Estaba demasiado nerviosa, tenía mi corazón rebotando en el pecho, estrujaba los huesos de mis manos, parpadeaba y mis rodillas se golpeaban una con la otra impetuosa y febril. No solo era mi primer viaje al exterior, sino que me sentía intranquila e insegura por tener que entrevistar a Stuart Vásquez. Él me gustaba mucho, era verdad, pero yo no quería involucrarme sentimentalmente con él, aunque, ciertamente éramos más que amigos. Yo le gustaba mucho a Stuart, no me cabía duda, y eso aumentaba aún más mi incertidumbre. Me encontraba, entonces naufragando en la incertidumbre, sin saber dónde asirme o encontrar una salida a la marejada que me azotaba en forma inclemente. Por eso me sentía demasiado impaciente, angustiada y por supuesto aterrada de enfrentarme a él. Cuando llegué a Buenos A

