-Entonces -me senté en el sofá, frente a mis padres. Ambos se veían cansados, pero realmente necesitaba algunas explicaciones-. ¿Qué onda con ese chico? -Mi madre miró a mi padre.
-Es una larga historia. Bonny, estamos algo cansados. ¿No podemos hablar mañana?
-No -negué rotundamente-. Será rápido. Haz un resumen.
-Bonny...-Callé a mi padre con la mano.
-Por favor -me relamí los labios. Algo en Kevin me preocupaba. Y odiaba este sentimiento de preocupación. Aunque no tenía ni 24 horas de haberlo conocido. Que ilógico-. Necesito saber si hay algo en lo que pueda ayudar.
-Kevin es hijo de un viejo conocido -comenzó mi madre, de mala gana. Tenía sus hermosos ojos azules hinchados y me sentí mal por ella, pero no era el momento-. Él murió y él...Bueno, se volvió algo loco. Hemos estado investigando y parece que Kevin, su padre, tenía un viejo enemigo y creemos que él fue quién lo asesinó.
-¿El padre de Kevin era espía? -Pregunté. Mi madre negó con la cabeza.
-Era solo un investigador privado -se encogió de hombros-. Y Kevin trabajaba en el PPI de Rusia. Cuando se enteró de lo de su padre, vino directamente a Nueva York y comenzó a hacer locuras, buscando al asesino. Hablé con él y le ofrecí una mejor opción; que trabajara con nosotros y que encontrara con nuestra ayuda al asesino -suspiró y miró a mi padre-. Nos preocupa demasiado, así que queremos tenerlo un tiempo cerca de nosotros -ambos sonrieron-. Espero nos eches una mano.
Asentí. -Ayudaré en lo que pueda -sonreí, también-. Espera. ¿Y que hay de su madre?
-No tienen una muy buena relación -respondió papá-. No fue una buena madre tampoco.
-Lo entiendo -me levanté-. Entonces, buenas noches -sonreí.
-Buenas noches, Bonny -dijeron ambos al unísono, mientras se dirigían a su habitación.
Caminé un poco y me acerqué a contemplar la vista de Nueva York. Escuchaba a lo lejos el zumbido de la ciudad y eso para mí era algo tranquilizante.
-¿No puedes dormir?
Me sobresalté al escuchar su voz. Volteé y me encontré a Kevin de pie detrás de mí. Estaba usando unos monos y una camiseta que se ceñía a todos sus músculos. Su piel morena brillaba con la luz del lugar.
Que idiota sonó eso, Taylor.
-No -dije, casi estaba arrastrando las palabras-. ¿Y tú? ¿Necesitas algo? Puedes pedirme lo que sea, a la hora que sea -Kevin dio una sonrisa floja.
-¿Después de escuchar mi triste historia vas a ser linda conmigo?
-He sido linda contigo desde el principio -mascullé, entre dientes. Esta vez él se rió con más ganas. Me percaté de que quizás había estado escuchando la conversación con mis padres.
-Sólo quiero un poco de agua -dijo al fin. Me moví hacia la cocina más rápido de lo que creía. Tomé un vaso del mesón y tomé la jarra de la nevera. Le serví en el vaso y se lo tendí por medio del mesón. Él se sentó en una de las butacas.
-¿Quieres algo de comer? -Le pregunté. Esta vez no se incomodó ni se tensó como antes y eso me hizo sentir aliviada. Extrañamente, comenzó a reír.
-¿Acaso quieres engordarme? A cada momento me preguntas si quiero algo de comer -se relamió los labios-. Es difícil mantener esta figura.
Sí. Me imagino lo difícil que debe ser.
Chasqueé la lengua. -¿Te cocino algo sí o no? -Pregunté, fastidiada. Él vació el vaso de agua y lo colocó en el mesón.
-La verdad, no -apoyó su barbilla en sus manos-. Si quiero algo de comer, sin duda te lo pediré.
-Me alegra saber eso -asentí, apoyando también mis codos en el mesón y mi barbilla en una mano.
-¿Realmente no vas a decirme nada de ti? -Levanté mi mirada y me encontré con sus ojos grises. Eran grandes, y con abundantes pestañas. De repente mi boca se secó-. Dime lo que sea.
-Lo que sea -murmuré de vuelta.
-Eso no vale -Kevin hizo un puchero. Yo puse los ojos en blanco.
-Pues, tendrás que conformarte con eso -me erguí y estiré mis brazos. Me estaba dando un poco de sueño.
-¿Tienes novio? -Soltó. Lo miré encarnando una ceja.
-¿Curioso acerca de eso? -Le pregunté de vuelta. Él se encogió de hombros.
-Eres una chica difícil de leer. No puedo decir a simple vista qué tipo de persona eres.
-¿Se supone que eso debe ser un halago? -Cuestioné, con una pequeña risa. Él ladeó la cabeza.
