Capítulo 29

1720 Words
New York, New York. La salida del aeropuerto fue menos caótica que lo ocurrido la última hora en ese avión. Es que este tipo era un verdadero imbécil. ¿Cómo se le pudo ocurrir la genial idea de querer revolcarse en el baño del avión y pasar por nuestro lado como si nada? El como me di cuenta de su desfachatez es simple, por mi insomnio se me hacía difícil dormir en una cama, imagínense lo que era en un asiento de avión a miles de kilómetros de altura. Además, Louise se me había pegado como lapa y no quería despertarla. El muy descarado estaba conversando de lo lindo con la díscola esa y hasta le ofreció pagarle y qué le habían dicho a esa, aceptó de inmediato, pero ese infeliz no contaba con que hubiera turbulencias y había caído sobre nosotras despertando a la niña de paso. Para cuando se reincorporó, Louise se había despertado y creo que fue la primera vez que me tuve que aguantar la risa al verlo verde de la furia por no poder hacer nada de lo que quería, pues la mujer salió escapando. Me felicité por las clausulas que había escrito y ya estaba soñando con esos dos milloncitos en mi cuenta, pero como el maldito infiel no se quería quedar callado comenzó a decirme que eso se lo quería dar yo. ¡Ni que me gustara! Aunque un trío con la rubia bien lo valdría, pero como estaba un tanto molesta por cómo me había hablado no sé de dónde saqué fuerzas de flaqueza le agarré su humanidad y presioné hasta que lo noté que se quedaba sin respiración y le dije sutilmente: —Estar de la forma que quieres te saldrá más de dos millones, cariño. Así que empieza a ser buen amigo de Manuela o como le quieras decir porque de mí no vas a lograr nada. Después de eso al infeliz no le quedó nada más que aguantar el dolor de bolas y sentarse todo lo que restó del vuelo. De vez en cuando lo miraba de reojo y me reía de lo incómodo que se notaba. Para el momento del aterrizaje, me preocupé de que Louise estuviera bien acomodada y ambas de la mano esperamos a que nos dieran el aviso para poder bajar. Ya en el aeropuerto, nos encontramos con Rubén, un morocho que venía de parte de James a buscarnos y que nos llevaría directo a las nuevas oficinas de la empresa. Unas que sólo conocía por los planos y la proyección en 3D y debo decir que lo que vi cuando llegamos me dejó más que impresionada. —Es mejor que la maqueta—dije con la boca abierta. —Es que mis padrinos son los mejores, Shanny. Me dice la pequeña y veo como el Incordio ese la remeda ¿Será que está celoso de los chicos? Entramos al lugar y si con la entrada había quedado fascinada dentro era precioso. Nos recibió un lugar espacioso, con muchas obras de arte moderno y juegos de luces que hacían los grandes ventanales que rodeaban el lobby. —¡Qué bueno que llegaron, bienvenidos! —Hola, preciosa. Por fin nos pudimos conocer en persona. —Así es Shannon, es bueno poder saludarte y que hayan podido llegar a tiempo. Señor Connelly, un gusto también de verlo y me imagino que tu eres la hermosa Louse. —Hola, sí. La misma que viste y calza ¿Y tú? —Perdón por no presentarme, señorita. Soy Rocío Arismendi, la asistente de tus padrinos. —Ah… la víbora de cascabel. —Louise… —Lo siento, papito. Es que mi nino a veces se le sale cuándo conversa conmigo. La fresca sonrisa de Rocío me contagia por la simpleza en que Louise habla sin filtro y ambas negamos, mientras su padre niega un tanto molesto. —Hola, preciosas. —¡Nino! Louise se abalanza y él la toma entre sus brazos y comienza a darla vueltas. Se notaban felices con su reencuentro y obvio esa algarabía llegó hasta mi cuando Christian, después de dejar a Louise en el suelo, se lanzó a mis brazos. —Te extrañé, loquilla. —Yo no, pero agradezco el abrazo. —Ven, vamos a ver a los demás para presentártelos, todos quieren conocer a la que tuvo que aguantar a la bestia de mi hermano. Estábamos disponiéndonos a ir al salón, cuando Louise se suelta de mi mano y grita feliz. —¡Tía Vannah! —¡Cariño! — Louise corre hasta los brazos de Vannah y cómo puede la besa con mucho cariño. —Hola, hermosa. —¡Qué bueno que por fin estás aquí! —intento abrazar a mí amiga, pero su pancita es un tanto grande y al final las tres reímos por esa situación. —Tía, por suerte alcancé a llegar antes de que naciera el bebé, ya pensaba que lo vería crecido con tanto que se demoraron en terminar su “trabajo”. —Es que los O’Connor hacen todo a lo grande —responde con una tremenda sonrisa, se