El camino a casa estuvo muy silencioso. Kevin iba tarareando alguna melodía que no conocía. Y me parecía estúpido que ninguno de los dos haya mencionado algo acerca de lo que acababa de pasar.
Le dijo a mi ex novio que él era mi novio, cuando realmente nos conocimos hace un poco más de 24 horas.
No estaba enojada, porque me sacó del aprieto, más bien estaba... Sorprendida, por su actitud.
Además, ni siquiera me había dejado pagar las compras. Le dije que no era necesario, pero solo me ignoró y pasó su tarjeta. Le dije que mis padres no iban aceptar esto, y solamente rió y dijo que no tenían por qué saberlo.
-Mamá se enojará si se entera de que pagaste las compras -le recordé. Él dejó las bolsas encima del mesón y me miró con fastidio.
-No se enojará si no se entera -dijo, mientras sacaba las cosas de las bolsas-. Además, no quiero ser un mantenido. Tengo el suficiente dinero para no serlo.
-Entonces, ¿por qué estás aquí? -Cuestioné. Mierda. Debí haberme mordido la lengua.
-Por qué Sonny me lo pidió -respondió lentamente-. Y como escuchaste, me estaba volviendo un poco loco -se encogió de hombros-. ¿No te has dado cuenta de que eres una especie de niñera para mí? Por eso tus padres te dicen que siempre estés a mi alrededor.
Parece tener coherencia.
-Sé que eres peligrosa -siguió, mientras volvía a su labor de sacar los alimentos de las bolsas-. Sé que estás bien entrenada. Puedes detenerme de hacer una locura, si eso llegara a pasar.
-Así que lo sabes, ¿eh? -Comencé a guardar todos los alimentos. La verdad es que era inevitable no criarse como espía cuando tus padres son los mejores que pueden existir. Y bueno, quizás presumo un poco, pero los he visto en acción. Desde pequeña me llevaban con ellos a la agencia. Cuando pude razonar, ya estaba reconociendo armas y ya sabía los pasos para desactivar una bomba. Y el resto se fue en entrenamiento físico. No soy buena en la lucha como mis padres, pero puedo dar unas cuantas golpizas.
-Podrías ser una agente de nivel internacional, pero no quiere -siguió, mirándome a los ojos. Iba en serio acerca de saber qué tipo de persona soy.
-Sí, bueno, no me gusta que mi trasero siempre esté en peligro -murmuré, sin quitar mi mirada de sus ojos-. Está bien, ya sabes mi pequeño secreto. Es tu turno.
Kevin lanzó una carcajada. Una linda carcajada.
¿Qué onda, Taylor? ¿Linda carcajada?
-Me costó mucho averiguar eso de ti. ¿Por qué debería decírtelo algo de mi tan fácilmente?
Buen punto.
-Bien, te diré algo de mí, entonces -accedí. Tenía que sacrificar uno de mis secretos, pero valdría la pena-. Soy diabética -Kevin levantó la mirada de la comida y la clavó en mí-. No es muy grave, pero tengo que tener mucho cuidado.
-Oh -farfulló-. Eso sí no lo sabía. Lo siento -negué con la cabeza.
-No pasa nada -tomé un paquete de galletas integrales y comencé a degustarlas-. Es tu turno.
-Bueno -se relamió los labios-. Quizás dirás que es una locura, pero también soy diabético -sonrió.
Bien, eso no me lo esperaba.
-Tenemos algo en común -comenté, sin dejar de mirarlo.
-Supongo. Hagamos el almuerzo.
-Está bien -ambos terminamos de guardar las compras y dejamos fuera sólo lo que íbamos a necesitar para el almuerzo.
**
Era medianoche y no podía dormir. Lo peor de todo era que no importaba lo tarde que conciliara el sueño, siempre me despertaba a las 6am. Salí de la cama y me dirigí a la habitación de mis padres. Como lo supuse, no habían llegado. Regresé a mi habitación por el teléfono y como lo supuse nuevamente, tenía un mensaje de mamá diciendo que se quedarían en la agencia resolviendo un problema, y que no me preocupara por ellos.
Salí nuevamente y me dirigí a la cocina. Abrí la nevera y saqué todo lo necesario para hacerme un té de limón. Quizás eso podría hacerme conciliar el sueño.
Mientras el agua para el té hervía, le lancé una mirada al piano que se encontraba cerca de la pared de vidrio. Papá tocaba el piano y me había enseñado algunas piezas. Me dirigí a él y me senté en el banquillo. Tenía algo de polvo, ya que últimamente ni él ni yo lo habíamos tocado. Levanté la cubierta y toqué una de las teclas. Estaba afinado.
Comencé a tocar una de las piezas que me enseñó papá. Concierto no 2 de Rajmáninov. Aunque era una melodía un poco oscura, era algo reconfortante.
