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La última luna.

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intro-logo
Blurb

Una noche fue suficiente para cambiarlo todo, estar en el momento y lugar equivocado le jugó una mala pasada. Él solo quiso saber sobre aquella chica extraña de aquel callejón, pero no supo que gracias a su curiosidad se metería en unos muy graves problemas. Ella solo quería acabar con algo que debió hacerlo hace mucho tiempo, pero sin saber, sus destinos estaban unidos, porque así funciona el hilo rojo ¿no?

—Yo no creo en esas bobadas— aseguró.

el hombre ladeó la cabeza divertido— ¿Al menos oíste la leyenda?

—Solo es una absurda creencia occidental.

—La leyenda afirma que aquellos que estén unidos por el hilo rojo están destinados a convertirse en almas gemelas, y vivirán una historia importante, y no importa cuánto tiempo pase o las circunstancias que se encuentren en la vida. El hilo rojo puede enredarse, estirarse, tensarse o desgastarse… pero nunca romperse.

—Es decir, ¿te condena con alguien para toda la vida?

bufó— De todo lo que te he dicho, ¿solo entendiste eso?

se encogió de hombros— sí.

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Capítulo 1.
La luz de la luna alumbraba la única calle que se encontraba un tanto transitada, una chica de aspecto misterioso caminaba sigilosamente entre las sombras para no ser vista, sus pasos eran un poco apresurados, pero nadie parecía percatarse de su presencia pues las pocas personas que caminaban por ahí, disfrutaban de la hermosa y tranquila noche. Algunas personas paseaban con sus hijos, mientras que algunos lo hacían que sus parejas o mascotas y otras preferían admirar la luna sin ninguna compañía, pero toda aquella tranquilidad desapareció en tan solo fragmentos de segundos, cuando alguien comenzó a gritar y pedir auxilio desesperadamente, la gente se alarmó por oír aquellos gritos tan desgarradores, cuando un oficial que patrullaba por aquella calle decidió acercarse paró en seco al ver que una flecha era atravesada por el pecho de la muchacha, haciendo que caiga de rodillas y escupa sangre manchando así los zapatos del oficial, el policía palideció en ese instante, temblando, se acercó al cuerpo para comprobar su pulso, pero era muy tarde, la chica estaba muerta. Avisó a la central pidiendo refuerzos, pues no sabían a lo que se enfrentaban, la chica había asesinada ante los ojos de varias personas, los padres rápidamente se llevaron a sus hijos, los curiosos se acercaron para ver la escena, mientras que un muchacho se dirigió donde minutos antes se encontraba la chica, viendo que había un cuerpo más, pero este estaba con vida, su respiración era demasiado lenta, pero comprobó que había pulso al tocar su muñeca. también observó que el cuello de la chica tenía manchas de sangre, corrió hacia al oficial que se encontraba aún hablando por la radio, avisándole lo que había visto. El muchacho y el oficial se acercaron para auxiliarla, después de unos cuantos minutos la ambulancia llegó al lugar de los hechos llevándosela. Los peritos rodearon al cuerpo inerte, algunas personas aún seguían ahí, preocupados por lo ocurrido, el joven aún se encontraba en el callejón, tenía la vista baja, observando el suelo con las gotas de sangre, al subir la mirada unos ojos rojos brillantes lo veía fijamente, poco a poco se iba acercando al oscuro lugar. —Debería irse ahora mismo— soltó una voz suave desconocida para él. Volteó encontrándose con una chica que vestía una capa con capucha negra con algunos detalles dorados, la inspeccionó de arriba abajo, pero aún así no pudo observar su rostro, ya que estaba cubierto. —¿Por qué debería hacerle caso?