Finalmente acepté casarme con Stuart, pero bajo mis condiciones: yo no renunciaría al diario ni él dejaría el fútbol. -Tómalo o déjalo-, le dije divertida ese lunes, cuando lo esperé a que saliera del aeropuerto y después que terminó de ser entrevistado por todos los colegas. Yo lo esperaba con una larga sonrisa dibujada en mis labios, haciendo brillar mis ojitos. Él, como siempre, lucía hermoso, con sus pelos desordenados, la barbilla sin afeitar pero con esa estampa hercúlea que me desbarataba y me derretía como una barra de mantequilla. -Será una relación con muchos paréntesis, entonces-, me besó él apasionado. -¿A ti te importa?-, le pregunté hipnotizada a su mirada tan varonil, maravillada de su rostro tan viril, sintiendo el calor de sus manos yendo y viniendo por mis hombros y enc
Download by scanning the QR code to get countless free stories and daily updated books


