Ainoha Williams Yo no había dormido permanecí en los brazos de Maximiliano, escuchando el latido firme de su corazón, la oscuridad de la noche nos había ofrecido una tregua, pero la conciencia de la guerra, de la sombra de Maximiliano, jefe de una poderosa mafia, y la amenaza de Irina, acechaba en los bordes de la habitación, a pesar de la incomodidad de mi sien y el recuerdo del choque, me sentía increíblemente viva. Cuando la voz de Autum resonó en la puerta. —¿Mamá? ¿Max? ¿Podemos cenar juntos hoy?—fue como un ancla arrojada desde la inocencia. Maximiliano se giró hacia mí, y el mismo anhelo de normalidad que sentía yo se reflejó en sus ojos grises era una sed compartida. —Tú tienes el control —susurró pero ya no era una orden, sino una invitación a liderar este pequeño moment

