4.

565 Words
Llegué y como no había nadie en casa, ni papá lo cual es muy extraño, decidí ponerme en marcha, porque ser presidente de una república requería preparación, esfuerzo, inteligencia, pero sobre todo dinero porque el arsenal de armas rusas que quiero no se comprarán solas, así que a pesar de no tener la mayoría de edad aún, tendré que verme obligado a pedirle a mi madre que renuncie para que me dé su puesto, porque ella es la presidenta de su compañía y no aceptaré un cargo menor que ese. Anotaba todo mi plan, los trajes que debía usar ahora que fuera presidente de su empresa, los sirvientes que tendría y demás, pero entre tanto pensar me quedé dormido, por completo. Después, aproximadamente a las 18h, sonó el timbre de la puerta y como ya estaban todos en casa sin darme cuenta, mamá fue a abrir bien arreglada mientras yo estaba durmiendo en el sofá de la sala con la televisión encendida, pero me desperté ante el bullicio. Mamá me miraba fijamente y eso me alteró, fue un poco perturbador que me mirase de esa manera. Papá la atendía en la puerta. —Santiago, va a venir la trabajadora social, es la madre de tu amigo y espero no le hagas un desplante. —Mmm, ¿ella es la que te está ayudando con el proceso de adopción? —pregunté y asintió—. Bien, es hora de sacar mis cartas. —¿A qué te refieres? —A todo mi arsenal, creo que mi mejor jugada va a ser vestirme de pedófilo de los 80. —Santiago, ni se te ocurra hacer ninguna de tus cosas horribles de costumbre o te juro que te desheredo. —Mmm—mierda, si me deshereda mi plan de ser presidente se irá por un caño. No he visto al primer hombre plebe gobernar la república de Colombia, me dio justo por donde era. La mujer entró y mamá me lanzó una mirada tan enojada que entendí claramente el mensaje, creo que ni quería que respirara en ese momento porque debíamos dar la mejor impresión, ser la familia perfecta, casa acomodada, lujos para que decidieran considerarnos aptos, aunque estaba más que hecho, la mamá de Lucio ama a mi madre y si fuera posible, les daría a quince niños si eso pidiera. La mujer entró y la vena de mi cuello quería estallar al verme obligado a no hacer nada. Se acercó a la sala, miró el lugar y luego se acercó a mí. —Este es mi hijo Santiago— Le dijo Mamá bastante entusiasmada. —Hola, ya la conozco—comenté y le sonreí por educación, porque mi herencia lo valía. —Hola Santiago, me alegra verte guapo como siempre—dijo entre risas y prosiguió viendo la casa, la cual ya conocía, pero debía detallarla en su informe. La mamá de Lucio tuvo una larga con mamá quién le enseñaba todo, incluso las mejoras que había hecho para que todo luciera perfecto y ella, habló maravillas de la casa, del vecindario, de mi familia, y para mi sorpresa, de mí; dijo que estábamos aptos para la adopción, que éramos la familia ideal y que sabía que le daríamos una buena vida a la chica que escogieran. Grave error, el habernos escogido aptos significaba el fin de la persona que viniera. No garantizo resguardar su integridad.
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