Edimburgo, 2018. Eyleen. Se ha marchado. Cuando pisamos el lobby aun mis esperanzas de encontrarlo estaban intactas porque tuve la certeza de que estaría en el hotel, esperando que reaccionara o me diera cuenta de mi error, pero pienso en todas esas palabras que dejaron en claro mi posición, dudo que tuviera la ilusión de que volviera por él. Toda entusiasmada me dirigí a la recepción, al momento de pedir el número de su habitación, todo se vino abajo, destruyendo mis expectativas y culpándome por mi mala elección. No debí pedirle que se fuera, solo que me asusté y hui. Nunca tuve la oportunidad de agradecerle por todo lo que hizo por mí, por escucharme y no juzgarme o decirme que todo lo que sucedió fue por mi culpa. Por obligarme a ver lo buena que es la vida y no desperdiciarla

