El bosque me traga. No hay otra forma de decirlo. Cada paso que doy entre la neblina es como si estuviera a punto de pisar mal. Las ramas crujen bajo mis pies, pero el sonido se siente lejano, como si no fuera yo quien camina. Como si alguien más lo hiciera por mí. La chica que se puso a mi lado ya no está. No sé cuándo se desvió. El aire está helado. No como el frío de antes, ese que eriza la piel. Este es otro tipo de frío. Uno que se mete en los huesos y los hace doler. Empiezo a buscar. Todo está gris, árboles que parecen que hay sombras detrás de ellos. Sigo caminando. No sé hacia dónde. Solo sé que debo encontrarlos. –¿Quien está ahí?– hablo mientras camino hacia tras. –Todo estará bien Cloe. Marcello dijo que me observaría. Stef me pidió que siguiera mi instinto– me digo a m

