CAPÍTULO CATORCE ―Ta-da ―dice Stephan, señalando la puerta abierta del garaje. Me asomo a la penumbra. Dentro veo varias motos antiguas y choppers, cubiertas de polvo y telarañas. Parece que podrían haber pertenecido a una banda de Hells Angels. Sin duda, han visto días mejores. ―¿Y estas cosas funcionan? ―pregunto, incrédula. No puedo evitar pensar que Stephan nos ha llevado a una búsqueda inútil. ―Oh, funcionan ―responde. Entra en el garaje, se dirige a una de las choppers y saca las llaves del compartimento del asiento. Hace girar las llaves alrededor de sus dedos, presumiendo. Pongo los ojos en blanco. ―Date prisa, por favor ―digo. Stephan está poniendo a prueba mi paciencia. Sonríe y finalmente pone una llave en el contacto. La moto se pone en marcha, el motor ruge y echa humo

