BRIANDA CARPENTER
Quizá, si alguien me preguntará, ¿Qué sentía dentro de mí? Una niña pequeña se quedaría quieta, pensando, “¿Nos hablan a nosotras?” Una herida que se hace de niña, ¿Cómo es que sana? Me sentía herida de niña y esa herida jamás sana, ¿Cómo haces para sanar a una niña que ya no existe? Esa niña se queda en el pasado.
¿Cómo retrocedes el tiempo? ¿Cómo llegas a una niña que ya creció y ahora ya no encuentra cómo sanar?
Me senté en el bordé de la cama, para ver a Leo, le sonreí y miré hacía el frente.
Recordaba perfectamente cada uno de mis recuerdos de niña, era cómo si pensará en cada cosa que pasaba y cada una de ellas me generará una herida un poco más grande que la herida anterior.
Supongo que los recuerdos de niña no los olvidaba por el simple hecho de que existía, era doloroso el pensar, en que alguna vez fui una niña que con el paso del tiempo poco a poco se fue lastimando un poco más, hasta llegar a un punto de estar quebrada por completo.
Supongo que aquella niña que hirieron jamás termino por sanar por el simple hecho de que nunca deje que me ayudaran, a veces los adultos dicen palabras hirientes pensando que no lo son, pensando que simplemente es un comentario y que con el paso del tiempo nada cambiara. Pero dejan un agujero en el pecho.
Después creces y aquella herida es tan difícil de sanar, no es por el hecho de que no quieras, si no, porque ya no eres aquella niña, ¿Cómo sales adelante después de todo ello? La respuesta… Esa yo no la sabía.
—Yo era muy niña cuando mis papás se separaron, pero me recuerdo viendo en el cristal de la ventana deseando que mi papá volviera —, Noté como el rostro de él se vio un poco desconcertado —. Mamá bebía y bebía, papá no volvía y… Mis hermanos… Ellos eran unos tarados.
—No me tienes que contar si no quieres —, me frenó, a lo que me encogí de hombros —, No quiero que digas algo que en realidad no quieras decir.
—No, está bien —, asentí encogiendo mis hombros —, Mis hermanos se esforzaban en hacerme sentir que yo era cómo una persona que se había empacado en un error en una maleta que nadie quería tomar. Tengo una media hermana, que es la niña que más quiero, su nombre, es Aitana.
—¿La tuvo tu padre cuando se separó de tu madre?
—Sí. Es pequeña, es feliz. Es la niña más dulce del mundo —, asentí —, Después, me enteré que mis hermanos no estaban conformes con la atención que recibían de mi mamá, cuando papá llamó… Arrepentido por dejarnos, ellos le dijeron que aquella niña, que lo esperaba todos los días pegada a la ventana, no quería saber de él.
—Pero…
—Pero en realidad, quería saber de él, cada uno de los días de mi vida, lo único que hacía era buscarlo.
FLASHBACK
Limpié las lagrimas de mis ojos, para después mirar hacía Denisse con un poco de desesperación, ella se sentó a un lado de mí, bajando aquella fachada de persona fuerte, y me abrazó.
Muchas veces me pregunté porque Denisse era tan buena conmigo, con el paso del tiempo las cosas comenzaron a tener sentido.
—Así qué, tu padre me pidió que no te dijera que el pagaba la mayor parte, jamás obtuviste una beca —, mencionó Denisse pasando su mano por mi cabello —, Tu madre no quería que te quedarás aquí, así que una gran parte lo daba tu padre, la otra, tu madre, con dinero que también daba tu padre.
—Creía que el no me quería, pasé casi toda mi vida creyendo que nadie me quería —, le dije a Denisse levantándome —, Envidiaba las navidades en casa de Murphy, porque mi vida jamás pudo ser como la de ella.
—No todos tenemos las mismas oportunidades, pero… ¿Sabes que es lo mejor que obtuviste tú? Que fuiste fuerte. Tan fuerte que no dejaste que el odio se hiciera parte de ti.
—Pero… ¿Por qué mis hermanos jamás me quisieron?
—No es que tu hayas hecho algo mal, a veces las personas no toleran ver a otros brillar —, me dijo, para después pasar sus manos por mi cabeza —, Así que…
—Solo quisiera que mamá hubiera dado lo mismo por mí, que por lo que dio con mis hermanos.
