CAPÍTULO 3. LAS NUEVAS PRUEBAS A la mañana siguiente escuché que alguien llamaba mi puerta con los nudillos. ―¿Quién es? ―pregunté medio dormida. ―Soy yo, ya es hora de despertar, le llevo esperando un buen rato, debería de saber que madrugar es bueno para el cuerpo ―murmuró tras la puerta. Aquella voz era la única que me hacía sentir segura en esos momentos, le abrí y me encontré con el científico con una gran sonrisa y preparado para otro glorioso día para la ciencia, esta vez en su mano únicamente cargaba una maleta, aquella que todavía no había abierto. ―Bien, déjeme unos minutos que me arreglo y estoy con usted ―le respondí mientras le cerraba la puerta en las narices algo molesta por haberme despertado. De nuevo en el lago, cada vez me situaba más lejos de su orilla, porque mi

