que puede leer mi mente. Puta habilidad. — Oye, no insultes mi habilidad. — habla el vampiro entrecerrando los ojos haciendo reír. — Y ya deja de hacer eso, pareciera que estuviese hablando sola y las personas me ven raro.   Y era cierto, mis compañeros la veían como un bicho raro. Eso causó que me carcajearse ante ella. — Tú eres la que viola la privacidad de mi mente. — decía limpiando una lagrimilla traicionera. Ella ríe a carcajadas por mi comentario. — Lo siento, a veces lo hago sin darme cuenta. — hablaba entre risas. — Por cierto, ¿quieres acompañarme a un lugar?   — Eh, ¿ahora? — pregunté alzando una ceja sin entender. — Claro, no tienes nada más qué hacer con tu vida. — me contesta para luego terminar su jugo. Era cierto, pero que ella me lo confirmase con tanta confianza me ofendía. Ante aquel pensamiento sonreí, sentía que tenía una amiga sincera en todo este nuevo mundo que me estaba enfrentando solo. Pero… — ¿Podríamos dejarlo para otro día? En serio hoy no me siento muy…bien. — dije bajando la mirada, ella no se ve sorprendida por mis palabras. — Lo entiendo…— la chica sonríe comprensiva. — Supongo que aún hay cosas que debes digerir en tu mente.   Asentí algo desanimado. — Prometo invitarte para la próxima invitarte un helado o algo. — Eso espero, pequeño Liam. — dice acariciándome la cabeza confianzudamente. Imagino lo veterana que debe ser para que me trate como un niño pequeño, con ese pensamiento reí internamente. La vampira me da un suave golpe en mi brazo derecho. — Vieja tu abuela. Reí a carcajadas ante eso, como siempre, olvidaba que ella lee la mente. — Benny…— la llamé cabizbajo. — ¿Sí? — — Tú… ¿alguna vez conociste a Vlad? — pregunté con seriedad mirándola fijamente, ella entreabre los ojos con sorpresa. Después de largos segundos en silencio, ella desvía la mirada. — Eso es algo que hablaremos en otro momento. — me responde mirando a otro lado, eso me indignó. Intercambiamos números y nos despedimos. Sigo sin entender qué relación tuve con ella en mi vida pasada para que se comporte conmigo así en la actualidad. Pero ahora sé con certeza que ella me ve como Vlad Drack y no como Liam Cobe, al igual que todos. Apreté los puños con una creciente ira. En fin, sin más suspiré y comencé a caminar empapado en mis pensamientos. Tengo en la mente grabado los c*******s que sin compasión asesiné, sostuve mi cabeza con irritación. La sensación no se va. Y lo peor del caso es que disfruté tanto matarlos. Mi pensamiento me horrorizó. ¡No puedo seguir así! Comencé a correr a una velocidad moderada “como corre un humano normalmente, ya que hasta ayer me di cuenta de las capacidades sobrehumanas que poseía” sin rumbo fijo, quería alejarme de todo. Después de largos minutos corriendo llegué a un edificio abandonado, me recargué en una pared un momento para recuperar el aliento y comencé a subir hasta la azotea de dicho edificio con una clara idea en mente. Después de subir unos dieciocho pisos pude llegar al lugar que buscaba, la azotea. Caminé con duda hasta un muro que había en el lugar, si lo saltaba quizás yo… Me quedé delante de ese muro absorto en mis pensamientos, veía la vida humana desde las alturas. La vida que yo ya no poseo. — ¿Vas a saltar? — me pregunta una voz bastante conocida para mí a mis espaldas, llenándome de una inmensa tranquilidad. Giré mi cabeza y sonreí con burla. — Parece que a todo el mundo le encanta aparecerse detrás de mí.   Romina, la cual era la que estaba delante de mí, se mantuvo serena y calmada. Su largo cabello plateado y su n***o vestido flameaba por la fría brisa de la tarde que flagelaba la ciudad. Ella bajó la mirada. — Es normal cuando a veces alguien pierde un propósito en la vida. — habló con su suave voz. — Pero si te quedas un poco más en este mundo tal vez descubras algo valioso en él. — comenzó a caminar lentamente hacía mí con una mirada tan calmada que sus palabras me dejaban en silencio. — Así como yo te descubrí en un accidente como ese.   Fruncí el ceño al recordar ese evento y desvié la mirada. Ella llegó a mi lado y notó la increíble vista que teníamos desde las alturas. — ¿Por qué estás aquí? — pregunté de pronto después de estar callado, ella baja la mirada nuevamente. — No lo sé…— me responde desviando su mirada al cielo para ver mis ojos. — Quería estar contigo…después de todo lo que pasó ayer.   Ayer… Ahora era mi turno para bajar la mirada y me recargué en el muro. — Lo siento. — dije llamando su atención. — Por haberte apuntado con un arma. Ella niega con la cabeza. — No, yo siento haberte hecho pasar por todo esto.   