—Brianda, ahora tienes la oportunidad de salir adelante, de ser una persona feliz, te encontraste con tu padre, no dejes ir esa oportunidad.
—¿Y si lo hecho a perder?
—¿Por qué lo dices?
—¿Qué tal si no se amar?
FIN DEL FLASHBACK
—Mi mamá solía decir, que yo no tenía talento, a pesar de que en varias ocasiones gane el primer lugar en las nacionales.
Solía recordar que papá fue quien terminó por acceder en meterme en la academia de Danza de Denisse, por el simple hecho de que decía que creía en mí, por eso cuando el decidió irse, me dolió demasiado, porque la única persona que creía en mí y me ababa termino por irse.
—Pero…
—Yo le creía, comencé a buscar amor en lugares equivocados, pero nunca dejé de buscar el amor en mi familia, por ello acepté a casarme con Aron —, me encogí de hombros —, Por ello acepté hacer muchas cosas, mi hermano… Franco, me pedía que no me casará. Pero lo iba a hacer, porque lo quería, supongo… Que eso era lo más triste de todo. Querer a alguien que en realidad solo te usa, ¿No es así
—Rubia, aún te duele, ¿No es así? —, preguntó tomando mi mano —, Lo siento, aunque no lo creas.
—Ya, no importa —, me encogí de hombros, para mirar hacía el techo —, De igual modo, ahora soy Saray.
Antes de que pudiera decir algo, se adentro al cuarto con una enorme sonrisa de oreja a oreja su hermana, misma sonrisa que disminuyo un poco apenas miró nuestros rostros, fue cómo si mil y una ideas hubieran pasado por su cabeza.
—¡Parece velorio! —, dijo Fátima adentrándose en el cuarto —, ¿De que es lo que hablan?
Me di cuenta de que mis ojos estaban un poco llorosos, negué y me acomodé las agujetas intentando apartar la mirada de ella.
—De una película que va a salir, super héroes, iremos ambos a verla —, le dije a lo que ella sonrió un poco.
—Sí preciosa, iremos —, dijo dejando un beso en mi coronilla —. Fátima, Bri no conoce aquí, que te parece si vamos por un poco de aire, a caminar. Seguramente le haría bien a ella.
—Sí, deja le digo a Sarah, Ale y a mamá —, dijo para mirarme un poco —, Que lindo collar, me recuerda a… Una bailarina.
Mis ojos se abrieron a par, noté que los de Leo se abrieron del mismo modo, fruncí las cejas y le miré con un poco de confusión esperando calmar un poco lo que decía.
—¿Sí? ¿A que bailarina? —, pregunté sujetando el collar, intentando esconderlo un poco entre mis dedos.
—A… Brianda, Brianda Carpenter —, dijo mirándome con un el ojo entrecerrado —, De hecho, incluso eres tan parecida a ella…
—Sí, es lo mismo que yo le comenté —, dijo Leo para mirarme a mí —, Pero bueno, deberías de decirle a mis hermanas y a mamá.
Apenas Fátima salió del cuarto me quité el collar, lo miré un poco, me lo habría regalado papá de niña, decía Brianda en el reverso, lo usaba junto aquel cristal, ahora ya no usaba el cristal que tenía, puesto que ese se lo habría regalado a Aitana.
—No tienes que quitártelo.
—Dice mi nombre, creo que es lo más apropiado —, dije poniendo este en mi mochila —, Supongo que en algún momento me lo debía de quitar.
—Es difícil, ¿No?
Asentí, para después sonreírle ligeramente. Ambos salimos del cuarto, para bajar las escaleras, abajo se encontraba la amiga de la madre de Leo, Karen, tenía una sonrisa de oreja a oreja y un par de ojos llenos de brillo.
—¡Leo! ¿Así que por fin alguien logró sacarte de tu cuarto? —, dijo una chica de cabello c***o y ojos enormes —, ¡Por fin! Ahora le da la luz del sol, yo soy AnaPau, ¿Tu?
—Saray —, dije alzando ambas cejas —, Un placer.
—¿Harán otras de sus competencias? —, pregunto Leo sujetando su puente de la nariz —, Han pasado años, ¿Siguen queriendo ver quien es la mejor?