— soltó un poco intrigado. —No es un lugar seguro para alguien como usted— contestó calmada. Remojó sus labios, inclinando un poco su cabeza— ¿Alguien como yo? ¿A qué te refieres con ¨alguien como yo¨? —A alguien mortal. El chico iba a soltar una palabra más, pero un ruido de algo caerse hizo que su atención vaya hacia el sonido proveniente, al ver que solo era un gato el que había hecho las bolsas de basura caer, volteó donde su mirada estaba segundos antes, pero la muchacha ya no estaba. Frunció los labios un poco extrañados, la buscó con la vista cuando salió del callejón, pero no había rastro de ella, los policías aún se encontraban ahí, algunas patrullas estaban estacionadas en la calle. Decidió acercarse a los oficiales con paso firme, uno de ellos lo reconoció como el chico que dio aviso sobre la otra chica, por lo que les dijo algo a sus compañeros, alejándose un poco de ellos, cuando el muchacho por fin llegó se apresuró a aclarar su garganta. —Oficial, disculpe, ¿usted por casualidad sabe por dónde se dirigió la chica del callejón? —Se fue a algún hospital cercano, si es que no me equivoco al que está a unos cinco minutos. este meneó un poco la cabeza negando — No, no me refería a aquella muchacha, sino a la chica que estuvo hace unos segundos antes. La radió sonó, dando aviso que lo requerían, soltó un suspiro frotando sus manos entre sí, enderezó su cuerpo y frunció un poco el entrecejo. —Nadie más que tú ha salido de ese callejón — contestó extrañado — Lo hemos estado vigilando por si salía alguien sospechoso, pero...dices que había una chica, ¿no? —Así es. —Bien, ¿ella ya se encontraba ahí? —No — contestó después de unos segundos —. No había nadie ahí, ella . . . ella solo apareció de la nada. —¿Cómo iba vestida? —Estaba cubierta. —¿Tenía una capa negra? Este asintió — Sí, de hecho tenía unos . . . —Detalles dorados — terminó el oficial por él, aún con el rostro serio, el otro individuo iba a preguntarle como es que sabía eso, pero nuevamente la radio del oficial volvió a sonar, este le regaló una sonrisa apenada — Lo siento, el deber me llama, gracias por todo. Y sin más se marchó dejándolo confundido e intrigado. El oficial se dirigía a paso apresurado hacia la patrulla y al equipo que se encontraban ahí. Tenía el rostro algo pálido y aún mantenía el entrecejo arrugado. —Ehh. . . jefe— murmuró uno de ellos— ¿Qué le dijo ese muchacho?, no se ve muy bien. El mayor levantó la vista pasando una de sus manos por su cabello—. Este es un caso rojo. Los cinco oficiales que estaban alrededor, dejaron de hacer lo que estaban haciendo para prestar atención a lo que decía. —¿Un caso rojo?— preguntó el moreno— ¿Estás seguro, Nick? —Amalia estuvo aquí. —Oh, vaya, sin duda es un caso rojo— musitó Daven— ¿Qué es lo que haremos? Nick los observó a todos, viendo que esperaban su orden, soltó un suspiro pesado. —Deben llamarla. —Se enojará— dijo el pelinegro alzando los brazos—. Se enojará muy pero muy feo, ella nos advirtió, es más ya hasta estoy sintiendo su golpe. —Daven tiene razón, Nick— habló Steven—. Nos dijo que esto pasaría y lo tomamos a la ligera— miró al ojiverde— también estoy sintiendo su golpe. —Solo llamenla— ordenó—. Yo me haré cargo. —Si insistes— murmuró Steven —. Conste que dijo que se haría cargo. —Luego no pida que la calmemos— añadió Gabriel—. ¿Quién la llamará? Nick miró al pelirrojo y lo señaló— Tú lo harás. —¿Qué? ¿Por qué yo?