-Puedes tomarlo como quieras -me dedicó una media sonrisa-.Buscaré por mis propios medios qué tipo de chica eres -se levantó y se dirigió a su habitación-. Buenas noches, Bonny -desapareció por el pasillo y pude escuchar como cerraba la puerta de su habitación.
**
Me levanté a las seis de la mañana, como todos los días. No sabía qué clase de trastorno tenía que no podía seguir durmiendo después de las seis de la mañana. Aunque eso era genial para mí, ya que podía arreglarme con toda la paciencia del mundo y podía hacer un buen desayuno para todos.
Saqué mi trasero de la cama, me duché, me vestí, me peiné y luego de unos minutos estaba lista para comenzar mi día.
Cuando salí de mi habitación, me encontré con un animado Kevin sirviendo el desayuno.
Mi mandíbula literalmente llegaba al piso.
-Buenos días -saludó, con una sonrisa, mientras echaba mantequilla encima de una pequeña torre de panqueques-. Déjame adivinar; eres de las que come mucho y no engorda, ¿cierto?
Aún sin salir de mi asombro, me dirigí al mesón y me senté en una de las butacas.
-La verdad -hablé, tomando un poco de café -, no soy de mucho apetito. Como poco. No soy de las que come mucho.
Kevin chasqueó la lengua. -Lo seguiré intentando. Ten un poco de jugo de naranja.
-Iuhg. Paso. No me gusta el jugo de naranja. Ni nada que se le parezca.
-Tomaré nota, entonces.
-Wao. Qué sorpresa -giré para ver a mis padres listos para el trabajo. Y ambos estaban tan asombrados como yo por el magnífico desayuno.
-¿Tú hiciste esto? -Mi padre señaló a Kevin y luego al desayuno. Kevin asintió, mientras servía café.
-Sí. Espero no les moleste.
-Para nada -dijeron mis padres al unísono, sonriendo.
-Esta es también tu casa -dijo mi madre, mientras se sentaba en una de las butacas y degustaba el delicioso desayuno.
**
Luego de que tomamos el desayuno, nos fuimos a la agencia. La verdad es que yo pensaba no salir hoy de casa y disfrutar un poco más esta semana que me quedaba de vacaciones, pero mamá insistió en que la ayudara a organizar unos documentos.
Kevin se fue en su auto y yo me fui con mis padres. No podía evitar preocuparme por él, aunque era estúpido. Apenas lo miré dije que era un altanero y ahora, me preocupo por él.
Ten coherencia, Taylor.
Ya en la agencia, nos dirigimos directamente a la oficina. De camino me crucé con Rocío, mi amiga espía. Les dije a mis padres que los iba a alcanzar pronto.
-Quiero todo con lujo de detalles -insistió, sonriendo. Yo puse los ojos en blanco.
-Sí está viviendo con nosotros -dije, mirando mis uñas pintadas de fucsia-. Eso es todo.
-¿Y cómo es? -Rocío parecía muy emocionada con respecto a Kevin-. ¿Ya lo viste desnudo por casualidad?
-¡Rocío! -Chillé. No pude evitar ponerme roja como un tomate. Esta idiota.
-Está bien, está bien -puso los ojos en blanco-. Vamos a la oficina de tus padres. Tengo que ir allí.
-¿Tienes una misión? -Rocío asintió.
-Solamente espero trabajar con Kevin -murmuró, soñadora-. Me haré la damisela en apuros para que salve mi trasero -reí y la golpeé juguetonamente.
-Eres una agente de nivel internacional. No puedes ser una damisela en apuros -rocío asintió, pensándolo.
-Tienes razón.
**
Mientras mis padres trabajaban y hablaban con Rocío y Kevin -que como Rocío quería, iban a trabajar juntos-, yo estaba limpiando el polvo de los estantes y de los archivos. Había alguien que limpiaba toda la agencia, pero mis padres eran muy quisquillosos con este lugar y preferían dejarlo sucio a que alguien más lo toque. Creo que confiaban más en mí con la limpieza. Soy una obsesionada con eso.
-Creo que será mejor que trabajemos en ello la semana que viene -escuché decir a papá-. Hay que darles tiempo para que se estabilicen en un lugar. Allí los atraparemos.
-Kevin -lo llamó mi madre, con una expresión neutra-. Si atrapas a Galloway, puedes torturarlo para conseguir las respuestas que necesitas -Kevin asintió, con la expresión un poco ida del lugar. Sabía que estaba buscando al asesino de su padre. A lo mejor esta misión tenía que ver con eso.
Todos salieron de la oficina, quedándome solo yo. Rocío iba a entrenar y mis padres tenían una reunión. Y Kevin...
-Ey -volteé a la puerta al escuchar su voz. Kevin entró nuevamente a la oficina. Se quedó de pie con los brazos cruzados, mirándome divertido.
-¿Qué es tan gracioso? -Le pregunté, mientras volvía a mi oficio.
-Déjame adivinar. No eres espía porque le tienes miedo a las armas -me giré y le lancé una mirada fulminante. Al parecer no iba a dejar de tratar adivinar qué tipo de persona soy.
