Ya con el brazo recuperado, Matías bajó por un vaso de agua, cuando volvió a la habitación, Eliza estaba sobre su cama. Su esbelta figura estaba cubierta por una bata transparente, la cual dejó caer al momento que se acercó a Matías. Este quedó en shock, cerró los ojos al momento que los labios de Eliza rozaron su cuello. —Matías, hazme tuya— pidió entre susurro, provocando que la piel de este se levante En cuanto a Matías seguía perplejo, había perdido la fuerza de sus piernas incluso la de su lengua. No fue hasta que los labios de Eliza rozaron los suyos que reaccionó, puesto que esos besos no se comparaban a los de su amada Maite. —No es apropiado que estés aquí, si mi padre te ve, no dudará en sacarte de la hacienda, es mejor que te vistas y vuelvas a tu recámara— comunicó y se entr