— exclamó. —Tú preguntaste, Gabriel, no te quejes. [ . . . ] Las suelas de sus zapatos sonaban al chocar con la mojada avenida que se encontraba más transitada. Lo que había iniciado como una noche tranquila se había convertido en una muy ajetreada e inesperada velada, los rumores habían corrido demasiado rápido, pero era de esperarse, las personas curiosas habían estado publicando todo lo que había pasado—para muy mala suerte de los policías— pero más bien de tener cuidado y resguardarse en sus hogares, prefirieron salir e ir al lugar de los hechos. Una acción un poco s*****a. Amalia a pasos algo apresurados se dirigió a la primera cafetería abierta que encontró, entrando desapercibida hasta llegar al baño del local, miró a los costados, percatandose de que nadie tuviera algunos ojos curiosos puestos en ella y cuando pudo ver que no era así, entró, cerrando así la puerta. Cuando pudo sacarse la capucha por fin y guardarla en su bolso, su celular sonó avisando que tenía una llamada entrante, con una mueca de molestia, a regañadientes lo tomó. —Más vale que sea importante, Gabriel. Tengo demasiado cosas que hacer para platicar contigo— musitó mirándose al espejo aplicándose un poco de rímel. Un suspiro se escuchó al otro lado de la linea—. Hola a ti también, Amalia, es un gusto volver hablar contigo nuevamente. —Bueno, el sentimiento no es mutuo, ¿qué pasa? —Estoy bien, gracias, ¿tú qué tal? Se mordió ligeramente la lengua para no soltar un mal comentario, se vió al espejo viendo que su maquillaje le había quedado perfecto—. Aunque no lo creas, me alegra oír eso, y estaba bien . . . —¿Pero? —Pero me llamaste— soltó. La risa ronca a través de la línea no se hizo de esperar—. Extrañaba tus muestras de cariño. —Lo sé— sonrío, pero su sonrisa no duró mucho—. ¿Qué ha pasado Gabriel? La línea quedó en silencio por unos segundos— ¿Por qué siempre tiene que ser algo malo?— intentó bromear. —Porque sino no me llamarías. —Ya, que feo concepto tienes de mí. Una sonrisa se formó en sus labios—. ¿Acaso estoy mintiendo, querido Gabriel? —No lo haces— respondió finalmente—. Pero igual, tienes un feo concepto de mí. —Sé cómo eres— la sonrisa que tenía desapareció dejando una mueca de molestia— . ¿Qué es lo que pasó, Gabriel? —¿Estás sentada?, porque creo que deberías estarlo, no digo que no dejas estar parada, porque tú puedes estar parada si quieres, pero quizá sea mejor que estés sentado, o que no estés bebiendo algo ahora mism . . . —¿Podrías ir al maldito punto?— interrumpió, guardando sus casos en su bolso. —Ellos volvieron. una risa salió de su garganta— Ya, ellos volvieron, sí, ¿y qué quieres que haga?, ¿anuncio a todo el mundo que ellos volvieron?, ¿una fiesta te parece bien?. —No, no me estás entendiendo . . . —No, tú no me estás entendiendo a mí. Se lo dije a Nick, él no quiso escucharme, ese ya es su problema. —Te necesitamos. —Yo los necesité, y no estuvieron ahí, ¿qué les hace creer que yo si estaré para ustedes?— la línea quedó en silencio—. Eso creí, dile a Nick que salve su trasero él solo. —Pero estuviste ahí. —Lo estuve, a mí no se me escapa nada, pero el que haya estado, no tiene nada que ver con qué me involucre. Se los dije, no quisieron escucharme, no tengo porque escucharlos, y si me disculpas, tengo cosas que hacer— y sin más que decir cortó la llamada. pasó dos mechones por detrás de su oreja, al ver que se encontraba perfecta, con mucho sigilió salió del baño, teniendo algunas miradas curiosas puesta en ella, ignorandolos salió del local por la puerta trasera, encontrando así su auto. —¿Y? —¿Y qué?