Caminaba completamente desconcertado y desilusionado con el mundo, es que no podía entender cómo es que era posible que papá no accediera a cambiarse de nombre. Llevo días insistiéndole en que puede mejorar considerablemente su calidad de vida si se pusiera un nombre perfecto y con clase como el mío, que mejoraría la vida de cualquiera, porque un nombre con estilo y elegancia no se consigue así de fácil, y además, que papá tenga un nombre como Argelio creo que ha influido en que tenga una vida mediocre y negativa, pero por más que le insistí en que tomase una buena decisión por primera vez en su vida, se negó rotundamente y eso me hizo enojar tanto que preferí irme porque no lo podía entender. ¿Por qué papá se negaba a ponerse mi nombre? Y no solo él, no podía entender cómo mis tíos, mi abuelo e incluso mis primos no se habían cambiado el nombre para al menos asemejarse un poco a mí, cosa que sería bastante difícil de lograr porque ser como yo conlleva un gran peso y responsabilidad, y ni creo que porque inviertan todo el esfuerzo del mundo lo van a lograr, pero tal vez mi nombre pudiese mejorar un poco tan patéticas vidas, que en el caso de todos mis familiares puede que no sea tan mala, no comparándola a la de mi padre, que es el vivo ejemplo de lo que ningún hombre con una buena v***a debería ser.
Papá es un hombre mediocre, lastimoso y tiene costumbres bastante cuestionables. Mi madre, en su juventud, no sé si pasaba por algún problema de drogas, depresión o algo así, porque el hecho de que saliera con alguien como el viejo no tiene explicación razonable. La vida de papá no solo era mediocre y lastimosa, también tenía costumbres pésimas, es que no tenía ni una sola buena. El concepto de trabajo para él era algo que no encajaba en su cerebro, no trabaja desde que tengo uso de razón, pero siempre se queja de estar cansado, así que mamá siempre ha sido quién trabaja en casa y aparte debe hacer los oficios y demás porque él quién es el único que tiene tiempo libre se niega a hacerlo por su supuesto cansancio y ni siquiera yo que tengo ocupaciones excepcionales me libro de tales tareas, pero él no, él no puede hacer nada porque enseguida se fractura un brazo o una pierna. La última vez que siquiera movió un mueble, le salió una hernia que hace que por poco le amputen todo el torso, que tal vez hubiese sido conveniente en su momento porque con el peso que tiene le hubiesen hecho un favor, es que su torso parece un planeta, pero bueno, por eso no se mueve. Permanece el día inmóvil pegado a su computadora, comprando cosas por internet que es lo único que sabe hacer y la otra noche en que vi que llegó un encargo tan inútil como un mini aire acondicionado del tamaño de un diccionario a la puerta, me hizo enojar tanto que pateé ese maldito aire hasta que lo hice picadillo y luego fingí que su paquete no había llegado. ¿Por qué esa mala costumbre de despilfarrar el dinero de mi madre? ¿le parece esto justo?
Desde ahí adquirí esa costumbre, de dañar sus paquetes y siempre negaría mi culpabilidad en los crímenes. No aceptaría la culpa ni aún si me encuentran en fragancia, me tendría que torturar el viejo para ver si tal vez logra al menos una confesión, pero mientras tanto seguiré arruinándole la vida lo más que pueda porque debe aprender la lección de algún modo y por supuesto yo, que soy un hombre lleno de valores, ética y una moral intachable, soy el digno ejemplo que puede corregirlo tanto a él como a cualquiera. Todos deberían obedecerme, pero no sucede y aún no logro comprender por qué se niegan, sé que lo quieren, pero se niegan tal vez por orgullo. Yo debería liderar en mi familia, no como hace mi abuelo, yo debería tomar su lugar y tal vez, con las leyes que impondría, lograría sacarnos adelante a todos unidos como una nación próspera y soberana, llena de hombres con un nombre impresionante, pero se niegan a tan futuro prometedor. No dejan que los gobierne y eso me frustra.
Estaba tan enojado por el tema del nombre, que todos me hubiesen rechazado vilmente e incluso, mi abuelo me azotó la puerta en el rostro y me dijo que si me volvía a ver me daría una paliza, me tenía tan desconcertado y triste que opté por alejarme como siempre hago cuando estoy frustrado. Fui hasta el lago del cisne, que no es el lugar más cercano a mi casa, pero a veces huyo allí ya que el lugar es distante, es poco transitado y hay leyendas absolutamente geniales en el lugar, pero cuando llegué y me senté, fue que ocurrió la desgracia. Me tocó conducir por un rato más porque había una familia en el lugar en el que siempre me siento y no me gusta tener gente cerca, logro tolerar a mi familia porque me toca, pero a otros seres vivos no, a ninguno.
