El atentado de Hydra

1930 Words
—Tony, es mejor que alguno de nosotros te acompañe —insistió Steve con preocupación. —No empiecen con su sobreprotección alfa por favor —pidió Tony sobándose la sien—, me están provocando un dolor de cabeza terrible. Ya les dije que Bruce me acompañará y fin del asunto. Al siguiente día que los alfas confirmaron el embarazo de Tony, el omega decidió asistir a su doctor de cabecera para confirmar la existencia de esa vida creciendo en su vientre. Había decidido llevar a Bruce para evitar las crisis sobreprotectoras de los alfas, ya bastante drama tenía con sus propios síntomas como para también soportarlos a ellos. —Cuidaré de él, lo prometo —remarcó Bruce quien lo empujaba hacia la salida del apartamento mientras los demás se quedaban parados en la sala mirándolos marchar. Estaba seguro de que, si fueran perros, estarían emitiendo sonidos lastimeros de tristeza con la cola entre las patas y las orejas agachadas; se podía sentir su ansiedad por dejarlos ir solos. Era ridículo que teniendo veintitrés años siguieran tratándolos como niños a quienes tenían que seguir a todos lados. Tony y Bruce se dirigieron al estacionamiento de la torre charlando alegremente. — ¿Crees que nos sigan? —Preguntó su amigo subiéndose del lado del conductor de uno de sus automóviles más lujosos y llamativos. —Sería el colmo —se burló subiéndose del otro lado observando por el retrovisor; lo único que pudo distinguir fue un automóvil blanco que arrancó y salió del estacionamiento con tranquilidad. Esperaron un poco y cuando vieron que el ascensor permaneció cerrado, salieron hacia el hospital. El lugar no estaba tan lejos de allí, Bruce conducía con lentitud mientras hablaban de los avances de la investigación. —Todo apunta a que la base principal de Hydra está en Rusia —comentó su amigo—, encontré reportes de químicos nocivos que han entrado al país y es casi seguro de que en ese lugar se hagan los experimentos para crear alfas de rango superior. —Entonces iremos visitarlos lo más pronto posible —respondió emocionado. Esperó formar una atmosfera de entusiasmo, en cambio su amigo solo se carcajeó. —Steve casi se pone a llorar por verte ir al médico que está a la vuelta de la esquina, ¿crees que te va a dejar ir a una misión a Rusia? Tony hizo un puchero con su mirada fija en el retrovisor donde pudo distinguir un vehículo blanco. Su amigo tenía razón, era muy probable que su alfa hiciera uso de toda su fuerza para mantenerlo a salvo en la torre y desgraciadamente su armadura todavía no era por completo autónoma como para ayudarlos en la misión. —Tony… —susurró Bruce mirando con nerviosismo por el espejo retrovisor— ese automóvil… —Estaba en el estacionamiento —completó la oración al ver el mismo vehículo blanco de hace unos minutos. —Nos ha seguido desde hace unos minutos, es mejor que volvamos. Bruce aceleró y giró por una avenida casi vacía. El vehículo hizo lo mismo manteniéndose muy cerca de ellos. —Probablemente sea imaginación tuya, tal vez sea solo un admirador — respondió despreocupado—. Jarvis, analiza a las personas que vienen en el carro de atrás. —Señor —respondió la inteligencia artificial—, las personas no están en mis registros, lo único que le puedo confirmar es que portan una bazuca. Bruce y Tony se miraron atónitos. —Jarvis, mándame la armadura —alcanzó a pedir antes de que los tipos sacaran la bazuca por un lado del carro y les dispararan, mandando a volar el automóvil a varios metros de distancia. El vehículo dio varios giros por el pavimento hasta estamparse contra un edificio. —Tony —jadeó Bruce desabrochándose el cinturón de seguridad—, tenemos que escapar de aquí. Tony asintió haciendo lo mismo que su amigo con manos temblorosas, ambos salieron arrastrándose entre los escombros. Bruce le ayudó a ponerse de pie y lo sujetó de los hombros como si estuviera asegurándose de que estaba bien. —Basta —pidió apartando las manos a Bruce—, tenemos que irnos. Ambos intentaron ponerse en marcha, pero un dolor punzante en la pierna lo hizo caer de nuevo. Bruce se hincó a su lado y revisó su pierna herida. Tenía una impresionante abertura sangrante en el muslo, de la cual, no se había dado cuenta hasta ese momento que la pierna le falló. — ¡Te hicieron daño! —Exclamó su amigo con los ojos abiertos de par en par. La piel de Bruce cambiaba de color poniéndose verdosa. — ¡No importa! —Gritó Tony intentando ponerse de pie cuando se escucharon disparos impactar contra el carro que los estaba protegiendo— ¡Tenemos que irnos! — ¡No! —Rugió Bruce con una gruesa y furiosa voz que no le pertenecía— ¡Nadie lastimar a Tony! Vio con terror cuando su amigo se convirtió en la gran bestia verde que ya le había descrito y nunca había visto. Hulk rugió enojado y salió disparado en dirección a sus atacantes. Casi al mismo instante su armadura llegó y se metió en ella sintiéndose más tranquilo y listo para pelear. Salió de su escondite arremetiendo contra esos grandes sujetos. Ahora que podía encararlos, Jarvis contó a casi cincuenta tipos con los escudos de Hydra en sus ropas. Uno de ellos le estaba lanzando arpones a Hulk, lo cual, estaba limitando los movimientos de la gran bestia. Tony llegó con rapidez para ayudarlo y en cuanto estuvo libre, su amigo lo apartó de un manotazo haciéndolo chocar estrepitosamente contra un edificio. — ¡No ayudar! —Alcanzó a