— preguntó Gabriel mordiendo una manzana. —¿Y qué te dijo? alzó la vista de la fruta roja para mirarlo con una mueca—. Te dijimos cuál sería su respuesta, y todo es tu culpa. —¿Mi culpa? —Sí, la tuya— mencionó Daven, entrando a la habitación. —¡Oh, vamos!, no solo fue culpa mía. —Tecnicamente, lo fue— habló esta vez Steven—. Amalia solo tenía las mejores intenciones, y no quisiste escucharla, ahora parece que los papeles se intercambiaron. —¿Ahora todos están en contra mía? Gabriel dió otro mordisco más— Uhm, no es que estemos en tu contra, solo decimos la verdad, eres el único culpable aquí, sin ofender. —Que digas sin ofender, sigue ofendiendo. —Lo sé, pero debía intentarlo— se encogió de hombros. —¿Y qué haremos? —¿Haremos?, haremos me suena a mucha gente— comenzó hablar Daven—. La verdadera pregunta sería, ¿qué es lo que harás? —¿En serio?— los tres asintieron— ¿No van ayudarme?— negaron—. Soy su jefe, deben ayudarme. —Pero Amalia también es nuestra amiga— defendió Steven—. Y ya no estuvimos una vez con ella, y por tu culpa. —¡No fue mi culpa! —Claro, si amenazarnos con despedirnos no fue tu culpa, te entiendo. —Debía hacerlo, Gabriel. —¿Por qué?, ¿Qué ganabas con eso? ¿Que mi mejor amiga me odiara?. —Nuestra mejor amiga— corrigió Daven. —Aunque creo que es nuestra ex mejor amiga— murmuró Steven—. Y todo por tu culpa. La castaña maneja en silencio su vehículo, viendo la desolada carretera, cosa que no le extrañaba que sea poco transitada, la fachada de su casa se hizo ver a unos metros. —¿Ya estás llegando, cielo?— preguntó su madre, al otro lado de la línea. —Sí, de hecho, llegaré en menos de un minuto. —¡Iré poniendo la mesa!— chilló. soltó una pequeña risa—. Está bien, mamá, ya estoy estacionando el auto. —¡Perfecto! La castaña salió del vehículo cuando un hombre en terno le abrió la puerta. —Buenas noches, señorita Amalia. —Hola, Fredd. Es bueno volver a verte, ¿qué tal las vacaciones? le dió una corta sonrisa—. Estuvieron muy buenas, gracias por la recomendación. —No, pasa nada, para están los amigos— hizo una seña con sus manos, pasando a su hogar—. Iré dónde mis padres, ¡me saludas a Kelly y Aiden! con pasos algo apresurados se dirigió al comedor, dónde la pareja de esposos esperaba a su hija. —¡Llegaste!— habló levantándose tomándole de la mano, luego de depositar un beso en su frente—. La comida se enfría. —Hola, cielo— musitó el mayor dándole un beso en su cabello—. Tu madre ha estado emocionada por esta cena. —Lo está por todas las que tenemos— añadió divertida Amalia, dándole una sonrisa a ambos. —Eso— chasqueó la lengua. La señora tenía el ceño fruncido— Mami, no pongas esa cara, recuerda las arrugas. Soltó un jadeo. —¡No estoy vieja! —No he dicho que lo seas, solo quiero cuidar tu piel, ¿verdad, papi? —Exacto, amor. Entrecerró los ojos, alzándose de hombros—. Bueno, ¿qué tal estuvo tu día? tragó la comida. —Uhmm... —¿Fue algo malo? Ella meneó la cabeza dándoles a entender que no sabía—. Quizá, es un asunto de Nick. El lugar quedó en silencio por unos minutos, tenían la mirada puesta en sus platillos y lo único que se podía escuchar era la tranquilidad de sus respiraciones. —Oh, vaya, entiendo— asintió el señor—. Nick nunca cambia, eh. —¡Es un cabezota!