-¿Qué haces despierta a esta hora?
Casi me caigo de bruces cuando escuché la voz de Kevin detrás de mí. Volteé a mirarlo con un poco de odio por haberme asustado, pero me percaté de que acababa de llegar de algún lado. Tenía las llaves del auto en la mano y estaba de pie cerca de la puerta. O quizás iba saliendo.
-Me asustaste -murmuré. Él guardó sus llaves en el bolsillo y se acercó a la cocina, en donde había dejado el agua hirviendo. Me levanté corriendo hacia él-. Yo lo hago.
-No -alejó mis manos-. Yo lo hago, está bien.
Preparó el té y lo sirvió en una de las tazas de porcelana que mamá no le gustaba ni ver por miedo a que se rompieran. Lo colocó frente a mí y yo procedí a tomar un poco. Estaba delicioso.
-¿Fuiste algún lado? -Lo miré curiosa, esperando su respuesta. Él tomó la taza de mis manos y dio un sorbo de té
-Sí. Fui a la agencia. Hablé un poco con tus padres.
-¿Qué hacen allá tan tarde?
-Están esperando a unos agentes que vienen de vuelta de una misión en Canadá. Están un poco preocupados por el estado de salud de uno de ellos -se encogió de hombros.
-Ya veo -mascullé. Kevin señaló el piano.
-¿La que tocaba eras tú? -Miré el piano y luego lo miré a él, mientras asentía.
-Sí -me removí en la butaca-. Ya sabes algo más de mí.
-Estoy contento de haberlo descubierto sin nada de trabajo -dijo de vuelta, con una sonrisa-. Será mejor que vayas a la cama. Ya es tarde -dejó la taza vacía en el lavavajillas-. Buenas noches, Bonny -se despidió. Luego se dirigió a su habitación y lo siguiente que escuché fue su puerta cerrarse.
**
Cuando desperté esta mañana, Kevin no se encontraba en la casa. Así que me dirigí a la agencia. Pero tampoco se encontraba allí. Cuando entré a la oficina de mis padres, ambos se encontraban muy entretenidos viendo algo en la laptop.
-Buenos días -los saludé, con una sonrisa. Mi madre levantó la mirada y cerró la laptop nerviosamente.
-Buenos días, cariño -dijeron ambos al unísono. Yo fruncí el ceño.
-¿Pasa algo malo? -Pregunté. Ambos negaron con la cabeza.
-No pasa nada -atacó mi padre-. ¿Desayunaste? ¿Deberíamos comprar algo de comer? -Yo asentí, animadamente.
Papá compró tortillas con mermelada y café. Comimos sentados en el piso de la oficina, riéndonos de lo loca que era mamá cuando estaba de novia de papá.
-Siempre le gustaba usar dos armas -dijo papá, mirando a mamá-. Y era muy imprudente.
Mamá frunció el ceño. -Eso siempre nos ayudó.
-No casi siempre -papá depositó un beso en su mejilla. Ella solo puso los ojos en blanco mientras le sonreía.
-Es extraño que aún no hayan llegado -comentó mamá, mientras tomaba un sorbo de café. Papá la miró.
-¿Hablas de Liam y Ram? Deben estar por llegar.
-¿Por qué crees que será su repentino interés en volver a Nueva York? -Preguntó mi madre, casi para sí misma.
Papá se encogió de hombros. -Creo que están siguiendo a Kevin. Trabajaban juntos en Rusia.
-Los rusos se enojarán si todos los agentes repentinamente quieren trasladarse a Nueva York -murmuró mamá. Papá movió la cabeza, en acuerdo.
**
Eran las tres de la tarde y no sabía absolutamente nada de Kevin. En el transcurso del día, ayudé a mamá a organizar una reunión con los entrenadores y encargados de cada sección de la agencia. Cuando la reunión comenzó, me dispuse a salir de la sala de reuniones. Normalmente me quedaba dormida escuchando todo.
Decidí que quizás debería escuchar un poco de música en la laptop. Así que corrí a la oficina de mis padres como alma que lleva el diablo, contenta por mi idea.
Cuando abrí la puerta, me sorprendí cuando vi a Kevin, y a dos chicos más dentro. Ellos voltearon a verme cuando cerré la puerta.
-Kevin -lo miré-. ¿En dónde estabas? -Kevin me miró y frunció el ceño.
-¿Por qué debería decirte? -Escupió, desviando la mirada a los chicos.
Auch.
-Ey, Rodríguez, andas un poco ácido, ¿no crees? -Dijo uno de ellos, con una sonrisa sarcástica. Era alto, igual que Kevin, y vestían casi igual, pero este chico tenía el cabello rubio, los ojos azules y la cara de un prefecto chico problema. El otro chico solo miraba todo en silencio, con una sonrisa. Este tenía el cabello castaño recortado y los ojos marrones.
