Los dueños de El Cotidiano, como era costumbre, organizaron una cena, en plena redacción, celebrando el aniversario del diario. Todos los años hacían lo mismo. Aprovechaban el amplio espacio de la mesa de edición, contrataban mozos, traían deliciosa comida por delivery y reunían a todo el personal periodístico, en el marco de una ruidosa reunión de confraternidad y armonía, en medio de mucha música, alegría, palabras emocionadas, recuerdos, anécdotas y por supuesto chismes por doquier. El cierre se hizo temprano y cuando llegó la comida, nos ubicamos todos en nuestros lugares, armados de tenedores y cuchillos, listos para dar trámite a los sabrosos menjurjes que, como todo año, nos servían, entre risotadas, empujones, tomadoras de pelo, y las vivencias de todo lo que pasamos en la noble t