— chilló la madre—. Se lo dijiste, dijiste lo que pasaría pero a él pareció importarle muy poco, ese tonto— meneó la cabeza—. ¿Y qué es lo que harás, cielo? —No pienso meterme, sacrifiqué mucho la última vez, no pienso hacerlo en esta, ya no. ¿no les molesta, verdad? negaron rápidamente—. Nunca nos molestará que quieras apártate de este mundo, es entendible, muy entendible. —Gracias. La velada transcurrió tranquila, dejando en un segundo plano lo que habían conversado minutos antes, se la pasaron entre risas y chistes. —Estuvo realmente exquisito— halagó el señor. —Sí— concordó la hija— muchas gracias— se levantó de la mesa queriendo recoger los platos, pero su celular vibró, haciendo que frunciera el ceño. —No pongas esa cara, recuerda las arrugas— repitió la señora, haciendo que la ojiazul la mirara divertida. —Denme un momento— se alejó a pasos lentos, deslizando la llamada—. ¿Quién habla? —Soy Nick, hola Amalia. —Ah, eras tú. ¿Qué es lo que quieres? —¿Por qué tan brusca? —¿Qué es lo que quieres, Nick? Resopló—. Ya sabes que es. —Mi respuesta sigue siendo la misma. —¿Y esa es un . . .? —No— sin más colgó la llamada. —¿Quién era, cielo?— preguntó su madre a la ojiazul cuando volvió. —Nick— resopló. —¿Qué dijo ahora? —Lo de siempre cuando está en problemas. ninguno prefirió decir algo más por lo que el salón quedó en un silencio, hasta que nuevamente el sonido de una llamada interrumpió. La chica soltó un suspiro cansado. —Disculpen nuevamente— deslizó la llamada al ver que era un número privado—. Habla Amalia, ¿qué desea? —Amalia, por favor, realmente es importante. La ojiazul movió un poco el aparato para ver el número con el que la habían llamado, poniendo los ojos en blanco— ¿En serio, Nick?, ¿Llamarme desde otro número?, ya te di mi respuesta, y no pienso cambiarla, ¿entiendes? —Creo que la que no entiende, eres tú, Amalia. soltó una risa carente de humor— ¿Qué?, ¿Te estás escuchando, Nick? —No, ¿Tú te estás escuchando? —Puedes irte a la mierda, Nick. —Créeme que estaré ahí si no vienes a ayudarnos. —Creo que ya te lo deje en . . . —Hablaré con los del clan. Frunció el ceño ladeando un poco la cabeza— ¿Qué? —Sí, hablaré con ellos y les diré como fueran las cosas realmente y que mereces ese puesto. negó—. No, así no funcionan las cosas, además yo no necesito eso. —Amalia, por dios, tú y yo sabemos que deseas esto desde que somos unos niños. —Pero muy poco te importó eso. —En verdad lo siento, lo hago sinceramente, ¿qué necesito hacer para que me creas? —Ya no hay nada que hacer. —Solo necesito que me escuches, hablemos, por favor. Ella quedó unos minutos en silencio, Nick pensó en colgar pensando que ya había colgado hasta que la suave voz de la ojiazul lo hizo sobresaltarse. —Está bien, mañana a las nueve de la mañana, no un minuto más tarde, si no te veo ahí, me iré. —¡Muchas gracias, Amali . . . chasqueó la lengua interrumpiendolo—. No he aceptado aún, en donde siempre. y sin decirla palabra alguna, Amalia cortó dándole fin a esa conversación. —La tienes pesado, eh. Ella alzó la cabeza encontrándose con su madre. —Supongo que al menos debo escucharlo. —No deberías, pero es muy amable de tu parte. —Soy demasiado amable para este mundo. Soltó una risa—. Tampoco así. Amalia frunció el ceño y la miró ofendida . — ¿Tampoco así?, me dueles, madre. —Bueno, señorita, creo que ya es hora de que vayas a dormir— sugirió el mayor—. Mañana te espera un día pesado. —Ni me lo recuerdes— suspiró—. Hasta mañana. —Buenas noches, cielo. la ojiazul luego de despedirse subió a la segunda planta yendo directamente a su habitación que en esos momentos se encontraba en penumbras, al prender la luz pegó un salto al ver alguien ahí. —¡Qué carajos!— susurró. La silueta volteó encontrándose con los ojos furiosos de la chica a lo que él le regaló una sonrisa inocente. —¿Me extrañaste?

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