KEMEROVO, RUSIA. Valery analizó el anillo. Sus dedos acariciaron la preciosa joya. Sin lugar a dudas, parecía haber sido hecha para ella, aunque nunca fue medido. Los ojos de la italiana y la forma casi dolorosa en como lanzó al suelo la pieza que simbolizaba su unión, lo hizo recapacitar un poco sobre los últimos acontecimientos. Lo que a ella le dolía era él, no Yeva. Su corazón hecho piedra, no pudo evitar fracturarse cuando el eco de su voz, le recordó porque le gustaba tanto. Esa expresión decidida y ese temperamento tan imponente le llamaban la atención más que cualquier cosa. Una insolencia se pagaba con la muerte, pero a ella podría perdonárselas todas. Era la única mujer que podía abofetearlo y esta vez, se lo había ganado. Su reclamo fue sincero y aguerrido. Iba a matarlo c

