Edimburgo, 2018. Eyleen. Me niego al descubrir sus intenciones, ladeó su cabeza y me miró con ojos tiernos haciendo un puchero que en vez de parecerme ridículo, lo encontré adorable. Situé mis brazos a la altura de mi pecho, realizando el papel de mala por no querer caminar en medio de tantas personas que a las justas se ponían mover. —Vamos. —insistió. —Damon, he dicho que no. —suspiré irritada. En el centro de una plaza se está llevando a cabo un concierto de música. Damon quiere que nos hagamos paso entre la multitud de personas para llegar a primera fila y presenciar el espectáculo, también para mover el cuerpo al ritmo de la música. Me negué porque no quiero acalorarme, además, no quiero pasar vergüenza porque no soy una buena bailarina. —Puedes ir solo si deseas, te espera