La poca resistencia que había creado desde ayer comenzó a desmoronarse lentamente. Sostuve mi cabeza con ambas manos para ocultar las lágrimas que crecían en mis ojos, los c*******s y la sensación de asco no se iban de mi cabeza. — Estoy demente. — ¿Eh? — ella abre los ojos sin entender. — ¿Por qué lo…? — Ni siquiera puedo ver a mi familia a los ojos. — la interrumpí comenzando a temblar, el llanto poco a poco era incontrolable. — Me he alejado de mis amigos más cercanos por miedo en hacerles daño…— hablaba con un nudo en la garganta que poco a poco crecía. — Las imágenes de las personas que asesiné me atormentan. — Liam…— la tranquila mirada de Romina se transformó en una de tristeza. Por alguna razón desconocida me estaba sincerando ante una completa extraña que, de paso, me había convertido en vampiro. Pero sentía que podía… ¿confiar en ella? Apreté mis labios para evitar soltar un sollozo. — ¿Qué está pasándome? — pregunté mirándola sin importar que viese mis lágrimas caer, ella me observaba en completo silencio. — Cuando maté a esas personas me sentí tan bien, incluso creo que…no me importaría seguir matando. — cerré los ojos sosteniendo mi cabeza de nuevo con fuerza. — Tengo miedo que lo que tengo en mi interior consuma la poca humanidad que me queda. Me estremecí al sentir los cálidos brazos de la reina vampiro a mi alrededor. — Todo va a estar bien, Liam. — me susurraba con suavidad en mi oído. — Llora todo lo que quieras, así que no te preocupes. — seguía hablando mientras yo me aferro a su cuerpo a llorar con más fuerza. — Yo estaré para protegerte. Lloré y grité como un niño pequeño mientras la tan temida Reina vampiro me consolaba con mucho cuidado y afecto. Después de tantas horas ya había caído la noche y nosotros aún seguíamos abrazados. Por la incomodidad me distancié un poco de ella y la vi. A través de la luz de la luna y las estrellas brillando detrás de ella se veía tan… Hermosa. — ¿Ya estás mejor? — me pregunta con una sonrisa sacándome de mis pensamientos. Sentí mis mejillas y sequé lo que me quedaba de lágrimas. Asentí con una sonrisa. — Gracias por…escucharme. — Gracias a ti por sincerarte conmigo. — hablaba sin dejar de sonreír. — Pensé que me odiabas. — dijo esto último en un susurro. Sentí un olor conocido acercándose a nosotros, el olor no era humano. Giré mi vista para notar que Alicia aparecía de la nada. — Su majestad. — decía la chica haciendo una reverencia. — Lucca me pidió que le dijese que él lo estaba esperando para conversar en hacer su próximo movimiento contra los cazadores. Sus palabras captaron mi curiosidad. La actitud de Romina se volvió fría y se cruzó de brazos. — ¿Qué información tenemos? — pregunta la reina mirando a su subordinada. — Los humanos han creado una droga con la que potencian sus habilidades temporalmente. — responde el vampiro de cabello rojo, sorprendiéndome con sus palabras. — ¿Una droga? — pregunté sin entender, Alicia me mira. — Con esa droga aumentan exponencialmente sus habilidades físicas, sin embargo, no es perfecta ya que es temporal. — me responde la vampira con tranquilidad. Romina se veía pensativa con una mano en la barbilla. — Esto se está complicando más. La vi con preocupación, no entendía lo que pasaba. — Es solo cuestión de tiempo que esto se vuelva una guerra. — habla Ramón entrando a la azotea con seriedad. — Esos asquerosos humanos intentan cazarnos sin piedad. — Pero no entiendo, ¿por qué los humanos cazan vampiros? — pregunté con temor apretando los puños. — Es obvio, niño. — me contesta Ramón con seriedad. — Los humanos quieren ser la r**a dominante, esto ha sido así desde hace siglos. Alicia asiente, dándole la razón. Yo fruncí el ceño. — ¿Y cuál es la solución? — le pregunté con seriedad. — Atacar primero. — me responde el vampiro sin quitar su mirada en mí. — Debemos erradicar a la r**a humana. — ¡No! — exclamé sin pensar horrorizado por aquella respuesta, todos me vieron sorprendidos. — ¡Debe haber otra manera! Romina suspira. — Liam, vete a casa. Debo hablar con mi hermano. — me ordena la Reina con seriedad. — No me trates como a un niño. — le digo con molestia, ella se me queda viendo fijamente. Ramón tose falsamente llamando la atención. — Para nosotros lo eres. Fruncí el ceño ofendido. — Alicia, Ramón, acompañen a Liam a casa. — ordenó cruzándose de brazos ganando nuestra discusión. — Entendido. — responde Alicia. — Qué fastidio. — suspira Ramón. — Pero…— no me dio tiempo de protestar porque Romina desaparece en un parpadeo, impresionándome. — ¡¿Se teletransportó al estilo de una bala?!— exclamé maravillado. — No seas estúpido, solo se fue a toda velocidad. — me dice Ramón en un tono burlón. — ¿Acaso te encanta romper mis ilusiones? — pregunté con una vena palpitándome en la frente por la frustración, Alicia sonríe ante esto. Los tres bajamos del edificio y nos dirigimos a mi hogar. En el camino charlamos bastante y con eso pude conocer un poco más a los dos. Alicia era bastante amigable y habladora cuando entraba en confianza, aunque siempre tenía un aura de cautela. Ramón era el típico chico malo y vulgar, pero como amigo no era nada desagradable. Me trataba como un mocoso, pero al menos no me despreciaba por haber pertenecido a la r**a humana hasta hace poco. Pero a pesar de todo eso, siento mucha confianza con ellos. Además de con Romina y Benny. Creo que podría acostumbrarme a la vida de un vampiro.
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