escuchar al sujeto gritar. Se sintió un poco temeroso al percatarse de que era verdad los comentarios Bucky y Nat. Cuando Bruce le cedía el control a Hulk se convertía en alguien irreconocible y letal, debía tener mucho cuidado si no quería salir lastimado y poner en riesgo su vida y la del supuesto bebé. Tony regresó al campo de batalla y entre los dos acabaron con los enemigos que estaban dispuestos a deshacerse de ellos. Cuando verificó que no quedaba ninguno consciente, activó sus propulsores para salir huyendo de allí y no quedar expuesto a la gran bestia; sin embargo, antes de que pudiera escapar, Hulk, tomó una de sus piernas y lo azotó en el pavimento. —Espera, Hulk —pidió en un jadeo. La bestia se agachó y le rugió con fuerza a la armadura. Tony aspiró una cantidad considerable de aire y se aventuró a abrir para enfrentarlo—, soy yo, Tony. Recuerda que estoy embarazado, no debes hacerme daño. El gran sujeto se agachó más y lo olfateó con cuidado. — ¡No armadura! —Sentenció Hulk tomándolo por la cintura con una mano y pateando la aludida hasta estrellarse contra un puesto de hotdogs, el cual, se había mantenido en pie durante la batalla— Hulk cuidar de Tony —masculló con la voz un poco más baja. —Entonces, grandote —dijo simulando una sonrisa—, si me vas a cuidar, todavía tenemos una visita médica pendiente. — ¡No! —Rugió la furiosa bestia helándole la sangre— Omega en peligro, Hulk proteger. Estaba a punto de contradecirlo cuando la bestia lo aferró con el brazo por la cintura y se elevó en el aire saltando de edificio en edifico en dirección a la torre Stark. Tony intentaba sujetarse de algo, pero no tenía nada a la mano, solo fue capaz de enterrar sus dedos en el gran brazo del tipo que lo sujetaba. No tardaron mucho en llegar, la bestia trepó por el edifico hasta llegar al acceso que estaba destinado para su armadura. Hulk atravesó la entrada destruyéndola a su paso, lo depositó con cuidado en el sillón y se sentó frente a él bufando y mirándolo con intensidad. Los tres alfas salieron de distintas habitaciones mirándolos con terror. — ¡Hulk! —Gritó Nat acercándose a toda prisa y expulsando sus feromonas— ¡Devuelve a Bruce! — ¡No! —Gritó la bestia golpeando el piso con fuerza— ¡Omega en peligro! ¡Hulk proteger! Steve se acercó a grandes zancadas hincándose frente a él para inspeccionarlo y cuando vio la herida en su pierna se levantó de nuevo en dirección al botiquín de emergencia. —El omega está con su alfa —se escuchó a Bucky quien se acercaba del otro lado esparciendo su olor—, él está bien, ahora regrésanos a Bruce, necesitamos hablar con él. —No —respondió Hulk en voz más baja atrapando a sus alfas en un fuerte abrazo y obligándolos a sentarse en su regazo como si fueran pequeños muñecos de plástico—, alfas no querer a Hulk, preferir a Bruce. —Claro que no, mi amor —canturreó Nat con dulzura acariciando el gran rostro—. A ti también te amamos y porque te amamos queremos regañar a Bruce y no a ti. Hulk los abrazó emitiendo un sollozo como si fuera un enorme cachorro mientras los alfas lo llenaban de besos y así fue perdiendo estatura y color hasta convertirse en el pequeño científico. A su vez, Steve, regresaba para atender su herida, rasgando lo que le quedaba del pantalón y dejando expuesta su pierna. —Bruce —reprendió Bucky a su pareja poniéndose de pie y tirando de él—, ¿en qué demonios estabas pensando cuando dejaste que Hulk se apoderara de ti? ¡Pudiste haber herido a Tony! —No lo hice a propósito —respondió Bruce exasperado—, unos soldados de Hydra nos atacaron, yo no sabía qué hacer y al sentir que Hulk estaba dispuesto a proteger a Tony dejé que tomara el control. — ¿Dónde los atacaron? —Interrumpió Steve sin perder la concentración en el vendaje— ¿Los interceptaron? ¿Los emboscaron en el hospital? Tony explicó lo sucedido y pidió que no regañaran a Bruce porque de no haber sido por él, probablemente ni siquiera hubiera sobrevivido. De improviso, en el acceso destruido, aterrizó su armadura desplomándose en cuanto tocó el piso y atrayendo la atención de todos. —Tu armadura no fue suficiente —reprendió Steve regresando su total atención a él. —No —admitió sintiéndose un poco vulnerable ante la fuerza de Hulk—, pienso trabajar en una con más resistencia. Steve lo observó con intensidad, como si muriera por decirle muchas cosas, aunque se mantuvo en completo silencio. —Prometo no exponerme hasta estar seguro de que la armadura es completamente funcional, ¿está bien? La mirada de Steve se aclaró un poco y lo abrazó por la cintura frotándose contra su vientre, lo que le recordó por qué habían salido en primer lugar. — ¡Fantástico! —Se quejó con sarcasmo reclinándose en el sofá— ¿Ahora cómo demonios monitorearán mi embarazo si no puedo salir? Los cuatro resoplaron al unísono. —Tony, por favor —recriminó Bruce quien tomaba las prendas que sus alfas le habían acercado—. Eres multimillonario como para comprar todo el equipamiento necesario para los ultrasonidos y existen las consultas a domicilio, ¿sabes? Tony entornó los ojos, ya había pensado en esa posibilidad; sin embargo, tenía la esperanza de poder recorrer las calles con tranquilidad para ir a sus consultas. Pero ahora sabiendo que los ojos de Hydra estaban puestos en él, era más seguro quedarse en aquel lugar, no tenía otra opción.
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