-No. Ni nada cerca -le di una sonrisa falsa.
-Ok, entonces, no eres espía porque no quieres preocupar a tu padres -sacudí la cabeza para mí misma.
-No me llama la atención -dije al fin-. No hay otra razón -seguí limpiando un archivo-. ¿No tienes algo que hacer? -Kevin negó con la cabeza.
-No -dijo. Luego de unos segundos en silencio, habló nuevamente-. Bueno, tengo que entrenar. ¿Quieres acompañarme?
Negué con la cabeza. -Paso -él chasqueó la lengua.
-Que aburrida eres -farfulló. Dio media vuelta y se fue. Suspiré profundo, inundándome en la soledad del lugar, pero mi teléfono sonó estrepitosamente. Saqué mi iPhone del bolsillo y contesté la llamada de mi madre.
-¿Hola?
-Bonny, ¿Puedes hacer las compras de la casa? -Al otro lado de la línea se escuchaba un poco de alboroto-. Tenemos un problema aquí y no creo que podamos ir a casa almorzar. Y no hay nada en la despensa. Lleva a Kevin contigo, para que te ayude con las bolsas. ¿Sí? Y hazle comida en casa, nada de comida chatarra -suspiré mientras alborotaba mi cabello.
-Está bien -y antes de poder decir algo más, mi madre colgó la llamada. Miré la hora en el teléfono; eran las 9:30am. La hora se había pasado volando. Tenía que ir en este momento al súper si quería hacer el almuerzo a tiempo.
Suspiré desdichada y fui a buscar a Kevin. No había pasado mucho tiempo desde que se fue, así que corrí para alcanzarlo en el ascensor. Y cómo lo pensé, estaba subiendo a este.
-Hola -lo saludé, cuando subí jadeante. El me miró y comenzó a reírse.
-¿Me vas a acompañar a entrenar? -Preguntó, parpadeando varias veces seguidas.
-No. Mamá me mandó a hacer las compras para el almuerzo. ¿Puedes acompañarme? -Kevin se quedó un poco atónito, pero luego sonrió.
-Claro.
**
Estábamos subiendo las bolsas de las compras al auto de Kevin, cuando vi que alguien venía hacia donde estábamos nosotros. Mi garganta se secó cuando lo vi. Lancé una mirada al auto de al lado; y sí, era el cruze de Tomas, mi ex novio.
¿Enserio, vida? ¡Pensé que lo habías matado!
Tomas terminó conmigo porque no soportaba que fuera más inteligente que él. Yo siempre quedaba de primera en las notas y él de segundo. Lloré como una desgraciada más o menos dos meses seguidos. El muy idiota le dijo a toda la escuela que me corté las venas por él y quedé como la loca s*****a despechada.
Lo odiaba.
Bien, no debo dejar que me afecte. Debo demostrarle que estoy feliz de la vida y que realmente no tengo ganas de clavarme un cuchillo en la garganta.
Maldito.
-¿Bonny? ¿Eres tú?
Perfecto. ¿Por qué tuvo que saludarme?
Dejé de subir las bolsas a la cajuela del auto de Kevin y me hice la sorprendida cuando lo vi.
-¡Tomas! Hola -le di mi mejor sonrisa falsa. Tomas comenzó a mirar el mustang blanco de Kevin y luego comenzó a mirarlo a él. Kevin era muy diferente a Tomas; Kevin tenía la apariencia de chico malo, con las botas militares, la chaqueta de cuero, el cabello n***o despeinado y las orejas horadadas. En cambio Tomas tenía los ojos marrones, el cabello rubio peinado cuidadosamente y siempre vestía jeans, converse y camisas de cuadros.
-Hola -saludó Tomas, con una sonrisa, pero sin dejar de mirar a Kevin-. ¿Cómo has estado?
Bien sin ti, idiota.
-De maravilla -sonreí-. ¿Y tú?
-Bien, muy bien. Estoy trabajando con mi padre mientras pasan las vacaciones de verano. -¿Quién le preguntó?
-Que genial -ojalá lo partiera un rayo.
-¿Y él? -Señaló a Kevin con la barbilla-. ¿Es tu novio? -Iba a decir que no, pero en ese momento, Kevin tomó mi mano.
-Sí -respondió Kevin, secamente-. Es mi novia. ¿Tú quién eres?
-Me llamo Tomas -dijo el idiota, ladeando la cabeza-. Bonny, no sabía que te gustaban este tipo de...chicos -miré a Kevin, que por alguna extraña razón, estaba como enojado. Movió su chaqueta de cuero, dando a relucir un poco de un arma que tenía dentro de su pantalón. La expresión de Tomas fue todo un poema y yo casi quise reírme en su cara.
-Bien, Tomas, mi novia y yo nos iremos -canturreó Kevin, con una sonrisa forzada-. Gusto en conocerte -Tomas asintió y subió a su auto hecho un manojo de nervios.