—No lo tomes cómo una competencia, cariño. Es una tradición —, dijo su madre sujetando sus hombros —, En el camino te explicaremos Saray, por cierto, ella es Perla, Elena y el es Gabo.
Miré al chico, era quizá de la edad de Leo, después miré a Perla.
—Ustedes son cuates, gemelos o algo así, ¿No? —, pregunté mientras caminábamos por la acera de la calle —, Son un poco parecidos, o sea fuera de que son hermanos.
Ellos se miraron para hacer una mueca de asco.
—Lastimosamente, sí. Que lista Sarahí —, dijo Gabo, alzando ambas cejas, a lo que rodé los ojos con diversión.
—Saray —, corrigió borde Leo, para mirar hacía él —, Seguro puedes pronunciarlo.
—Leo —, le susurré.
—No, está bien. Saray —, corrió Gabo con una sonrisa —, Eres muy linda.
Le di una sonrisa incómoda, agradecí del mismo modo para después mirar hacía los demás, parecía que era una persona que no le agradaba por completo a Leonard, había algo en él que lo hacía denotar de pies a cabeza, se notaba a cientos de kilómetros de distancia.
—Así que, Saray —, enfatizo a lo que sonreí ligeramente —, ¿Cómo es que terminaste con alguien cómo Leonard? No me malentiendas, Leo. Seguramente tienes lo tuyo.
Sonreí incómoda, para tomar la mano de Leo —Leo es una persona increíble, de verdad yo tuve demasiada suerte de encontrarme frente a él. Porque, no pude encontrar a una persona mejor.
Le sonreí, para mirar hacía el frente, noté cómo Leonard me miraba con curiosidad, para volver a mantener aquel rostro serio con el que le conocí, parecía que las personas que le rodeaban, supongo que por ello se mantenía dentro de una barrera que no quería tirar.
—Sí, no me malentiendas, Saray —, insistió Gabo, le miré de reojo —, Es sólo que pareces una chica muy bonita, muy guapa, y terminaste con un…
—Lo amo.
Apenas dije eso el terminó su discurso. No entendía cómo las hermanas de Gabo no decían nada, noté que su madre, Paula y Karen estaban dentro de su propio mundo que no notaban lo que estaba haciendo él, ¿Cómo no podía notar Karen el hijo que tenía? Es decir, estaba haciendo menos a Leonard y sobre todo ello, pero también coqueteaba a alguien con novio, frente al novio.
—Son competencias, deportes y demás, duran cuatro días a mamá le gusta ganar —, dijo Ale mirando hacía su celular… —, Es divertido, no creas, es bastante divertido.
—Sí, me lo imagino —, asentí para después mirar cómo las olas chocaban en la orilla de la playa —, ¿Vienen entonces muy seguido a este lugar?
—Sí, solemos venir aquí muy seguido.
Asentí, para después sentarme en la arena, notando cómo Leonard estaba en su teléfono, parecía que habría algo que le habría causado algo dentro de su pecho, miré hacía Gabo, parecía que las palabras de Gabo en cierto punto le habrían causado algo, ¿Cómo es posible que si eran tan cercanos él le dijera ese tipo de cosas? No lo entendía, suelen decir que las personas que están contigo son villanos, o ángeles, son tantas cosas las que pueden ir dentro de tu pecho.
—¿En que piensas Leo? —pregunté, pasando mi cabello detrás de mis orejas —, Lo que te dijo Gabo te afecto, ¿No es así?
—No lo sé, no me interesa —, dijo con desdén —. Sólo es que parece que le gusta hacer ese tipo de cosas. Coquetear con cada una de las chicas que veo.
—Pues… Sabes, creo que no podría ganar está vez —, le dije poniéndome enfrente de él —, Mereces lo mejor del mundo, y eres una grandiosa persona, entonces…
Posé ambas manos en el rostro de Leonard, para mirar los ojos de Leo, alce ambas cejas y noté cómo sus ojos tenían un toque de duda y confusión resaltando en ellos.
—Al final, dicen que los buenos siempre ganan —, dije mirando sus ojos —, Dile, que yo me enamoré de ti, por tus bonitos ojos.
