Maximiliano Sokolov El aire de la mañana, frío y cortante en el exclusivo barrio residencial de las afueras de Nueva York, contrastaba con el calor que me había envuelto durante la noche, me había despertado antes que ella, pero me había quedado observándola, a ella y al anillo de diamantes en su mano, la prueba tangible de mi nueva atadura. Acompañé a Ainoha y Autum hasta la puerta principal, el convoy de tres vehículos blindados y seis hombres armados esperaba, una cortina de acero y orden alrededor de mi nueva y frágil vida doméstica. —Llama si pasa algo, cualquier cosa —dije, mi voz más áspera de lo que pretendía, no era una orden era una súplica disfrazada de control. Autum me rodeó la cintura con sus pequeños brazos su abrazo era fuerte, lleno de la confianza que yo nunca hab

