Capítulo 10 : Límites

1331 Words
Me duché con agua tibia, dejando que el vapor borrara las imágenes de la noche anterior, pero fue imposible. Me puse el vestido que me había traído Bosco y seguro lo había escogido Matilde porque sabe mejor que nadie que me gusta ponerme. Salí del chalet y regrese entrando a casa de manera tranquila. El olor a café recién hecho me recibió antes que sus voces. Estaban en comedor ambos. Mi padre sentado en el cabezal de la mesa serio, con la camisa arremangada. Mi madre sentada a su lado, impecable como siempre. Con esa calma peligrosa que solo ella manejaba cuando algo no le gustaba en absoluto. —Buenos días —dije. Los dos levantaron la vista al mismo tiempo. —Buenos días, Blake —respondió mi madre, con una sonrisa que no terminaba de llegar a los ojos—. Siéntate. Lo hice. El silencio se alargó lo suficiente como para que el café supiera más amargo de lo normal. —Pensamos regresar mañana —empezó mi padre—. Ese era el plan. Asentí. —Pero decidimos adelantar el viaje —continuó—. Redwood Falls tiene la mala costumbre de hablar demasiado. "Ahí estaba" No bajé la mirada. Nunca lo hacía y menos cuando tenía que asumir la responsabilidad de mis actos. —¿Hablar de qué? —pregunté, aunque ya sabía la respuesta. Mi madre cruzó las manos sobre la mesa. —De música alta hasta el amanecer. De autos que no pertenecen a esta casa. De gente entrando y saliendo como si esto fuera... un club social. Solté una risa breve, sin humor. —Es un pueblo pequeño —dije—. Siempre exageran. —No cuando coinciden demasiadas versiones —respondió ella—. Dos fines de semana seguidos, Blake. Mi padre me observaba con atención, no con enojo, sino con algo más decepcionante: evaluación. —No somos ingenuos —dijo—. Sabíamos que al volver aquí ibas a necesitar espacio. Libertad. Pero una cosa es eso y otra muy distinta convertir la casa en un punto de reunión. —No es lo que crees —respondí, firme—. No fueron fiestas descontroladas. —¿Entonces qué fueron? —preguntó mi madre. Pensé en la piscina iluminada. En las risas contenidas. En la música suave del viernes. En Jax, apoyado contra la encimera, sintiéndose fuera de lugar. —Reuniones —dije—. Gente del pueblo. Nada ilegal. Nada fuera de control. Mi padre exhaló despacio. —Blake, no se trata solo de ruido o vecinos molestos. Se trata de límites. —¿Límites de quién? —repliqué—. ¿Del pueblo o de ustedes? Mi madre me sostuvo la mirada. —Nuestros. El silencio volvió a instalarse. —Regresamos antes —continuó ella— porque no queremos que esta casa se convierta en algo que no es. Ni que tú te pierdas en dinámicas que no te corresponden y lleves Alondra en medio de eso. —No me estoy perdiendo —dije, con más fuerza de la que pretendía—. Y Alondra no tiene nada que ver aquí porque no ha hecho nada malo. —Las decisiones también tienen consecuencias —intervino mi padre—. Y algunas llegan antes de lo esperado. Apoyé la espalda en la silla. —¿Van a prohibirme ver gente? ¿Cerrar la casa? ¿Poner horarios? —pregunté. —No —respondió mi madre—. Pero las reuniones se terminan. Al menos aquí. Y queremos saber con quién te estás rodeando. —¿Acaso no buscaban que socializara con el pueblo? —Repliqué —. No puedo agradarle a ellos y a ustedes. —No buscamos eso —dijo ella—. Buscamos protegerte. Sonreí apenas. —Siempre creen que necesito protección. —Porque siempre actúas como si no la necesitaras —respondió mi padre—. Y eso, Blake, es justamente lo que nos preocupa. Terminé mi café en silencio. —No voy a disculparme por vivir —dije finalmente—. Pero tampoco quiero que esto sea una guerra. Mi madre se levantó y se acercó. Me acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja. —Entonces encontremos un punto medio —susurró—. Pero entiende algo: Redwood Falls no es una ciudad. Aquí, todo se sabe. Y tú... llamas la atención quieras o no. Asentí. Porque eso sí lo sabía. Me levanté de la mesa con una mezcla de calma y tensión instalada en el pecho. Subí las escaleras en dirección a mi habitación por mi bolso porque había quedado de verme con las chicas en el café de la plaza. Decidí esta vez viajar en mi auto, Bosco no vendría conmigo porque llevaría a Alondra a casa de una de sus amigas. Al llegar ya se encontraban todas sentadas en una de más mesas de afuera, solo faltando yo. Al estacionarme y bajarme, me acerqué a ellas y apenas me senté cayeron los bombardeos. —¿Qué te hiciste anoche? —Preguntó Mila —. Te buscamos antes de irnos y fue en vano. —Y no trates de negarlo —Dijo Sienna —. Porque ni Alondra sabía dónde estabas. La chica de la cafetería se acerca con el menú, Harper rápidamente le dice que ya puede traer el pedido y se marcha. —Están loca —Me encoji de hombros —. Estuve todo el tiempo en mi habitación, no me sentí bien y me fui a dormir. La chica regresó con las malteadas colocándolas en la mesa y se marcha. —Mientes, porque fue el primer lugar donde te buscamos —Respondió Harper —. Además...Jax también desapareció. —¿Qué? —Musitaron al unísono Mila y Sienna. —¿Cómo sabes eso? —Preguntó Lily. —Porque Ethan lo estuvo buscando antes de irnos y no lo encontró. —¿Están saliendo? —Le pregunté directamente y pude ver cómo sus mejillas se ruborizaron. —Bueno, me invitó a salir y estamos siendo discreto con eso. —Es lo mejor, de lo contrario te casarán con él las malas lenguas de aquí. —Musité. —Entonces, ¿no piensas contarnos? —Preguntó Lily de manera picarona y negué —. Porque yo vi a mi hermano llegar muy temprano con la ropa de ayer. Mila y Sienna se ahogaron mientras Harper sonrió y me señaló. —¡Lo sabía! Escúpelo y cuéntanos. Me levanté de la mesa suspirando para tomar valor y contarles. Estaba por responder cuando la figura de un ser insoportable apareció frente a nosotros. —Pero mira nada más quien ha decidido socializar más en el pueblo —Siseo con desdén —. La princesita Hunter. Suspiré porque no me sentía con ganas de discutir con este ser tan despreciable. —¿Qué quieres Logan? —Musité despectivamente —. ¿Te hace falta un poco de atención? —¿Me la vas a dar? —Se acercó más de lo necesario haciendo que me pusiera en sobre alerta. Coloca su mano en mi mejilla y antes de que pueda seguir golpeo su entre pierna con mi rodilla izquierda haciéndolo caer al suelo sujetándose y soltando un gemido de dolor. —¿Quién diablos te dio permiso de tocarme? —¡Oh muñeca! No sabes lo que acabas de hacer. Se levanta y retrocedo al ver sus intenciones de acercarse nuevamente. Esta vez no llega hacerlo porque es impactado en la mejilla por un puño que lo hace caer con más violencia al suelo. —¡La tocas y te mato! Observó a Jax a mi lado el cual luce rojo de coraje. Noah y Ethan llegan a su lado y veo como alrededor todos observan lo sucedido. Estaba consciente de que algo había cambiado. Porque, en medio de todo esto, Jax ya no era solo una noche escondida. Ahora era una realidad. Una que el pueblo, mis padres... y yo misma, tarde o temprano, tendríamos que enfrentar...
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