Capítulo catorce: Maldita Brandon Hell Las mujeres desnudas se pasean delante de mí, contonean sus caderas e incluso algunas se tocan a sí mismas, dándose placer, incitando al pecado y dispuestas a satisfacer a los hombres más poderosos del mundo aparte de Abdul Schabass. Tengo a más de cinco con los ojos puestos en mí, ansiosas por convertirse en esclavas de mis perversiones… Sin embargo, ninguna logra conseguir una puta erección. Estoy demasiado furioso como para pensar en sexo. Ha conseguido lo que nadie en los últimos cinco años: sacarme de mis cabales. Esa… maldita española de ojos malditos. ¡Joder! ¡Que con ella sí me empalmo al instante! Se me pone dura de solo evocar sus alaridos lastimeros, como si la estuviese matando de placer. La siento respirar a menos de diez metros de

