Pupe se sentó renuente y con cara de pocos amigos.
Lucas no dejaba de engullir comida tenía un apetito voraz, evidentemente, en todos los sentidos.
Ella comenzó a elegir cuidadosamente las frutas. Nunca había visto tanta variedad. También unos huevos y unas tostadas. Ella no comía demasiado. Su madre, que era excelente cocinera siempre la cargaba, le decía que comía como un pajarito.
Mientras transcurría el desayuno, en silencio, de repente Pupe sintió que Lucas había clavado la mirada en ella.
Mierda, está mujer se veía sexy hasta cuándo comía. Se llevaba la comida cuidadosamente con sus manos a la boca y de repente Lucas tuvo la necesidad imperiosa de alimentarla.
-que pasa?- le dijo ella con curiosidad un poco sonrojada
-ven acá ninfa- le respondió el con la voz gruesa y ronca
-para qué?- le respondió ella con cautela
-Mira Pupe- le dijo un poco exasperado- Nadie busco está situación, yo pedí una puta, vos podríamos decir que estabas en el lugar y momento equivocados. Porque conservaste tu virginidad con ese cuerpo para el delito no lo sé...-
-Esperaba al indicado- susurró ella agachando su cabeza, no sabía si el llegó a oírla
-La cuestión es que estamos acá. Tu me excitas como ninguna mujer lo había hecho jamás. Sé que piensas que soy alguna especie de depravado o monstruo s****l pero creeme cuando te digo que nunca soy tan vigoroso. Por alguna razón tenemos está química. Yo sé que también te gustó. Veo tus pezones duros a través de la bata y te sentí durante el baño, y ya no estás bajo los efectos de las drogas. Ya te dije que vas a conservar tu trabajo y vas a ser compensada. Lo que pasó no lo podemos deshacer. Pero al menos no podemos disfrutar del momento, puesto que ya estamos acá? Yo no vivo en Las Vegas pero decidí tomarme este fin de semana y quedarme acá contigo...solo vivamos el momento ok?- la miro inclinando la cabeza.
El vikingo era un hombre rudo, el típico macho alpha y si. La calentaba de una manera que nadie la había calentado en su vida. Y aunque Pupe era una mujer temperamental, no era necia. Sabía que él tenía razón.
-Alguna vez te dijieron que pareces un vikingo?-
El largo una carcajada -Si honestamente me lo dicen todo el tiempo, y más desde que se estrenó la serie...a vos alguna vez te dijeron que pareces una ninfa sexy y pornografica?-
- Mi primo solía decirme que parecía un hada.. pero él intento abusar de mi- dijo ella agachando la cabeza. Todavía podía recordar la escena cuando el muy maldito se le abalanzó en su habitación, aunque no había sido la primera vez. Siempre su madre la había protegido pero cuando ella murió...
-Hey- dijo el levantándome la barbilla con el dedo- nada de hada s****l ok? pero te molesta si te digo ninfa? quizá se me escapa...-
-no, ninfa está bien- la realidad era que nadie le había dicho ninfa excepto Lucas.
-Ven- le tomo la mano y la sentó en sus rodillas.
-que vas a hacer?-
- solo quiero alimentarte- por alguna razón recordó la escena de la ducha y se sintió caliente y mojada. Entendió que cuando se trataba de ese hombre, ella podría estar comatosa y aún así seguir caliente por el. El sabía que le atraía pero no sé percataba del efecto que producía en ella. Como su cuerpo traidor no cooperaba en su tarea de resistencia pensó que Lucas tenía razón. Su virginidad no la iba a recuperar y si bien siempre creyó esperar al indicado, ahora caía en la cuenta que siempre se alejó del sexo y los hombres más por miedo por la mala experiencia con su primo. Esa vez en la habitación había sido una de tantas, la gota que derramó el vaso. Y si bien era cierto que Lucas era mucho más grande, poderoso y peligroso que su primo no se sentía amenazada por él. Así que se relajó.
Una vez sentada en sus rodillas el empezó a alimentarla con fresas, y otras frutas jugosas. Le daba trozos en la boca y se detenía allí, metiéndole los dedos en los labios. La experiencia increíblemente erótica. De repente Lucas le bajó la bata y comenzó a besar su cuello mientras le masajeaba las tetas. Con mucho cuidado, pues aún estaba adolorida y el lo sabía rozo su clítoris con los dedos.
Lucas estaba duro de nuevo. Quería penetrarla pero no quería lastimarla, necesitaba que se recuperara para seguir follandosela y si la hería más eso iba a complicarse. De repente Pupe se sintió levantada. El la llevo a la cama y la depósito con delicadeza. Su bata completamente abierta. La de él también, dejaba entrever su pene enorme y venoso, ya estaba lubricado. Ella tembló mezcla de miedo y de algo más.
