A la mañana siguiente Maite bajó cargando una maleta, al verla el corazón de Matías se hizo añicos. —Me voy— miró alrededor de la sala y suspiró —Tu deseo al fin se ha realizado, era esto lo que siempre habías querido, pues ese día llegó. Volvió a soltar un suspiro y agarró la maleta para salir, antes de abrir la puerta la fuerte mano de Matías la detuvo, sobre el hombro lo miró y se perdió en esos ojos verdes que cautivaron su corazón. —¿Podemos Almorzar por una última vez, solos? El corazón de Maite parecía que en cualquier momento explotaría —¡Por favor di que sí! —Esta bien— Matías sonrió y palmó un beso en las manos de Maite, una vez hecho eso sonrió de medio lado y se retiró. Desde la grada Eliza los contempló, sintió envidia por su gemela, puso los ojos en blancos y caminó ha

