Capítulo ocho: Pecados Mortales Selina Vera Sexo puro... es lo que destila este este lugar. No hay tabúes, ni restricciones, solo un ambiente cargado de lujuria que incita al pecado, a la perversión..., al deseo. Mi instinto me grita que salga cagando leches este lugar. Sin embargo, una parte de mí más oscura, curiosa, morbosa, qué sé yo; algo dentro de mí no me permite desviar la mirada del escenario. Si antes creía enloquecer, ahora soy una completa desquiciada. ¿Esto es lo que le gusta al Prince? ¿Hasta dónde llega su perversión? «Se ha masturbado mientras te espiaba desnuda», salta mi fuero interno. «¿Qué esperabas?» Creo que este hombre no tiene límites y yo... estoy metiéndome en terreno pantanoso. «Esto no es para mí» Tengo que salir de aquí. Doy media vuelta, pero sus b