-No me temas pequeña, no te lastimare-
Dejo caer la bata y se acostó a su lado, apoyado sobre un hombro. El jugo con su pelo, le beso el cuello, las tetas, con sumo cuidado. Abrió sus piernas y depósito besos allí, muy suaves dónde se estaban empezando a formar moretones. Abrió los labios de su v****a y empezó a lamerla casi con dulzura. Llevaba la lengua de arriba hacia abajo. Pupe sentía que iba a explotar. Le metió un dedo y encontró su punto G. Comenzó a jugar con el mientras seguía lamiendola. De repente Pupe sintió que empezaba a formarse esa sensación que anticipaba el climax y acabo lanzando un chorro que mojó la cara de el. Contrario a lo que ella pensaba no se apartó con asco, al contrario se veía como el gato que se comió la crema.
-Perdon- susurró ella. El alzo una ceja.
-ppor esso- le dijo ella tartamudeando insegura
-Eso pequeña, se llama squirt. Y es algo que a los hombres nos calienta mucho. Así que no te disculpes. Ya te dije disfruta. Tienes un cuerpo hermoso, y respondes como ninguna mujer con la que había estado antes- lamió el líquido que había quedado sobre su v****a y se levantó sobre ella. Se sentó a horcajadas dejando su m*****o entre sus tetas.
-Tu no hagas nada- le dijo. Agarró sus enormes tetas y envolvió su m*****o con ellas y empezó a masturbarse -tenes unas tetas espectaculares, es un pecado que quisieras ocultarlas- siguió moviéndose hasta acabar. Lleno todas sus tetas de leche. Se levantó, y fue a buscar una toalla húmeda para limpiarla. Ella solo lo observó, callada. Expectante.
Por un momento simplemente sus miradas se cruzaron y quedaron así, cautivados los dos.
El golpe en la puerta los saco del trance.
Era Jake con todo lo que le había pedido.
Había algunas cosas más, que no le había dicho.
Dejo las cosas en el sofá. Y fue a sentarse junto a la joven sobre la cama. Le saco con ternura un mechón de cabello de la frente.
-Pupe, hay algo sobre lo que no hablamos querida. Verás no se si habrás notado pero no usamos protección.Yo estoy limpio, me hago chequeos periódicos. Estimo que tú también ya sabemos porque. Pero sabes, podría haber consecuencias de todo esto que hicimos.
Pupe sintió el momento exacto en que toda la sangre desapareció de su cara. Sintió que iba a desmayarse. Pedazo de idiota, lo único que le faltaba era embarazarse.
Viendo Lucas que la ninfa estaba a punto de desfallecer la tranquilizó -Pupe mientras yo esté contigo estás a salvó. Quédate tranquila, le pedí a mi guardaespaldas que compre la pastilla del día después previendo está situación- Dicho esto le extendió la caja que ella tomo temblorosa. Abrió el prospecto leyó, mientras ella leía Lucas le alcanzó un vaso con agua. Las tomó. - Gracias- le dijo. La verdad es que ella no había pensado en eso, y el podría bien no haberse hecho cargo. -Honestamente querida, ser padre no está en mis planes ni ahora ni jamás. No tuve una buena infancia ni un padre amoroso y honestamente un hijo es una gran responsabilidad. Nunca le haría pasar a una criatura penurias como lo hicieron conmigo. La realidad es que incluso pensé en la vasectomía pero por una razón u otra siempre estoy tan ocupado que lo termino postergando.-
El no quería ser padre, ni ahora ni nunca.
Pupe digirio las palabras. Ella sinceramente nunca había pensado en la maternidad. Supuso que en algún momento de su vida podría llegar algún hombre especial y tal vez podría formar una familia, como la que ella nunca tuvo...Ahora el pensamiento se desdibujaba. Pensó que al menos ya no era virgen, con lo cual quizás sería más fácil para ella relacionarse con el sexo opuesto. Ahora que cavilaba sobre ello se dió cuenta que al cuidar tanto su virginidad de su primo y los hombres en general, se había privado de tener relaciones, conocer gente, en definitiva nunca pudo comportarse como una chica de su edad relajada. Siempre resguardandose y protegiéndose del mundo. Tampoco tenía amigas, si compañeras con las que tenía buena relación, pero no verdaderas amigas. A pesar de encontrarse en esa situación volvió a sentirse liviana, como si se hubiera quitado una gran mochila de encima. Y mal que le pese, eso se lo debía en parte a Lucas.