9.

743 Words
Era ya sábado por la mañana y ocurrió algo que no me sorprendió realmente, Carla en tan solo 4 días tenía ya una excelente relación con mamá, la ayudaba en los quehaceres de la casa y básicamente se hicieron inseparables esos días, no sé si ella lo hacía de forma genuina o por querer agradarle a mi madre y creo firmemente que la segunda opción es la acertada y que esa chica, que pregona ser buena hija, tranquila y que incluso se lleva bien con el viejo, tolerando su rostro, me hace desconfiar en sobremanera y creo firmemente que debe ocultar algo, pero no estoy seguro de qué podría ser, por eso ando a la defensiva y la he expiado, pero la chica no es tonta, no deja cabos sueltos y a pesar de que ya hurgué entre todas sus cosas, no encontré más que unas pocas prendas viejas, más feas que el herpes en el prepucio y nada más, no tenía libros, cuadernos, ni nada donde pudiese ver sus verdaderos planes, porque tengo una teoría solida de que planea expropiarnos la casa y la compañía, pero creo que es tan lista, fingiendo ser torpe, despistada y poco inteligente, para así pasar desapercibida y cuando menos nos demos cuenta, Carla habrá cambiado las cerraduras de la casa, habrá vendido la compañía a los gringos y al viejo lo habrá mandado a hacer trabajo forzoso en Irak, por lo cual no puedo permitir que nos estafe, pero… ¿cómo ver lo que realmente quieres hacer? En esos días que transcurrieron luego de nuestra nada agradable charla, no le había pronunciado palabra alguna a ella, no la miraba cuando veíamos todos juntos televisión y tampoco cuando nos sentábamos a cenar, yo si notaba que ella me miraba de reojo en esas ocasiones, pero la ignoraba, ¿por qué me miras así? ¿crees que podrás embaucarme así de fácil? No tienes ni idea del enemigo que tienes en frente. Me vestía en mi habitación porque planeaba ir a conseguir trabajo, porque mis armas no se comprarán solas, pero antes de salir, mi madre ingresó a verme y fue extraño porque a esta hora siempre se encuentra trabajando. —Santiago, bebé. —Madre. —Tengo algo que pedirte que probablemente no te va a gustar, pero de igual forma espero que lo hagas, por consideración a mi persona. —Mmm —la miré de reojo y por su tono supe que no quería nada bueno de mí—. Mmm, ¿quieres que done un órgano o algo así? Porque si eso deseas, lo lamento, pero eso sí que jamás. —No, no te voy a pedir tu riñón ni nada así, quiero que lleves a Carla a esa fiesta. —¿Qué fiesta? —La de la vecina, escuché que estás invitado y quiero que la lleves. La niña debe sentirse aburrida de estar aquí todo el día y aún no conoce a nadie, ese lugar sería perfecto para que conozca a chicas y se integre con los chicos del vecindario. —Mamá, pero ¿qué? ¿Qué te sucede? ¡No es un lugar apropiado para niñas y menos para ella, le faltan cromosomas! de ninguna manera la voy a llevar, me encartaría y si me embriago, probablemente la deje tirada en algún vecindario bien lejano. —Es tu hermana Santiago, debes compartir con ella. No te hagas el difícil, hazlo por ella, para que pueda conocer a los demás, sería un lindo gesto de tu parte. —No mamá, si fuese un favor para ti lo pensaría, pero por Carla no. Jamás. —Eres el hermano mayor, debes cuidar de tu hermanita. —¡Ella no es mi maldita hermana! Mi madre enseguida al escuchar mis palabras, empezó a llorar al igual que la vez pasada, lo cual me hizo sentir como un desgraciado, que sabía que era y rodé los ojos. A mi madre no podría ofenderla, eso nunca me lo perdonaría. —Está bien, irá conmigo, pero no garantizo que salga con vida. —Bebé, pero tus fiestas son muy sanas. Las he visto, no le pasará nada a la niña. —Mmm. Alrededor de la una de la tarde mamá salió con Carla a comprarle un vestido para la fiesta, estaban muy emocionadas y yo no sabía qué hacer, cómo evitar esta situación sin hacer llorar a mi madre, pero al menos por esta ocasión, debía ceder para mi desgracia.  
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