La pelea que tuve con Maicol fue mi culpa, lo reconozco. Y todo es porque a mí me encanta bailar. Modestia aparte, soy campeona en todos los ritmos, desde un rock lento hasta una salsa o un estridente reguetón. Bailo muy bien además, con mucha cadencia y sabrosura, desparramando sensualidad y cadencia. Siempre acaparo las miradas en las fiestas, porque derrocho lisura danzando frenética, con mucho sabor y salero. Los chicos se pelean por invitarme a bailar y yo encantada acepto todo, aún el muchacho no sepa bailar porque, al final de cuentas, me divierto bastante, disfruto y gozo a mis regaladas anchas, meneando las caderas, lanzando mis pelos al aire, flexionando las rodillas o haciendo las veces de una serpiente áspid emergiendo de la canasta, encandilada por la música del encantador de