Apenas le dije eso, uní mis labios con los suyos, era un beso dudoso, un beso lento y con curiosidad, parecía cómo si dentro de nosotros hubiera un par de miedo en este beso, en realidad, nunca habría dado un beso así, siempre era segura con las personas que besaba. Sus manos sujetaron mi cintura acercándome un poco más a él, pase una de mis manos a su cabello, para segundos después separarme de él.
No lo sé, fue extraño, porque por primera vez este beso no se habría sentido como los que habría dado anteriormente, a pesar de que no había sido un beso dulce, de ese modo se había llegado a sentir, cómo si algo bueno habría llegado con él, no lo entendía, ¿Por qué me sentía así? No te enamoras de una persona en dos días y estaba segura de que enamorada de él, no estaba, pero era extraño... Algo extraño sentía en mi vida.
—Así está la cosa, él no gano, ¿O sí? —dije con una sonrisa, para después levantarme, el se levanto segundos después —, Ahora, vamos a ganar esa competencia, porque vamos a hacer que él se de cuenta, de la grandiosa persona que eres.
—Yo no sé de deportes.
—Pero yo sí —, dije sonriendo, para mirar a su familia —, Así que lo haremos así bien.
—¡Tortolitos! —dijo Fátima, mirando en mi dirección —, ¿Te quitaste el collar?
—Ah —, Pase mi mano por mi pecho desnudo para asentir —, Sí, no lo quería perder, así que mejor lo deje en casa, cómo dijeron competencias.
—¿Así que eres competitiva?
No tanto cómo Ellie, pero sí. Pensé.
—Un poco —, reí, para después mirar hacía lo que habrían puesto.
Me quité la ropa, junto con Leo quedando en traje de baño, el no se quito aquella camisa de super héroe que tenía, yo me quedé en short, pero la parte de arriba si me la quedé, comenzamos a jugar voleibol, de mi lado estaba toda la familia de Leonard, incluyéndome. Del otro lado, se encontraba la familia de Karen, me quedé pensando y me encantaría que, de grandes, Murphy y yo fuéramos así, un par de mejores amigas que tenían una familia con la cuál jugar, con la cual ser felices. Recordaba que uno de mis mayores miedos era antes tener una familia, no me sentía capaz de poder formar una familia y ser parte de otras personas, no quería pensar en el hecho de poder ser yo ahora quien hiriera cómo lo habrían hecho mi madre.
—¡Eso Saray! —, grito Ale apenas anoté un punto.
Podía ver los movimientos un poco torpes de Leonard, demostrando que el deporte no era lo suyo, pero podía ver que Ale y Sarah eran bastante buena en ello, era cómo si de un modo hubieran hecho perfectamente esto siempre. Así parecía.
—¡Perla! ¡Muévete!
Apenas lo dijo, noté cómo es que Gabo golpeo con fuerza aquella pelota intentando golpear hacía Leonard, intervine siendo yo quien golpeará aquella pelota interviniendo en que este le golpeará el rostro, anotando un punto extra.
—¡Leonard! ¡Debiste traerla desde hace años! ¡Es fabulosa!
Sentía calidez, de cierto modo me sentía con un toque de calidez aquí, porque me trataban de un modo humano y era bastante gracioso para ser honestos, que en mi cabeza las cosas que pasaran, que me trataran como humano, fueran lo que anhelaba, que me estaba sintiendo bienvenida, por el simple hecho de que me trataban con dignidad.
Podía sentir cómo con el paso del tiempo, esto se sentía perfecto, me sentía con completa felicidad, el juego avanzaba segundo a segundo y a pesar de que lo que parecía era que Gabo quería ganar cómo fuera lugar, en realidad esto era demasiado divertido, me estaba divirtiendo con personas que no conocía muchísimo más de lo que me habría divertido alguna vez, estaba contenta por ello, no quería que las cosas cambiaran, pero si algo me habría enseñado Murphy...
—¡Brianda! —apenas escuché el grito, me quedé helada, sabía perfectamente la voz de quien se trataba, sabía que era Jair, me detuve por completo y fue en el mismo momento que una pelota golpeo mi rostro, haciendo que me tambaleara hacía atrás.
Mierda…
Si algo puede salir mal, saldrá mal.