Me senté un poco más lejos y abrí una lata de cerveza. Era una costumbre que tenía, el venir aquí y sentarme solo a pasar el rato, era ya como una tradición y siempre me calmaba ante las frustraciones del día, pero luego, ocurrió cierto hecho que arruinó por completo mi día. Estaba allí sentado mirando el basto lago, que era muy bonito y el día estaba soleado y yo no es que sea fanático del sol, le huyo y no porque me crea un vampiro de mierda, si no es que en Barranquilla con las temperaturas tan altas, ser fanático del sol hablaría pésimo de ti porque querría decir que eres un maldito masoquista, así que estaba bajo sombra, disfrutando el rato, cuando sentí que un líquido caliente cayó por mi brazo, deslizándose sobre este y cuando miré, noté que esa porquería caía por mi piel, así que me levanté irritado y maldije a toda la naturaleza existente. Me cagó un puto pájaro, estaba tan enojado que pensé que sería una muy buena opción la amputación, pero el ponerme un brazo robot en su lugar podría ser impráctico y antiestético, cuando la imagen es lo primero, así que me metí al lago con toda la ropa puesta y salí alrededor de una hora después, enrojecido por el sol, pero estando seguro de que esa porquería ya no estaba en mi piel.
En cuánto a mi vida, se podía decir que sí, era buena y sabía que gozaba de ciertas comodidades que mucha gente no tiene. Mamá maneja una compañía de bienes raíces, la cual ella fundó junto a dos de mis tíos, pero como ella aportó el mayor capital, era quién la presidía y era una empresa solida y conocida de la región, era difícil que no hubieses escuchado sobre ella alguna vez, así que mi madre al tener una vida tan exitosa, pudo proveerme desde niño a lujos y comodidades, pero a mis diecisiete años sabía que deseaba más, mucho más.
Desde siempre fui inteligente, ocupaba siempre los primeros lugares tanto en la escuela y en la universidad no sería la excepción, lo cual siempre desconcertaba a mis dos mejores amigos, quiénes no es que me tuviesen rencor, sé que me adoraban, yo era su ídolo y podía entenderlo, pero les molestaba en sobremanera porque yo no era el más responsable ni asistía a clases con regularidad porque tenía otros planes y proyectos en mente. Es que desde niño tenía una meta que cumpliría a rajatabla y esta sería una, una sola que cambiaría la vida de todas las personas que me rodeaban: mi meta era ser el presidente de la nación, no me iba a conformar con menos, pero eso tomaría tiempo, años de planeación y sería paciente hasta que llegase el momento de mi triunfo y lo pienso conseguir como sea. Quiero ser un dictador en todo el sentido de la palabra, todos los hombres de la república de Colombia van a llevar mi bello nombre y todos, tanto hombres como mujeres, van a llevar mi mismo corte de pelo e incluso, usarán mi mismo perfume y contarán los mismos chistes. Solo de esa manera lograremos alcanzar la prosperidad y la felicidad, no hay otro camino.
Regresé a casa, empapado por completo y creo que tendré que lavar el auto de nuevo porque lo empapé también, así que no regresaba del mejor ánimo posible. Vi a papá apenas entré, porque estaba cerca de la puerta esperando por una de sus tantas entregas diarias, le escuché decir que pidió una cama que se arregla sola, lo cual, por supuesto sé que es un fraude, pero como muy poco hablo con él, no le dije nada, solo esperaré a que llegue su cama y ahí, mi hacha y yo entraremos en acción. Me miró de reojo cuando entré, aguantando lo más que podía las ganas de reír y fruncí el ceño, enojado e irritado hasta más no poder. Hoy sí que tengo que hacer un muy buen trabajo con sus paquetes, tal vez también tenga que proceder con su computadora.
—Santiago —me llamó papá escondiendo un poco su rostro para poder reír—. ¿Qué carajos te pasó?
—Una nube pasó por mi cabeza y me empapó.
—¿Sólo a ti?
—Es que hasta desde el cielo me adoran.
—Sí, si eso quieres creer —dijo entre risas y preferí subir de inmediato antes de pelear como todos los días hacía con él. No nos llevábamos bien y eso jamás iba a cambiar. Sabía que él me odiaba casi igual que yo lo odiaba a él, pero era un odio no sentenciado, solo se podía oír a voces y mamá como puede lidia con esta situación, pero es que ¿cómo no iba a odiarlo? Aún cuando ha permanecido en casa desde que tengo uso de razón, jamás me dedicó ni media hora al día, no me conoce, no sabe qué me gusta, lo que deseo ni nada. No sabe que quiero ser dictador, que me gustan las armas de guerra y que tengo planeado conseguir unos fusiles de contrabando a ver si se los doy a mis amigos para que me defiendan en algún apocalipsis zombie, tampoco sabe que si como frijoles en la noche es un grave error porque todo lo que viene a ser mi ano podría estallar como olla a presión y tampoco sabe de mis turbias intenciones, las cuales relataré más adelante.
Sé que yo nunca le agradé, desde que empecé a gatear mi abuelo me dice que papá me alejaba, le irritaba verme y dice que no me parezco a él, siempre se queja de esto, pero es que si me pareciera a él tendría que tener el rostro como una W, es decir, sin forma, porque su cara tiene dimensiones desproporcionales al tamaño de su cráneo y no puede ser así, es que creo que ni un casco le cabe en la cabeza, pero no lo comprende, tal vez por eso será que cuando se depila el rostro en vez de hacerlo con una maquina de afeitar normal, lo hace con la podadora de césped del patio y aún así cree que esto es usual en todos los hombres.
En fin, me presento. Mi nombre es Santiago Betancourt, tengo diecisiete años y así era mi vida hasta ese momento, antes de que empezaran mis maquiavélicos planes y que a su vez, mi madre iniciara los suyos, el cual iba a afectar toda mi vida y me vería obligado a actuar de forma más despiadada para recuperar el orden que se había perdido.