Tal como se había avecinado, la visita de mi ex esposo se hizo llegar, hecho que supe por la llamada que recibí esa mañana del domingo. Mi hija Isa aún se encontraba en su habitación y yo me servía la segunda taza de café. Había amanecido agitada, el hecho de ver nuevamente a Paolo me hacía comportarme de esa manera. Había pasado un mes después de ese incidente con los seres obscuros que aparentemente nos rodean. Isa me había comentado que durante ese tiempo la niña de nombre Evangeline que solía frecuentarla ya no aparecía. Eso nos generaba un alivio, sentía que las palabras de ese espíritu denominado numero treinta tenían algo de lógica y certeza. Meditando en algunas palabras que usaría para la historia que estaba redactando escuche el sonido del timbre, algo que hizo vibrar mi coraz