ve tan hermosa con su pancita, es que el embarazo le viene de perilla. ¿Sería así siempre? Entre risas, escuchamos la voz de otra pequeña que se acerca a Vannah junto a Daniela, la prima de los hermanos O’Connor. —¡Tía bella! —Sarita, te ves hermosa. —Muchas gracias, tía. Hola ¿y tú quién eres? —Hola, soy Louise y tu debes ser Sarita, mi padrino me ha hablado mucho de ti. —Será posible que entren al salón. —Y ya habló el idiota aguafiestas— reviro los ojos y tuerzo los labios al verlo que nos apura para entrar. —¿Ya anda de malas? —nos pregunta Vannah y es Louise quién responde porque yo estoy segura que diría una pachotada. —Eso es lo normal, tía. Nació con el ceño fruncido. La risa no se hace esperar y el idiota nos mira molesto, pues que se aguante, él estaba porque lo había prometido y no era el festejado ese era mi amigo James que cuando lo vi me di cuenta de algo todo lo bella que se ve Vannah mi amigo lo transforma y literal, se ve como la mierda. La parejita del año no se soltó en ningún momento y solo pudimos hacer un pequeño saludo, luego ya podríamos ponernos al día. Chris nos ayudó a acomodarnos y Rocío comenzó con su discurso. Para cuando subió al pequeño podio el papá de los chicos me quedé con la boca abierta —¿Ese es el papá de los chicos? —Ajá ¿Por qué lo preguntas?—me dice al oído el incordio ese. —Es que está como un buen Jeréz, listo para probarlo después de una buena tanda de sexo. —deja de decir esas cosas, recuerda bien cuál es tú lugar aquí y que no se te permite serme infiel, Shannon. —Lo mismo digo, señor Connelly. Ambos nos miramos rentándonos y juro que nos salen chispitas de los ojos, pero lo dejamos ahí. Eso era lo que pasaba con Connelly, no podías seguirle la corriente o te electrocutarías en el intento. Seguimos escuchando los discursos hasta que mi amigo James se puso frente a su Moritas y con una rodilla en el suelo y una cajita de terciopelo le dio a ella y a todos la más linda de las sorpresas. El "Sí, acepto" de Vannah nos quitó el susto al no escucharla decir nadaby luego los aplausos y la algarabía. Por minutos, me quedé en estado de shock, a veces pensaba en sinyo alguna vez tendría algo así con alguien, pero eso quedaba en el reino de los sueños, yo no había nacido para ser una persona normal, con una pareja normal o con una familia normal; más bien era un ser que necesitaba de mi soledad en donde podía ser libre y no sentir miedo. —¿Qué no irás a saludarlos? —Sí, claro. Caminé con pasos temblorosos hasta mi amigo y su flamante prometida, era feliz por ellos y por todos los que reían a su alrededor y era feliz por mí. —¡Felicidades, chicos!—dije abrazando a Vannah y luego a James. —Gracias por no dejarme solo en mi peor momento. —Gracias a tí, por confiar y creer en mí. —Sé que no me equivoqué. —Yo tampoco. James, besó mi frente como un hermano mayor lo hace con su hermana pequeña y volvió a abrazarme fuerte. Cerré los ojos y sentí todo lo que en ese abrazo quería decirme y lo agradecí. Por una vez en mi vida me sentí útil y plena, pero cuando el idiota descerebrado nos separó me devolvió a la realidad, a mi nueva realidad. —Ya dejen tanto abrazo para otro día, que quiero festejar a mi amigo. —Idiota—mascullé entre dientes y Vannah me tomó por el brazo. —Déjalo, te dije que Aaron es demasiado posesivo con sus amigos. —Es un descerebrado. —Pero que te gusta. —¡Vannah! —Ya tendremos tiempo de hablar, por ahora disfrutemos de este maravilloso día. —Tía Vannah, Shanny... —¿Qué pasa mi cielo? —¿Así será cuando mi papito te pida que te cases con él? Me quedé de una pieza mirando a esa pequeña de ojos dorados ¿qué le podría decir? ¿que todo era una mentira? No me atrevía, su felicidad era mi meta y aunque fuera por un tiempo haría todo lo que estuviera en mis manos para hacerla feliz. No me quedó de otra solo asentir y mirar de reojo a ese idiota descerebrado. Ya tendría la oportunidad de hablarle y de poner las cosas claras en esta relación de los tres. Tomé una copa y al igual que los demás brindé por la vida, por el amor y la felicidad de mis amigos, para luego salir a hurtadillas del lugar. Lo que no me esperé fue encontrarme con alguien que también estaba escapando de ese momento feliz y con la que terminaría en un bar, en mi bar sincerándome. ------------------------------ Copyright © 2025 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative
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