Una vez que Santiago llegó a casa, caminó hasta el despacho y dentro encontró a Rodri, aquel hombre de edad media se había convertido en su gran amigo. Estrecharon sus manos y se acomodaron en sus respectivos asientos. La mirada de Santiago le obligó a Rodri carraspear su garganta. —Esta es toda la información que recaudé —¿Es grave? —No, pero un tanto extraño, sí. Rodri rodó la carpeta hasta Santiago, este último leyó detenidamente. Una vez leído frunció el ceño, pues no entendió porque la madre superiora le había mentido. —Llegó al aeropuerto desde California, y apenas aterrizó tomó el taxi con destino a la hacienda —Me estás diciendo que esa mujer llegó aquí sin que nadie le diera la dirección? —Así es, llegó sola, ni siquiera paso por el convento, eso lo hizo después de estar aquí. Y o

