Divagaciones...
—¿Falta mucho?
Era la enésima vez que escuchaba esa preguntita en mi oído y juro que estaba a punto de reventar, pero me las banco, porque la mirada de la arpía me dice de inmediato que te callas o te callo.
Respira, Aaron, esto es solo el comienzo... Me mentalizo, mientras ella le habla con la delicadeza que yo no tengo a Louise.
—Tranquila, cariño. Cuando el piloto avise que debemos abrochar nuestros cinturones ya estaremos a nada para ver a Vannah y a los chicos y para eso aún faltan algunas horas.
—Ya quiero conocerlos a todos, mi padrino me contó de Sarita y del pequeño Jex, además de otros sobrinos postizos que ha sumado—Louise se queda pensando y agacha la cabeza ¿Qué le pasa ahora?
Estoy a punto de hablar, cuando nuevamente ella me quita las palabras de la boca.
—¿Qué sucede, cariño? —le pregunta la arpía mientras le levanta el mentón y creo que Louise está a nada de ponerse a llorar.
—¿Y si él y el Nino Chris también me botan y ya no me quieren más?
Mierda, se me hizo un nudo en el estómago, era claro que las palabras de Louise se debían a como había sido yo con ella y, en cierta forma, tenía razón. Yo, desde que ella nació no había hecho más que alejarla de mi lado y me escudé en que mi madre y esos otros tres de mis amigos que harían el trabajo por mí. Desaté el nudo de mi corbata y me levanté de mi asiento, me puse en cuclillas y por primera vez le hablé de una forma distinta a esa pequeña copia mía.
—Louise, eso no va a pasar, James y Chris no me han botado a mí—traté de esbozar una sonrisa para que ella me entendiera—, menos lo harán contigo, tú eres su Leprechaun y eso no va a cambiar ni con todos los sobrinos que tengan.
—¿En serio?
—Muy en serio, de hecho, estoy más que seguro que ellos nunca te dejaran de amar.
—¿Y tú? ¿Me querrás aunque sea un poquito?
Sus orbes como sol, iguales a los de su madre, me miraban con expectativa. Ella tenia la esperanza y creo que la arpía también que está igual que ella esperando a mi respuesta.
—Estoy aprendiendo, Louise y aunque sea difícil de creerlo te prometo que no te voy a dejar solita, eres una personita muy importante para mí y espero que algún día nos llevemos tan bien como lo haces con tus padrinos.
La niña asintió como si entendiera lo difícil que es para mí decirle que la quiero, es que no sabía como hacerlo y esperaba que lo que había firmado me ayudara a hacerlo porque de no ser así no solo la perdería a ella, sino que a la arpía que va a su lado y que me mira un tanto dudosa.
Después de ese momento de quiebre de emociones y un dolorcito en el pecho que no se me quitaba, volví a mi asiento y las dejé a las dos conversando. Me puse a leer los contratos que tenemos ad portas y que debo de hablar ahora con James como el nuevo Ceo, siento que mis ojos comienzan a parpadear más seguido y el sueño me empieza a ganar. Así que me levanto y camino hasta el baño, aprovecho de hablar con la asistente de vuelo para pedirle un café y cuando salgo me fijo en ellas.
No había notado que estaban acurrucaditas y muy abrazadas, la pequeña se encuentra casi encima de la arpía y tiene una hermosa sonrisa, en cambio Shannon se nota un tanto incómoda por la posición, pero no hace ni mella de moverse para no despertarla.
Tomo mi celular y sin que nadie lo note tomo varias fotos.
—Señor, su esposa e hija son unas verdades preciosuras—me dice la auxiliar de vuelo y yo me quedo anonadado, lo único que hago es asentir y volver a mi asiento, mientras ella me trae la taza de café que le he pedido.
Suspiro profundo y me bebo el contenido mientras veo la prueba de mi delito, la sonrisa de idiota creo que no me la va a quitar nadie, pero algo había en ellas dos juntas que me hacia sentir especial. El anhelo de Louise por ser aceptada y querida, la altanería de Shannon por llevar esta relación falsa para protegerla y mi actitud de mierda en solo pensar en como llevarme a esa mujer a la cama y de paso conseguirle una mamá a la pequeña.
Pero…
Si, hay un pero… es que verlas a ellas dos me hace añorar lo que habría sido mi vida con la pequeña y mi Rosy y eso me pone mal. En mi cabeza está el recuerdo de ella rogándome porque optara por la niña, como si supiera que se iba a morir, mis primeras noches en soledad junto a esa pequeña bebé que ahora supe que tan solo no estuve y gracias a Chris esa pequeña sobrevivió a mi desamor, las discusiones con mis padres, sobre todo con mamá y las palabras hirientes de mis amigos.
Yo…
Yo no era alguien bueno para ellas, no me merecía ni un poquito de su consideración y…
Y, en cambio, Louise se seguía aferrando a la esperanza de que la quisiera, que la amara como al parecer ella me ama a mí.
—Debo estar loco.
—¿Algún problema señor? ¿Necesita algo en específico? —me preguntó otra de las asistentes de vuelo y sus ojos negros me eclipsaron en ese momento. La mujer se sabia atractiva y, a diferencia de la otra, no tenía ningún tapujo en mostrarme abiertamente sus atributos. Miré hacia esas dos que dormían como si nada y esbocé una sonrisa.
“Una última canita al aire no me vendría nada mal”
Asentí y le hice el ademán de que se acercara para hablarle al oído.
—¿Querrías quitarme las ganas que tengo de follarte en este momento? —claro y preciso, no había vergüenza en mis palabras y tampoco me importaba si no me decía que sí, ya habría otra que me satisficiera, pero ella no lo hizo, tomó mi mano y me guiñó un ojo,
—Ese es un servicio que le puede costar, señor.
—Dime tu precio.
Ya estaba caliente y con ganas, hace días que no pasaba nada de nada con ninguna mujer porque mi muñeco andaba un tanto odioso, pero parece que ahora sí quiere levantarse.
Camino tras ella, aprovechando el ímpetu que tenemos y la necesidad imperiosa de meterme entre esas piernas, que no mido los movimientos, peor el avión se mueve por una pequeña turbulencia y caigo encima de esas dos.
—Papito ¿estás bien?
—Aaron, fíjate lo que haces.
La mujer que me iba a cenar me mira con los ojos bien abiertos y balbucea un maldito descarado, para alejarse y pasar por mi lado mirándome con asco, mientras me levanto y veo como la arpía se ríe bajito y niega con la cabeza.
—Voy a sumar dos millones de euros en menos de lo que pensé—dice en voz y alta y noto de inmediato que se refiere a que me pilló en un renuncio.
—No cantes victoria, querida novia, no pasó nada que no querría hacer contigo en estos momentos—ella se ruboriza para simplemente dejarme con la boca abierta con lo que hace. Me agarra la entrepierna y sutilmente jala de mi m*****o sin que lo note la niña, que al parecer se ha vuelto a dormir.
—Estar de la forma que quieres te saldrá más de dos millones, cariño. Así que empieza a ser buen amigo de Manuela o como le quieras decir porque de mí no vas a lograr nada.
Me soltó y el dolor en mi abultado m*****o fue doloroso y molesto, pero me comporté como todo el idiota que soy y volví a mi asiento con el rabo entre las piernas y una dolora erección.
Este camino sería demasiado duro y no solo para mi cuerpo, sino para mi mente. Debo entender a Shannon y también a Louise para poder de verdad cumplir con lo que me he prometido: ser una familia feliz y no morir en el intento.
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