-¿Qué coño haces aquí, Liam? -Escupió Kevin, en dirección al chico rubio. Este solo lo miraba sonriendo.
-El PPI de Estados Unidos siempre fue el mejor. Además, comencé aquí, ¿qué tiene de malo en que vuelva? -Dijo el chico rubio, mientras cruzaba los brazos frente a su pecho.
-No peleen, por favor -habló el chico de cabello castaño, mientras se masajeaba las sienes-. No somos aprendices, somos agentes de nivel internacional, demos el ejemplo -volteó a mi dirección y frunció el ceño-. Hay una junior mirando -comenzó a caminar hacia mi-. ¡Hola! -Me saludó, con una sonrisa ancha y brillante. Yo solamente lo miraba horrorizada.
-No es una junior -suspiró Kevin, caminando lejos del chico rubio-. Es la hija de los directores -el chico castaño congeló su sonrisa.
-¿Hija, dices? -Balbuceó el chico rubio-. ¿Sonny y Bryan tienen una hija? ¿Tan grande?
-¡Qué divertido! -El chico castaño volvió a sonreír-. Me llamo Ram Harrinson -me estrechó su mano. Yo la tomé y él empezó a sacudirla como si fuera una goma-. ¿Cómo te llamas?
-Bonny Taylor -murmuré. El chico ladeó la cabeza.
-¿Es una mezcla de Bryan y Sonny? -Yo asentí. El chico castaño asintió para si mismo-. Es simplemente divertido.
-¿En dónde están tus padres? -Me preguntó Kevin. Sus ojos grises se veían un poco cansados, lo que me hizo pensar que quizás tampoco durmió muy bien anoche.
-Tienen una reunión con el personal de la agencia -dije-. Pero, los estaban esperando -señalé a ambos chicos recién llegados-. Pueden esperarlos aquí. Les haré un poco de café.
Me dirigí al cafetín improvisado de la oficina y calenté un poco de agua para el café.
-¿Cómo va en lo que estás trabajando? -Preguntó el chico rubio, que por cierto se llamaba Liam. Kevin suspiró y se hundió en el sofá.
-Bien, supongo -frunció el ceño-. Aún no sé qué hacen aquí.
-Nos hacías falta -Liam hizo un puchero-. Los días fríos de Rusia no eran cálidos sin ti -Kevin puso los ojos en blanco.
-Somos un equipo -añadió Ram, asintiendo-. Somos como los tres mosqueteros en una versión sexy.
Kevin se masajeó las sienes.
-Puedo hacer esto yo solo -dijo entre dientes. Sus amigos no parecieron escucharlo.
-Regresar después de tanto tiempo es genial -suspiró Liam, mientras estiraba sus brazos-. Nada como las hermosas neoyorquinas.
Liam tiene cara de ser un playboy de primera.
Serví el café en los pequeños vasos de plástico, tomé unas galletas, coloqué todo en una bandeja y la llevé a la mesa frente al juego de sofás.
-Entonces -Liam me miró, y algo en cómo me observó de pies a cabeza me hizo sentir incómoda-, Eres la secretaria de tus padres, ¿no? -Escuché como Kevin se rio.
-Yo pensé lo mismo -concordó, mirándome. De repente mi corazón comenzó a latir más rápido.
Eres una idiota, Taylor.
Gracias al cielo, en ese momento entró mi padre. Caminó hacia nosotros, con una expresión neutra.
-Un gusto volver a verlos, chicos -dijo mi padre, en dirección a los nuevos agentes-. Bienvenidos a Nueva York, nuevamente.
-Gracias, Bryan -dijo Liam, sonriendo-. Esperamos ser de gran ayuda -papá sonrió y luego me miró a mí.
-Bonny, ¿podemos hablar un momento? -Yo asentí y lo seguí hacia afuera.
-¿Sucede algo? -Pregunté. Papá extendió sus brazos y me rodeó con ellos. Yo correspondí a su abrazo. Papá siempre me abrazaba, pero en estos últimos días, como ambos estaban ocupados, no había tenido tiempo de hacerlo.
-Quería decirte que tuvieras cuidado con los nuevos agentes -se separó de mí y clavó sus ojos verde mar en mi cara-. Son algo...ya sabes...
-Mujeriego -completé. Tomé su mano y luego sonreí-. Lo sé. Lo tienen escrito en la cara. No te preocupes. Sé cuidarme sola -él asintió.
-No le quites el ojo a Kevin -dijo, mientras se relamía los labios-. Es un favor. Luego lo entenderás.
Asentí. -Está bien. Lo entiendo. No alejarme de Kevin. Cuidarme de los chicos nuevos. Todo claro -sonreí. Mi padre me palmeó el hombro y luego se marchó.