Capítulo dieciséis: Atrapada Selina Vera La ronda de aplausos todavía continúa cuando nos bajamos del escenario. El idiota de Gonzalo es el primero en interceptarme con la cara roja de ira. —Simplemente no puedes evitarlo, ¿no? —cuestiona con expresión acusatoria—. ¿Siempre tienes que ser el centro de atención? —No me jodas la existencia y quítate del medio, Castillo —espeto con fastidio. —¡Te crees el ombligo del mundo! —exclama mientras su novia lo contiene—. Me importa una mierda tus complejos de superioridad o tu déficit de atención, pero deja a mi mujer en fuera de ello. —Mi amiga —resalto gesticulando cada letra— tiene cerebro para pensar y tomar decisiones por sí misma. —No cuando se trata de ti. —¿Qué quieres decir? —inquiero retadora observando de reojo a Mar —. ¿Que tu n

