Al día siguiente pero por la tarde, Rodri llegó desde Turquía, una vez que aterrizó y dejó su familia en casa se dirigió a la hacienda Rúales. La empleada de servicio abrió la puerta, el hombre caminó hasta el despacho, por un instante se detuvo al ver a Kader limpiando unos cuadros. De pronto, Kader sintió que una mirada caía en su espalda, al girarse, pudo notar la mirada de Rodri. Este último suspiró y continúo su camino, abrió la puerta del despacho y clavó sus ojos en Santiago. —¿Cuándo llegaste? —Hace dos horas— suspiró y se acomodó en la silla fronteriza. —¿Conseguiste algún dato? —Así es, aquí está todo, desde su nacimiento hasta su muerte —¿Muerte?— Rodri suspiró y habló —dale una ojeada — Santiago tomó la carpeta aún mirándole. A medida que leía, más se le acartonaba el ro

